Opinión

Por Pablo Tonelli, economista

El plan de emergencia económica de 1.952 ¿Un espejo lejano?

Durante el año 1952 el Gobierno del Gral. Perón adoptó un conjunto de medidas de política económica, que como afirma Marcelo Rougier en su libro “La economía del peronismo”, tenían “el objetivo de resolver los dos problemas económicos cruciales del momento: el estrangulamiento externo, que se producía por la falta de divisas, y el incremento sostenido de los precios…..” Situaciones que, agrego influían en la determinación del tipo de cambio y en el equilibrio de la Balanza de Pagos.

La coyuntura económica presente enfrenta nuevamente el problema de la restricción externa como tema neurálgico, razón que se expresa en la Balanza de Pagos. Además persisten tensiones inflacionarias concretas que repercuten en el nivel deseado del tipo de cambio. Obviamente estamos hablando de coyunturas distintas en lo internacional y en la Argentina, lo cual está fuera de discusión. Entonces ¿En qué puede residir el interés presente por un plan del pasado? En una cuestión simple pero clave: No han existido en los sesentas años posteriores de política económica argentina  planes de reacomodamiento de las variables macroeconómicas fundamentales exitosos, en los cuales el salario y la participación de los trabajadores en el ingreso no hayan sido afectados, (léase disminuidos) o bien directamente porque se cargó sobre las espaldas de éstos el peso de los ajustes o indirectamente como consecuencia de la imposibilidad de dichos planes de obtener éxito en el tiempo y en su fracaso, dichos instrumentos terminaron siendo pagados por la clase trabajadora. 

Veamos similitudes y diferencias, asumiendo la necesidad de efectuar correcciones al esquema económico vigente. Lo que justifica la expresión de “espejo lejano” que utilizo en el título. 

Una fuerte etapa expansiva, del producto y de los salarios se dio durante la primera presidencia del Gral. Perón, con suaves caídas del PBI en 1949  y  recuperación en 50/51 y una brusca caída en 1952. La apropiación de la renta agraria por el Estado a través del IAPI (Instituto Argentino de Promoción de Intercambio), financió un ambicioso plan de obras públicas de infraestructura y el desarrollo de una industria nacional sustitutiva de importaciones. Los precios que fijaba el IAPI equivalían a una estrategia de retenciones a la exportación primaria del orden del 50 %.  

De la misma manera una fuerte etapa expansiva del producto y los salarios se dio entre 2003/2011, incluida la caída del 2009 (crisis internacional) y la brusca desaceleración del 2012, con un 2013 de moderada recuperación (en términos interanuales). Las retenciones a la exportación primaria financiaron la política de re-industrialización llevada a cabo tanto como el regreso de la inversión pública en infraestructura. 

La insuficiencia de divisas hacia 1952 obligó a correcciones en el esquema macroeconómico vigente. Fue, coincido con Marcelo Rougier, la primera crisis de Balanza de Pagos que puso sobre el tapete la escasez crónica de recursos en moneda dura de nuestro país para financiar insumos y equipos industriales importados, claves para el desarrollo y la inversión productiva. Su origen es muy diferente de la coyuntura económica presente. Se debió a un cúmulo de factores, una desastrosa cosecha unida a una caída de los precios de exportación y de dificultades en los mercados externos para nuestros productos como consecuencia de la aplicación por parte de los EEUU del Plan Marshall que colocó y financió sus excedentes en la Europa de posguerra y dejó a la Argentina fuera de ese mercado.

En la coyuntura actual la crisis originada en la restricción externa reaparece en 2011, año en que el Balance de Pagos terminó casi en cero. Hasta ese momento la estrategia de acumulación de Reservas financió la política de desendeudamiento (se pagaron más de U$S 40.000 millones hasta 2012) y llevó a la relación Deuda en moneda extranjera/PBI  al valor de 15,4 %, y a la relación Deuda Externa en poder de acreedores privados/PBI al 9,60%.  De haberse seguido con los mecanismos tradicionales de comportamiento del Estado, el BCRA no habría acumulado Reservas, las mismas hubieran sido adquiridas directamente por el segmento de empresas que exportan y el Estado Nacional debería haberse endeudado para pagar dividendos, regalías utilidades e importaciones de bienes. Esta acumulación de Reservas fue posible entre 2003/2010 aún a costa de las Reservas perdidas por la adquisición de divisas por el poder económico y los particulares con ahorros en pesos, lo que llamamos la fuga de capitales. El control de cambios y su extensión a la pesificación constituyeron una primera respuesta. Luego sobrevinieron modificaciones de estrategia, como la eliminación de las retenciones a la estancada producción triguera y la puesta en circulación de una cuasi moneda en dólares, el CEDIN. Como afirma don Antonio Cafiero referido a los logros y realizaciones del primer peronismo “…La Argentina dio sucesivos e irreversibles pasos en procura de su transformación económica y social. No todo fue orden en su política ni exactas las previsiones que se formularon”. Creo que es el momento de pensar las restricciones y adecuar los instrumentos. 

En 1952 el Estado Nacional hizo una fuerte campaña a favor del ahorro interno. Su objetivo era  recomponer la producción de granos y el producto del sector agropecuario para permitir exportar y generar las imprescindibles divisas por esta vía disminuyendo su consumo interno. Fruto de la sequía, las campañas de 1949-1950 y 1951-1952, fueron desastrosas, de las peores en términos históricos. La superficie sembrada se redujo y sólo pudo cosecharse la mitad de lo sembrado, la ganadería sufrió un terrible golpe por la falta de pasturas, la caída del producto rural cayó un 30 % desde 1948 (sigo aquí y en lo que viene a Rougier). La fuerte reducción del consumo fue equitativa, se extendió a todas las clases sociales, todavía está vigente en la memoria colectiva de los más viejos el pan mezcla de mijo y centeno que reemplazó al pan blanco en la mesa de todos los argentinos.  A pesar de la grave crisis del sector externo el Gobierno no realizó una devaluación masiva, no produjo una transferencia masiva de recursos al campo que hubiera padecido la industria y el sector asalariado, profundizó, en cambio, una política de cambios múltiples que alentara las exportaciones globales. Tampoco recurrió al endeudamiento externo para obtener divisas. En palabras del Presidente Perón en aquella coyuntura. “En otras épocas los problemas derivados de las diferencias de la balanza de pagos se solucionaban con empréstitos. El camino que ha tomado el país es otro, justamente el contrario”.

Según el diagnóstico oficial de la época (sigo en esto a Antonio Cafiero) el problema de la inflación provenía tanto del la puja distributiva desatada, un problema de inflación de costos para los empresarios y de deterioro del salario real para los trabajadores, como de la expansión deliberada de los medios de pago como estimulante de la actividad económica que se expresaba en un creciente déficit fiscal financiado con emisión de moneda. La puja distributiva se atacó con la fijación de nuevos convenios colectivos de trabajo por un período de dos años, que se iniciaban todos en la misma fecha. A partir de allí se acordaron salarios y se congeló el nivel de precios. Una comisión permanente del Estado y los sectores sociales vigiló su cumplimiento. Los salarios reales que cayeron en 1952, año que el PBI bajó un 6,6 % recuperaron en 1954 su nivel de 1948 y su participación en el ingreso se mantuvo constante. El financiamiento monetario del déficit se redujo año a año.

En la actualidad la restricción externa se expresa, como afirma el economista Jaime Saiegh, en “un proceso crónico y persistente de caída de las reservas internacionales del orden de los 6.000/8.000 millones de dólares anuales, que es insostenible”. Los grandes números de nuestra Balanza de Pagos ( sigo a Saiegh en esto) informan que las salidas más importantes de divisas se producen por el déficit energético (cerca de U$S 8.000 millones en 2013 según varias estimaciones), por pagos de turismo al exterior (U$S 7.000 millones aproximadamente) por los pagos de la deuda externa pública (U$S 4.700 millones) y por la cancelación de deuda privada (U$S 4.000 millones).

El déficit energético no tiene solución de corto plazo. Los avances logrados con petroleras internacionales (Chevron) para explorar Vaca Muerta son opciones correctas pero no inmediatas. Dónde si puede operar es en los pagos de turismo al exterior y en los pagos de deuda privada. Un nuevo esquema cambiario específico y diferenciado debe regir para el ingreso y egreso de capitales y el uso de divisas para turismo en el exterior. Esto facilitaría la reinversión de capitales hoy detenida por la brecha con el dólar marginal y desalentaría el aluvión turístico al exterior. También, porque es lógico,  la compra de automóviles de alta gama debería liquidarse en este mercado. Sería deseable además flexibilizar los términos en que se entiende la correcta noción de desendeudamiento externo. Esto implicará refinanciar los compromisos de capital internacional y pagar sólo los intereses. No obstante el problema no resuelto con el Club de París, que para refinanciarse exige el monitoreo del FMI, no hacen viable esto en el corto plazo. En cambio, otras alternativas novedosas, como el swap de monedas firmado con China por U$S 10.000 millones (China firmó acuerdos similares con 18 naciones, entre ellas Brasil) parecen metas mucho más accesibles. Esta operación no se inscribe en lógica internacional de las operaciones financieras en cuanto a plazos y tasa de interés. 

Coincido con el análisis de 1952 respecto a que las causas centrales (no exclusivas pero si determinantes) de la inflación actual provienen de la puja distributiva y del financiamiento monetario del déficit fiscal. Un acuerdo de precios y salarios como el logrado por el primer peronismo me parece la metodología adecuada para el primer componente y la reducción paulatina de los subsidios energéticos, en particular al gas, la forma de lograr la segunda. 

Dos temas más a tener en cuenta, que tomo del economista Alejandro Fiorito.  Delinear con claridad la política de sustitución de importaciones más allá de reducir como sea el Coeficiente de Importaciones objetivo actual, lícito, pero muy parcial, del  control de cambios vigente. A lo que debe agregarse un manejo de la tasa de interés que brinde alternativas de colocación en pesos mientras se administra el acuerdo de precios y salarios y el nuevo esquema desdoblado del mercado cambiario. Fiorito aporta una guía para la acción para el primer tema …tomar como base “los coeficientes de importaciones a tres dígitos del CIIU (cantidades importadas sobre cantidades de producto sectorial) …..y ver cuáles son los principales rubros donde las importaciones crecieron más que el producto sectorial correspondiente. Tomando promedios para los últimos años y eligiendo los que superen el índice del año base….” 

1952 es un espejo lejano. Puede ser un espejo deseado? Creo que la discusión está abierta.