El primer momento abarca desde 2003 hasta octubre de 2011 en el que se enfrenta la oferta y demanda de divisas por todo concepto con mecanismos de “mercado”, es decir una política activa de compras de dólares por parte del BCRA y de ventas puntuales de divisas, contado y a término para mantener su precio en los niveles deseados. El segundo momento, que se establece en octubre de 2011 a la fecha es el control de cambios, el cual se ha ido profundizando.
En un primer momento se estableció el criterio de sostener un tipo de cambio real competitivo para la producción industrial, que actuara como protección a la misma y alentara adicionalmente la sustitución de importaciones. Se fijaron a su vez las retenciones, que hicieron que los tipos de cambio efectivos (los que se cobraban realmente) fueran menores para el sector exportador primario más competitivo que la industria y mayores para ésta, protegiendo su desarrollo en el mercado interno y alentando sus exportaciones, en segundo lugar. Las activas compras del BCRA en el período 2003-2007 se financiaron con el superávit primario fiscal, con emisión monetaria que crecía a medida que crecía la demanda de dinero por transacciones, dado el sostenido crecimiento y con el mecanismo de “esterilizar” parte de la emisión monetario colocando Letras en pesos (LEBAC, NOBAC) a los Bancos. ( “esterilizar “ porque se absorben parte de los pesos que se emiten y no se incrementa la circulación monetaria) Este mecanismo era “virtuoso” en términos monetarios ya que el BCRA colocaba los dólares de las Reservas en el mercado internacional recibiendo intereses en divisas y pagaba en pesos a los Bancos por las LEBAC y NOBAC, obteniendo un saldo favorable.
La reaparición del fenómeno inflacionario local hacia 2007, la crisis internacional de 2008 en los EEUU y la crisis del campo obligaron al BCRA a actuar como vendedor en el mercado de cambios ante la reaparecida fuga de capitales. A su vez la política monetaria de la Reserva Federal de los EEUU llevó la tasa de interés en dólares a niveles cercanos a cero, con la cual la colocación de las reservas dejó de ser un mecanismo apropiado para el Banco Central. En el contexto más grave de la crisis (2009) el BCRA incrementó la tasa de devaluación del peso contra el dólar aproximadamente un 20 %, por encima de la inflación interna, se mida ésta en cualquiera de sus alternativas. El mecanismo de fuga de capitales disminuyó pero las empresas trasnacionales, urgidas de liquidez por la crisis de las economías centrales, transfirieron un porcentaje mayor de sus utilidades a sus casas matrices. Aún en 2010 con la ida de Redrado del BCRA por negarse a pagar deuda externa con reservas internacionales y la creación del Fondo del Bicentenario para atender los compromisos externos, los mecanismos de mercado fueron la estrategia elegida por el BCRA para atender la demanda de dólares. A esto se sumó la decisión de atacar la inflación con un “ancla cambiaria”, es decir retrasar el tipo de cambio en relación con la evolución de los precios internos. Esta situación se modificó con la corrida cambiaria del 2011, año que terminó con una cuenta corriente de la Balanza de Pagos (que involucra todas las transacciones en divisas) casi en cero. Allí se decidió proteger el stock de divisas y cerrar todos los grifos posibles a la compra de dólares, lo cual se fue acentuando día a día y produjo el salto en el precio del dólar marginal en un contexto de claro control de cambios.
Como anteriormente he manifestado el precio del dólar contra el peso, su cotización, que de eso se trata el tipo de cambio, genera tanta tensión en la Argentina porque nuestra economía es bimonetaria, es decir que el dólar constituye la reserva de valor de la moneda y el peso sirve para registrar las transacciones (unidad de cuenta) o para la realización de las transacciones (medio de cambio). Este hecho, desgraciado a mi gusto, es consecuencia de sus ciclos económicos pasados y de la vigencia ilusoria de la paridad uno a uno durante la Convertibilidad. La deseable pesificación es un fenómeno de largo plazo.
La teoría económica convencional de matriz ortodoxa sostiene la existencia de “tipos de cambio de equilibrio” en los que se iguala la oferta y la demanda de divisas, cuyos fundamentos encuentra en la llamada paridad del poder adquisitivo (ppa) y la denominada paridad descubierta de intereses (pdi). La paridad del poder adquisitivo compara los precios en cada moneda de una canasta de bienes y su evolución medida por los indicadores que registran la inflación (índices de precios al consumidor) bajo el supuesto de que bienes idénticos deberían tener el mismo precio, o oscilar en torno al mismo precio en todos los países. Como el tipo de cambio compara precios del mismo bien expresado en diferentes monedas, el cociente entre estos precios determina el tipo de cambio y la mayor o menor inflación que hace crecer o decrecer dicha relación indica si un bien está “barato” o “caro” en relación con su precio teórico, la paridad del poder adquisitivo. La revista The Economist publica un índice del BIG MAC, la popular hamburguesa de Mc Donald´s en todo el mundo, tomándola como un indicador aproximado de si los tipos de cambio están atrasados o revaluados. La paridad de intereses, en cambio basa su análisis en considerar que el movimiento internacional libre de capitales “arbitra” entre las tasas de interés vigentes en el mundo, buscando colocarse y obtener un rendimiento mayor allí donde un país o región paga una mayor tasa de interés por sus colocaciones. El tipo de cambio se mueve en dirección opuesta a la tasa de interés, donde un enorme flujo de capitales ingresa a un país el precio de su moneda tiende a bajar y caso contrario a subir si los capitales egresan.
Esta concepción llevada a nuestro país (y con salvedades a todos los países periféricos) lleva a un tipo de cambio cercano a la ppa (paridad del poder adquisitivo) del dólar, en tanto moneda internacional, sometida a su vez a los movimientos de capitales para aprovechar los diferenciales de tasa de interés, que tienden a profundizar la subvaloración de la moneda local en términos de dólar en los procesos de auge y tienen el efecto contrario en cuanto los capitales huyen, dado que el BCRA no atesora divisas ni incrementa sus reservas con intervenciones directas.
Sosteniendo otro enfoque sobre los determinantes del tipo de cambio podemos afirmar que el tipo de cambio relaciona países y espacios con muy diferentes productividades, sobre todo en el sector industrial, clave del desarrollo y el empleo. Una hora de trabajo en GM (General Motors) en EEUU genera mucho más valor que una hora trabajada en GM en la Argentina, por ejemplo, dada su superior infraestructura, su dotación de capital y su más elevada tecnología, lo que también genera notorias diferencias salariales. Una estructura productiva desequilibrada como la Argentina, con un sector agrícola que produce a niveles próximos a la productividad internacional y un sector industrial rezagado necesita compensar esa diferencia local e internacional con un tipo de cambio diferenciado para permitir su desarrollo, un tipo de cambio alto.
El tipo de cambio real competitivo del inicio del modelo ya no existe, la inflación lo ha licuado, el actual tipo de cambio oficial controlado puede sostenerse un tiempo en la medida que la brecha con el marginal se estabilice pero como afirma mi amigo el economista Jaime Saiegh “desde el punto de vista macroeconómico el problema central es hoy en la Argentina el retraso cambiario. Aún es moderado y por ende, no parece insoluble”..
Cómo solucionar este dilema de inflación alta y tipo de cambio que se ha retrasado? El escenario del 2013 , con mayor oferta del sector exportador por mayor volumen de oferta de granos, menores compromisos de la deuda externa y un inicio de año con las reservas internacionales en un nivel más que aceptable, a fines del 2012, nos brinda este desafío.


