Opinión

Por Rafael Roncaglioglo. Traducción Ana Vallorani

Dos regiones emergentes con una ambición común

El 1 y 2 de octubre de 2012, mi país tendrá el honor de recibir en Lima a los Jefes de Estado y de Gobierno de los países árabes y sudamericanos, además de numerosos líderes empresariales de ambas regiones, para la III Cumbre ASPA.

En un momento de incertidumbre económica en otras partes del mundo, estas regiones poseen juntas un enorme potencial – en gran medida aún sin explorar – para el intercambio económico y la cooperación.

 

Por supuesto, cada región se enfrenta a sus propios desafíos. En América del Sur, la combinación de un entorno macroeconómico estable y expansionista, junto con la abundancia de recursos naturales, ha creado un ambiente atractivo para los inversores internacionales. Al mismo tiempo, nuestros países aún enfrentan la necesidad de transformar sus altas tasas de crecimiento de los últimos años en un desarrollo sostenible y de inclusión social.

 

Por su parte, la región árabe atraviesa un período histórico de transformación social y política, junto con una evolución y diversificación de sus estructuras económicas. Los acontecimientos del último año y medio han impulsado un arduo proceso de reconstrucción institucional en muchos de los países árabes, mientras que, por supuesto, la comunidad internacional espera con impaciencia una solución pacífica del conflicto sirio.

 

La globalización ha acercado a nuestras sociedades. La cultura popular, el deporte y la música están revitalizando hoy  el pluri-centenario patrimonio común de nuestro pasado. Como sabemos, este patrimonio está muy arraigado mediante la presencia árabe en la Península Ibérica, que ha marcado fuertemente nuestra sensibilidad, idioma, gastronomía y nuestras artes. Esos vínculos se han fortalecido a través de la migración de los árabes a América del Sur en los siglos XIX y XX y, en las últimas décadas, a través del creciente número de sudamericanos que se establecen, en particular en las dinámicas economías del Golfo, para explorar nuevos trabajos y perspectivas empresariales.

 

Hoy en día, las generaciones jóvenes están más dispuestas que nunca a aprender otros idiomas y tradiciones y a construir lazos de amistad a través de los viajes y los medios sociales. Sin lugar a dudas, comparten una mayor apertura al mundo que sus mayores, como también perciben más similitudes entre sus propias actividades de expresión personal.

 

En este contexto, la III Cumbre ASPA es una oportunidad para las naciones árabes y sudamericanas de mostrar al mundo una ambición común: mirar más allá de los desafíos nacionales actuales y trabajar juntos para dar forma al nuevo mundo global, construyendo una relación de fuerte diálogo, comercio, inversión, cooperación y cultura entre nuestros pueblos.

 

Después de las dos anteriores Cumbres ASPA – la primera celebrada en Brasilia en 2005 y la segunda en Doha en 2009 -, el evento que tendrá lugar en Perú la próxima semana marcará un nuevo nivel de proximidad entre las dos regiones. En el documento final, la Declaración de Lima, se resumirán nuestros valores convergentes: la búsqueda de la paz, prosperidad y justicia social; el respeto al derecho internacional y el multilateralismo; la promoción del abandono de las armas y la no proliferación; la necesidad de un mercado global abierto, equitativo, y estable; el imperativo del desarrollo sostenible.

 

Seguramente, la Cumbre también resultará en una acción común sobre cuestiones de interés inmediato: el intercambio de las mejores prácticas en materia de gobernanza, el apoyo a la estabilización de las situaciones de conflicto, la coordinación económica para hacer frente a la actual crisis mundial, la cooperación técnica en las gestiones de agua y energía, entre otras.

 

Al mismo tiempo, junto con la Cumbre de Jefes de Estado, el Encuentro Empresarial ASPA reunirá en Lima a los empresarios líderes de ambas regiones para la creación de redes que faciliten el comercio y las nuevas inversiones.

 

Una importante delegación del gobierno y empresas emiratis se espera cálidamente en Lima para ilustrar, desde nuestra parte del mundo, el extraordinario éxito del modelo económico y social de los Emiratos Árabes Unidos. Su participación también consolidará los crecientes lazos bilaterales con Perú, que abrió un Consulado General y una Oficina de Comercio en Dubai en 2011, y que ya es el segundo destino principal de las inversiones emiratis en América del Sur.

 

Perú, el país de acogida y el actual Presidente de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), ha fijado el objetivo de la Cumbre muy claramente: colocar en la escena internacional la nueva voz singular de dos regiones desde hace mucho tiempo separadas pero que ahora estan listas para converger.

 

De hecho, es tiempo para los árabes y sudamericanos de acercar sus vibrantes culturas y sus economías emergentes.

 

 

Rafael Roncaglioglo es Ministro de Relaciones Exteriores del Perú

Fuente: Gulfnews