Opinión

Marcha

Por Enrique Lacolla.

Mucho ruido y pocas nueces. La protesta inorgánica de los“indignados” argentinos –en su caso indignados no se sabe bien porqué- terminó en orden. Pero encierra algunas incógnitas pocotranquilizadoras./No es propósito de esta nota comentar la marcha opositora del pasadojueves. Lo esencial que el que escribe podía decir al respecto ya fueexpresado en el artículo “Cacerolas”, publicado el 15 de septiembrepasado, a propósito de la movilización similar producida por esosdías. Lo que sí se puede añadir es que este tipo de reclamo–inorgánico, confuso, histérico en no pocos casos, pero no desprovistode una orientación mediática que gustaría de convertirlo en una guerrade baja intensidad-, no parece un indicio de rejuvenecimiento políticode la sociedad argentina, como dicen algunos, sino más bien un síntomade las peligrosas tendencias a la desestructuración que alberga. Laoposición al gobierno, que apoya o saluda las marchas, es unacoplamiento de intereses disímiles, que van desde la Sociedad Ruralal sindicalismo de un Moyano cada vez más extraviado. En cuanto algobierno, no termina de asir al toro por las astas atacando el núcleoresistente del sistema de dominación oligárquico, que es la regresivaescala fiscal, pues esto pondría en peligro su proyecto dereconstrucción neo desarrollista de la nación, cuyo carácter módico nose compadece con las iniciativas duras y los riesgos ciertos quehabría que tomar para llevarlo adelante. Y sin esas iniciativas y esosriesgos el país siempre estará expuesto a una inestabilidadpermanente. De la cual este tipo de marcha es, precisamente, unamuestra. Si la Presidenta supone que su moderantismo económico es una garantíapara un discurrir fluido de su gestión me parece que se equivoca. Lasmanifestaciones del 13 de septiembre y del 8 de noviembre de algunamanera así lo demuestran. Pues ellas, con lo relativamente pacíficasque fueron, ofrecen un espacio para la provocación que puede terminarcerrándose de mala manera. El estallido de algunos incidentes degravedad pondría al gobierno en una situación difícil. Empeñado en sulógica garantista no puede desdecirse de ella sin incurrir en unagrave contradicción si procede a reprimir, y la represión, no la meraintervención persuasiva o pacificante puede llegar a hacerseinevitable en aglomeraciones de este tipo si ocurren hechos deviolencia grave, Bastaría para producirlos la acción de unos cuantosprovocadores. De suscitarse una situación de esa clase, ¿se encuentranlas autoridades en capacidad para actuar, ahora que la cadena demandos en las fuerzas de seguridad se ha roto, como se pusiera demanifiesto en los episodios de cuasi amotinamiento que se produjeronen la Prefectura y la Gendarmería?Hasta aquí las cosas han discurrido por carriles pacíficos y se tienela esperanza de continúen de la misma manera. Salvo unos pocosenergúmenos que agredieron a algunos periodistas, la abrumadoramayoría de los integrantes de la masa movilizada la otra noche no eraagresiva; tal vez porque no tiene motivos reales de queja y más bientiende a expresar un descontento difuso, fogoneado por elcorporativismo mediático aglutinado por Clarín. Este oligopolio veaproximarse la fecha del 7 de diciembre y se siente cada vez menosseguro acerca de su aptitud para seguir postergando la cesión de unaparte de su imperio y la consiguiente apertura de un espacio másrespirable para la transmisión y difusión de noticias, ideas y modelosde comportamiento. Pero la fragilidad del gobierno respecto de losapoyos que puede concitar en una situación de enfrentamiento no es unbuen síntoma. Carece de apoyos de parte del sindicalismo combativo yse ha asociado a los especímenes menos recomendables de los «gordos»que hicieron factible la traición del menemismo. Por otra parte, faltode políticas efectivas de seguridad, el gobierno nacional es un blancopropicio para la gestación de otra de esas “revoluciones de color” quese han transformado en uno de los vectores del imperialismo y de losgrupos dominantes cuando estos desean desestabilizar o remover aregímenes que por uno u otro motivo no son de su preferencia.Cristina Fernández podrá hacerse todas las ilusiones que quiera acercade Barack Obama y de la posibilidad de establecer una relación amenacon los demócratas de Estados Unidos, pero el núcleo de intereses quese expresa en los organismos financieros internacionales y que enúltima instancia orientan el mundo, no se preocupa de los cambios máso menos cosméticos de gobierno en Washington y tiene a Argentina bajouna mala nota permanente. Desea verla humillada y reducida a laobediencia tras sus “atrevimientos” en materia de cancelación de ladeuda y política económica. Los “fondos buitres” que mantienensecuestrada a la nave escuela de nuestra Armada en Ghana y amenazanincluso a la fragata “Espora” estacionada en Sudáfrica para sometersea reparaciones, no son tan solo la expresión de la pirateríafinanciera, sino la evidencia de que la piratería financiera formaparte inseparable del sistema del imperialismo monopolista. Que elamigo de Paul Singer, Mitt Romney, haya sido derrotado en laselecciones de Estados Unidos (por un escaso margen en el voto popular,por otra parte) no significa que las acciones judiciales patrocinadaspor las cortes de Estados Unidos vayan a caer por sí mismas.Este gobierno debe ser sostenido por quienquiera tenga un adarme debuen sentido, pues inviste legitimidad democrática y realiza políticasen general progresivas. Pero también él debe asumir sus deberes ytomar iniciativas que lo saquen de la situación de relativo desamparoen que se ha puesto y que podría agravarse si una movidadesestabilizante lo compromete a fondo. Después de todo, si se miracon atención, el trasfondo consciente o semiconsciente de la protestadel jueves era pedirle a Cristina que se vaya.¿El menor de dos males?Las elecciones norteamericanas del 4 de noviembre consagraron a BarackObama presidente de EE.UU. por un nuevo período de cuatro años. Paralos estadounidenses, al menos para los estadounidenses que pertenecena los estratos menos favorecidos de esa sociedad, ese resultado es unalivio, pues el darwinismo social de un tipo como Romney les prometíaun futuro aun más difícil que el que ahora tienen. Como señala AtilioBorón, “Obama es un representante del capital, pero Romney es elcapital mismo”.El actual presidente es una figurita de papel: su rol es ser la correade transmisión de los intereses monopólicos. De las promesas de suprimera campaña no quedó gran cosa. Apenas consiguió filtrar parte desu proyecto sobre seguridad social en un Congreso cuya Cámara deRepresentantes está dominada por los republicanos; no mejoró lasituación de los asalariados y no encontró mejor idea para larecomposición de la crisis que se abate sobre su país desde 2008, querescatar a los bancos, oligopolios y fondos de inversión –principalesresponsables de esa crisis- con ingentes entregas de dinero federalque les permitía, sin contrapartida, eludir la quiebra y premiar a susgerentes en cese con indemnizaciones multimillonarias.De política exterior ni hablemos. Lo que no había hecho George Bushjr. lo hizo Obama, pronunciando el compromiso bélico en Afganistán,multiplicando las incursiones con drones y los asesinatos selectivos,y poniendo en práctica, a través del atajo que le suministró lallamada “primavera árabe”, una remodelación del mapa político delmedio oriente que aun no ha terminado. En efecto, después de Libia,las páginas más tenebrosas de este proyecto pueden estar todavía porvenir si Obama, que ya se ha sacado se el problema de la reelección deencima, decide ir a por todo en Siria y en Irán. Al Premio Nóbel de laPaz nunca le ha temblado el pulso para lanzarse a la guerra.Claro está que si Mitt Romney hubiera sido el ganador deberíamos habercambiado esta especulación por una certeza. El candidato republicanoes un cavernícola, emparentado con lo más reaccionario del electoradonorteamericano. Que este reaccionarismo de Romney tenga su parte deoportunismo –necesitaba del Tea Party para diferenciarse de suoponente y presentarse como una alternativa a este- no hay duda de queen su fuero íntimo nutre convicciones que son afines a larepresentación del mundo que se hacen los exponentes más conservadoresde la tradición política estadounidense. Como surgió de lasconversaciones captadas de manera subrepticia por una cámara duranteuna reunión de Romney con “fundraisers” de Florida que contribuían asu campaña, el ex candidato republicano desprecia olímpicamente a lospobres. Acorde a la establecida leyenda norteamericana en el sentidode que el mundo se divide entre ganadores y perdedores (winners andlosers) por una especie de predestinación, Romney estimaba que nodebía preocuparse por la población que en ningún caso votaría por él.La describía como gente que no paga impuestos y que quiere dependerdel gobierno, gente que cree ser víctima, que el Estado tiene laresponsabilidad de cuidarla y que supone tiene derecho a disponer enforma gratuita de asistencia médica, alimentación, techo y “cualquierotra cosa que se le pase por la cabeza”.Hubo un dato interesante y renovador en la elección del 4 denoviembre, sin embargo. Este no fue otro que la votación “hispana”.Con más del 16 por ciento de la población estadounidense –50 millonesde personas- de ese origen, la fuerza gravitacional del voto latino enEstados Unidos se está haciendo cada vez más grande y en estoscomicios se reveló decisiva. Siete millones de votos hispanosrecolectó Obama, en la participación más masiva de electores de eseorigen. Necesitaba de 2,5 millones para volcar la elección de supartel. La población latina está en expansión y posee unaconcentración y un temario de problemas que tienden a hacerla muyactiva y a convertirla en un factor de gran peso en las estimacionespreelectorales. A partir de aquí tanto los dirigentes demócratas comolos republicanos habrán de andarse con cuidado en torno de las leyesde inmigración y el estatus de los inmigrantes ilegales si quieren quesu pugna por las bancas o la poltrona presidencial tenga éxito. Elproblema migratorio es uno de los pocos que no pueden ser diferidos oextraviados en el laberinto judicial de las cortes de Estados Unidos.Familias partidas, filtración de “espaldas mojadas” y la existencia deuna masa poblacional al sur del Río Grande que asegura que la presióninmigratoria va a seguir en alza, ponen a los políticosestadounidenses, tanto demócratas como republicanos, frente a unproblema al que no podrán ignorar.