Opinión

Ignacio de los Reyes. Traducción de Ana Vallorani

Los argentinos polarizados en la década Kirchner

El sábado pasado el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner conmemoró el décimo aniversario de que su difunto esposo, Néstor Kirchner, llegó al poder, y por lo tanto de una década ininterrumpida de gobierno Kirchnerista.

Hay unas cuantas cosas necesarias en una típica comida del domingo en Argentina: un festín de carne a la parrilla, una botella de vino tinto y un acalorado debate político. Pero la tercera se ha vuelto demasiado difícil de digerir en muchos hogares argentinos. Esto ocurrió en medio de una creciente polarización.

 

«He perdido toda la fe en este gobierno. He decidido dejar de hablar de política en casa para evitar peleas con mis propios familiares», dice Lucía, una psicóloga de la norteña provincia de Misiones, que no quiere dar su segundo nombre.

 

Una autoproclamada «anti-kirchnerista», compara las tensiones políticas en el país con las rivalidades que existen entre los aficionados al fútbol.

 

«Ahora, en la misma familia se pueden encontrar a los que odian la presidenta y a aquellos que la idolatran,» dice ella.

 

Su hermana Mercedes apoya al equipo de Kirchner.

 

 

«Muchas personas se han beneficiado de los programas sociales del gobierno», dice Mercedes, estudiante de Relaciones Internacionales en Buenos Aires.

 

«Sus opositores critican a la presidenta no por sus políticas, sino por la forma en que habla o su forma de vestir. Todavía hay mucho odio y mucho machismo en la oposición argentina.»

 

Las cenas familiares en la casa de los padres de Lucía y Mercedes en la capital suelen ser sazonadas con el debate político.

 

¿Es «Cristina» una líder excesivamente populista o una salvadora para la clase obrera? ¿Ha llevado a la Argentina tan lejos de los Estados Unidos y tan cerca de Venezuela?

 

Lo único en que las hermanas parecen estar de acuerdo es en que Argentina es ahora un país dividido; y que no era así hace 10 años.

 

El 25 de mayo de 2003, el relativamente poco conocido gobernador de la sureña provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner, llegó a la presidencia tras haber sido elegido por el 22% de los votantes.

 

Él heredó una nación exhausta y un pueblo desilusionado con la política tras el default record en 2001, el colapso del peso y la mayor crisis financiera de la historia argentina.

 

Pero pronto la economía se recuperó y un auge en el precio de las materias primas impulsó el incremento del gasto público en este país rico en recursos.

 

Néstor Kirchner restauró la esperanza, especialmente entre los jóvenes y los argentinos de izquierda, cuando promovió una votación en el Congreso para eliminar las leyes de amnistía, dando lugar a que se realizaran nuevos juicios para aquellos que lideraron el régimen militar en los años ´70 y ´80.

 

Luego abrió el camino para que su esposa, la senadora Cristina Fernández, lo sucediera. Ella fue elegida presidente en 2007 y continuó muchas de las políticas de su marido.

Cristina gobernó con el apoyo cercano de su marido, quien se esperaba que se presentara para las elecciones en 2011.

 

Pero tras su repentina muerte en 2010, fue reelegida con el 54% de los votos, el margen de victoria más grande que haya obtenido un presidente argentino.

 

La presidenta Fernández sigue siendo una figura popular entre las familias argentinas rurales y de bajos ingresos, que se han beneficiado de las políticas sociales del gobierno, tales como subsidios familiares, pensiones más altas para los ancianos y leyes laborales para los trabajadores domésticos.

 

También llevó la atención de todo el mundo hacia la Argentina en 2010, cuando el país se convirtió en el primero de América Latina en legalizar el matrimonio gay.

 

Pero luna de miel de Cristina Fernández con la clase media urbana parece haber terminado.

 

La tasa de crecimiento nacional se redujo del 9% en 2008 a cerca de 2,6% el año pasado.

 

Y la inflación supera el 26% de acuerdo con las empresas privadas, aunque el gobierno dice que la cifra es mucho menor.

 

Mientras que la presidenta se jacta de que la era Kirchner ha transformado el país, muchos sienten que la nueva Argentina no es tan de su agrado.

 

En los últimos meses, miles de personas han marchado contra el aumento de precios, las restricciones gubernamentales a la compra de dólares estadounidenses, y los niveles de criminalidad.

 

Mientras tanto, la Sra. Fernández y sus partidarios culpan al gigante mediático Clarín – archienemigo de la presidenta – y a otros medios de comunicación críticos de encender las protestas.

 

«Argentina es un país frustrado», dijo el sociólogo Heriberto Muraro.

 

«Después del colapso de 2001, la gente estaba esperando una nueva era de diálogo, comprensión y transparencia en la política, pero Cristina Fernández no pudo lograr eso», dice.

 

«Nuestra sociedad está dividida entre los que odian a la presidenta, los que la adoran y los que están atrapados en el medio, hartos de la polarización.»

 

Sol, desde Buenos Aires, que tampoco quiso dar su nombre completo, es una de las últimas.

 

«Creo que la presidenta ha hecho grandes cosas, pero cometió algunos errores también. Y es difícil encontrar gente que admita eso. Nadie en el gobierno o la oposición parece reconocer el éxito de los demás», dice.

 

«La situación se ha vuelto demasiado extrema pero, después de todo, los políticos son sólo un reflejo de cómo se comportan los argentinos, enfrentándose entre sí.»

 

Las disputas sobre el historial de la Sra. Fernández seguirán siendo un clásico en las reuniones sociales argentinas hasta las próximas elecciones presidenciales en 2015, advierte Heriberto Muraro.

 

Pero algunos están resolviendo mantener la política fuera de la mesa de la cena.

 

La conductora de televisión Susana Gimenez recientemente hizo una sorprendente revelación sobre su nueva dieta durante su programa en horario estelar.

 

Dijo que iba a renunciar a tres productos populares que la hicieron quedar mal en la TV: «La pasta, la pizza… y la política.»

 

 

 

LA DÉCADA KIRCHNER

 

La tasa de pobreza bajó del 54% al 6,5% (cifras oficiales) o al 20% (cifras de las empresas privadas)

El desempleo cayó del 17% al 6,9%

El salario mínimo subió trece veces

Argentina se convirtió en el país con el mayor sistema público de prestaciones sociales en América Latina

La deuda externa se redujo del 133% del PIB al 40%

Fuente: BBC news