Opinión

Por Guillermo Roffé

Es la cultura, ¡estúpidos!

Acostumbrados como estamos a las diatribas y falsedades de La Nación, de Clarín y de su hijo putativo Perfil, quienes no disfrazamos nuestra filiación política para hacer el contrabando ideológico que ejercen esos grupos, casi terminamos por naturalizar ciertas interpretaciones menos que mediocres de la realidad social y política de nuestro país, aunque vale aclarar que naturalizar no quiere decir darle credibilidad.

 

Es simplemente que, tal vez por fatiga espiritual o quizá por simple aburrimiento ante lo contumaz de la conducta de esos energúmenos de la prensa “independiente”, no siempre nos tomamos el trabajo de explicar lo que subyace a manifestaciones delirantes y engañosas como las que pueblan las portadas y el interior de esos pasquines.

Así, por ejemplo, cuando se manifestaron los caceroleros del 8N, los medios concentrados agotaron su arsenal de adjetivos laudatorios para definir lo que fue una simple aunque sí numerosa manifestación de rechazo y odio a nuestra presidenta, sin que se viera ni por asomo la más mínima propuesta de gobierno como correspondería a una oposición medianamente seria. Por supuesto que esos medios no hicieron la más mínima mención a que se veían carteles nazis del grupo comandado por Biondini o las pancartas con la foto de Videla y proponiendo “una año de militares para terminar con la inseguridad” En cambio algunas crónicas insertas en su interior, mencionaban con cierto regocijo el hecho de que coincidieran en el odio antiguos enemigos hasta ese momento irreconciliables.

Los que ejercemos conscientemente esta suerte de “periodismo militante” nos limitamos, en la mayoría de los casos a refutar esas lamentables manifestaciones, tan sesgadas como anacrónicas y exponer las contradicciones de esos planteos y la falta de propuestas concretas. Pero el verdadero veneno pasa por otro lado; lo importante no es si juntaron más o menos gente, tampoco que se hayan juntado dejando tácticamente de lado sus profundas diferencias de objetivos (es inimaginable que puedan coincidir por mucho tiempo los de un Moyano o un Barrionuevo con los Magneto y los Fontevecchia). Lo importante es que se está definiendo un cambio de paradigma que va a afectar en un sentido o en otro la vida de los argentinos, cualquiera fuera el grado de poder que pueda poner en juego.

Por un lado el monopolio Clarín y sus aliados que representan sólo la parte local del escenario mayor en el plano internacional  donde están jugando los más poderosos intereses, afectados por el crecimiento de América del Sur y sus organismos regionales, porque significan un freno a la urgente necesidad de  exportación de sus crisis hacia los países emergentes que tienen los más conspicuos representantes del neoliberalismo económico. Por ello los intentos de debilitar el bloque de UNASUR como ya vimos en Ecuador, Honduras, Paraguay, Argentina, etc.

Entonces vamos viendo que esta batalla se define en los dos planos mencionados, el local, con Clarín, La Nación, TN, Canal 13, etc. Representando la avanzada de los intereses internacionales mencionados y el plano donde esos poderes fácticos comprometidos con la formación de la crisis global más virulenta de que se tenga noticias se hallan comprometidos a frenar todo desarrollo económico y, sobre todo social y cultural en los países que intentan encontrar sus propias soluciones a la crisis y seguir su propio derrotero hacia sociedades más justas e integradoras.

Es por ello que se hace imprescindible que en las discusiones políticas que debamos enfrentar, salgamos   de la trampa de discutir sólo el plano doméstico  y hagamos siempre referencia al contexto internacional porque lo que se está jugando en la próxima década es nada menos que el más profundo cambio cultural que conmoverá los cimientos de todos y cada uno de los países. 

Es muy posible que la supervivencia de las naciones que no produzcan en su seno los cambios culturales que le permitan recuperar sus economías basándose en la producción y en el empleo, en la integración, la solidaridad, y la igualdad de derechos, estará seriamente comprometida.

En el caso particular de Argentina, a partir del 2003 se produjo un quiebre de los conceptos regresivos heredados de la década de los 90 y de nuestra propia crisis del 2001/2 y la equidad, la justicia y la memoria dejaron de ser simples frases propagandísticas para hacerse realidad y las nuevas generaciones comenzaron a transitar otros caminos, más esperanzados y más comprometidos. Así, año a año fuimos construyendo un proyecto que superaba todo lo imaginado. Los jóvenes aportaron si no experiencia sí una notoria decisión de tomar parte en la historia en construcción, además de su voluntad y su mirada distinta sobre el país y su realidad.

Los cambios que se produjeron en los últimos años, no fueron solamente cambios de calidad de vida de los sectores menos favorecidos que existieron y en gran cantidad, sino que fueron, esencialmente, cambios culturales y esos son los que darán verdadero sustento al modelo de país que se está construyendo. De ahí la necesidad de dar día a día esta batalla por sobre toda las cosas. Dejemos que los Magneto & Cía. sigan mintiendo y difamando y amenazando, la fiesta de ayer en Plaza de Mayo demuestra incuestionablemente que el cambio está definitivamente en marcha. Podrá tardar algunos días y aún algunos meses, pero ese hito de nuestro desarrollo que es la aplicación de la Ley de Medios audiovisuales terminará por ser una realidad de aplicación integral. Y así con todos los proyectos que están en marcha.

Lo más importante de la fiesta de este domingo tan luminoso, no radicó en la enorme multitud que recorrió los diversos escenarios con actividades especiales para los más chicos y la actuación de artistas de esos que el pueblo admira y respeta, estuvo dado por el clima festivo que no decayó en ningún momento. También en la aceptación de los concurrentes a cuanta charla política se generaba entre miembros de distintas agrupaciones y de distintas edades. No hubo agresiones, ni amenazas de muerte contra alguien (como un cartel que el 8N pedía “un tiro para Moreno”) No hubieron insultos ni agravios y-hay que reconocerlo-tampoco hubo adhesiones a Videla ni a Hitler. Eso sí que es un cambio cultural impensado hace apenas una década. Por eso, cuando esos discapacitados mentales, que como las brujas que los hay los hay, nos endilguen los lamentables “argumentos” de que este gobierno no hace nada por la seguridad ni por “la libertad de prensa”  y que gasta mucho cuando viaja a las Naciones Unidas parando en un hotel de lujo y que cómo va a usar carteras tan caras, podremos asegurarle que todo eso va a cambiar  porque ya tenemos la fórmula para solucionarlo. Si llegan a preguntarnos cuál es esa solución, podremos contestarle con una frase que en su momento se hizo famosa: 

“Es la cultura estúpido!!”.