Dicho esto, lo de ayer debe ser leído con suma atención por tod@s y, muy especialmente, por quienes formamos parte del conglomerado que expresa el kirchnerismo.
No hay atenuantes posibles para la terrible derrota. No puede ser consuelo que el FPV siga siendo la primera fuerza en todo el país cuando eso significa poco más de un cuarto del total de los votantes.
Tener menos del 30% de los votos es una catástrofe comparado con 2011 y también con 2009. Aunque podamos suponer con mucha probabilidad que en las elecciones «reales» mucho del voto que fue a otras opciones testimoniales se reagrupe en el FPV (cosa que habrá que ver), eso sólo supondría una mejora de algunos puntos, en todo caso, muy por debajo del 34% nacional del 2009.
Pero veamos qué pasa si sumamos aliados que no se llamaron FPV pero que expresan a la fuerza kirchnerista sin dudas (no aliados en las votaciones, como el MPN). En ese caso, los números mejoran un poco, pero siguen sin llegar al treinta por ciento de los votos.
El problema es que, si se hace eso, también hay que hacerlo con las vertientes panradicales y socialistas sobrevivientes del FAP, lo que lleva a un asombroso resurgimiento del radicalismo y sus aliados socialistas en todo el país, con un poco más del 20% de los votantes.
Otra conclusión posible de este análisis es que, si sumamos todas las fuerzas del neoperonismo de derecha más el PRO, se llega casi al mismo porcentaje que el FPV, con un 27% de los votos. Podrá argumentarse que no se puede sumar todo, pero habrá que ver si Massa, De la Sota, De Narváez, Das Neves & cía. no se juntan. Con Macri puede ser un poquito más difícil, pero sólo un poquito.
Entre estas tres expresiones se alcanza más de tres cuartas partes de quienes votaron en las PASO. El resto es la izquierda (con un porcentaje más que interesante en la sumatoria a nivel nacional y performances muy exitosas en algunos distritos, como la Ciudad de Buenos Aires, que suman entre todos el 12%) y fuerzas provinciales. Un escenario bastante complicado.
El otro dato relevante es que sobre 30 millones y medio de electores habilitados hubo un ligero incremento de la abstención, con 8 millones de ciudadanos que ayer no votaron.
Un par de datos extra para tener en cuenta.
En la provincia de Buenos Aires, el FPV ganó en la categoría de diputados provinciales y perdió en la de diputados nacionales y senadores provinciales, más o menos por la misma diferencia de 5 puntos. ¿Cómo explicar ese corte de boleta si no es por los caudillos peronistas territoriales que fueron en las listas del FPV en la superficie pero jugaron con Massa en la movilización de votantes? Y esos caudillos territoriales suelen tener buen olfato, como las ratas que escapan del barco…
Los oficialismos provinciales aliados del kirchnerismo tuvieron resultados muy dispares: ganaron Misiones y Santiago del Estero, pero en la primera perdieron casi la mitad de los votos de hace dos años, mientras que en Santiago casi mantuvieron los mismos números. ¿Cómo explicarlo?
¿Y el resurgimiento de Cobos? ¿O el del Frente Cívico en Catamarca? ¿Cómo es que pierde Gioja en San Juan o que casi pierden Capitanich y Urtubey en Chaco y Salta? ¿O que surja un Frente Amplio en Formosa y se quede con casi el 40% de los votos?
Pueden argumentarse muchas razones locales para cada una de estas situaciones, pero es indudable que se abre un manto de sombras sobre la evaluación que hacen los ciudadanos sobre el gobierno de Cristina y sobre sus expresiones concretas locales, muchas de ellas de dudoso kirchnerismo convencido.
En cualquier caso, esto obliga a un replanteo, que no puede ser sólo mejorar estrategias de campaña para las legislativas de octubre. Por supuesto, hay que hacerlo, hay que reemplazar impresentables, reforzar lo que se hace bien.
Pero no alcanza. Hay que ir al hueso.
Terminar con la ilusión de que sólo con más militancia y redoblando los esfuerzos las cosas se van a encarrilar. O mejorando algunas cosas con medidas cosméticas o, peor aún, redoblando las «batallas» contra los poderes corporativos mediáticos y judiciales.
¿De qué hablamos entonces?
De cambiar la perspectiva.
Hace rato que el kirchnerismo muestra su incapacidad de dar el salto para superar al peronismo gatopardista y encarnar una nueva síntesis histórica.
Por un lado, porque sigue siendo dependiente del PJ y los gobernas e intendentes. Y una parte se rebela y disputa, actitud lógica cuando se huele que pueden ganar más que perder con eso. Por eso se animan Massa & cía. en la provincia (aunque algunos por detrás, jugando a dos puntas). Y por eso florecen los peronismos silvestres con diversas expresiones provinciales.
Por otro lado, porque se ha hecho todo lo posible para servirle en bandeja las irritadas clases medias urbanas a los cantos de sirena del pseudo-republicanismo berreta que encuentran eco amplificado en los medios hegemónicos. Pero eso es lo esperable. El asunto es que la política estilo 6,7,8 tiene un techo.
Hace falta acción política para convencer, pero también medidas concretas para terminar con problemas que afectan a buena parte de los sectores populares y medios.
La persistente inflación y la presión impositiva de ganancias han deteriorado la recuperación del salario real de muchos trabajadores y las respuestas llegan tarde y como medidas extraordinarias.
La ausencia de políticas económicas de largo plazo y de perspectivas concretas para los pequeños y medianos empresarios que no tienen marcos referenciales y no pueden realizar ahorros confiables ni inversiones que no saben qué rendimiento tendrán.
El haber ido pateando problemas para adelante hasta que estallan y cuesta mucho más resolverlos, como el endémico de los trenes y el transporte, también contribuyen al malestar popular.
Y, por sobre todas las cosas: la ausencia de canales de diálogo y construcción del consenso, comenzando por la propia fuerza. ¿Dónde y quienes discuten las políticas a impulsar? ¿Alguien habla para discutir de política con Cristina? ¿Cuáles son los ámbitos para debatir y proponer cambios dentro del PJ o los que tenemos los partidos aliados para discutir y proponer políticas? ¿Cómo se canaliza eso de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba?
Ni qué hablar de sumar nuevos consensos o generar espacios de dialogo para temas centrales con las fuerzas que no integran el oficialismo, por tanto.
En definitiva; para cambiar de verdad las cosas se necesita fuerza popular organizada. Y ésta no se logra pretendiendo centralización absoluta y verticalismo sin discusión.
Ese es el desafío hacia adelante.
Segundas impresiones (el día después del día después)
Ayer publiqué algunas reflexiones sobre los resultados de las PASO.
Recibí comentarios gratos, especialmente de gente común, preocupada por la política y el país, con buena leche. Me alegró. A ellos debemos dirigirnos quienes tenemos un compromiso político activo. Y si algunas de estas líneas lo logran, en buena hora.
Un compañero me preguntaba ayer, a propósito de mis primeras reflexiones, si esto no marcaba el fin o el techo del kirchnerismo.
No creo y espero que no. Lo que si llegó a su techo es el estilo de cabalgar y domar a la bestia salvaje del PJ, porque una cosa era Néstor haciéndolo o Cristina en los primeros tiempos y otra lo que se viene. Sabíamos que era necesario hacerlo para armar un mayoría sólida y con estabilidad política, nadie reniega de eso. Pero también sabíamos, mucho más quienes nos fuimos de un peronismo que fue capaz de deglutir al menemismo sin atragantarse, que el PJ es una fuerza oficialista y va para dónde sopla el viento. No todo, claro, pero lo que importa, los que controlan aparato: sindical, estatal, territorial.
Por eso hay quienes fueron renovadores convencidos en los ’80, menemistas rabiosos o vergonzantes en los ’90, duhaldistas en los ’90 y/o en el cambio de siglo y ahora mean agua bendita de kirchnerismo puro. Bueno, algunos ya no, por las dudas.
Eso es el PJ. No cambió porque haya mucha militancia nueva en el Evita, en la Cámpora. Son marginales al aparato.
Y lo que va a hacer falta, ahora más que nunca es una fuerza de convencidos, no de vanguardia, no de elegidos, pero sí de quienes apostemos al cambio profundo en la sociedad y no sólo a la recuperación de la economía.
Los que nos enfrentamos en los ’90 al neoliberalismo y los que descubrieron que la política podía ser otra cosa gracias a Néstor, Cristina y sus políticas.
Pero que no estamos dispuestos a creer en la infalibilidad del Papa, ni aunque sea argentino, ni mucho menos en la de líderes terrenales. Porque hace falta coraje, decisión y convicción para hacer lo que hicieron en estos diez años, incluso por delante de las expectativas sociales y de los colectivos militantes (digámoslo con todas las letras, muchas de las medidas de los gobiernos kirchneristas no las esperábamos y nos sorprendieron por «izquierda» de lo que pensábamos que era posible o que iban a hacer). Pero para profundizar las transformaciones, necesario para no retroceder, hace falta fuerza popular organizada.
Y eso siempre requiere debate, construcción colectiva horizontal, no regalar posibles votantes por irritarlos y servírselos en bandeja al enemigo, que lleva muchos años colonizando mentes. Porque el sentido común forjado y construido en la dictadura, en el neoliberalismo, replicado ad infinitum por los medios hegemónicos, no cambió mágicamente y volvió a las mayorías populares conscientes de su destino y sus tareas. Pruebas al canto en las elecciones, ¿no?
Claro que la solución nunca puede ser enojarse por la volubilidad de quienes son seducidos por los cantos de sirena. Ellos siempre están, con sus medios, con sus prácticas, con sus agentes encubiertos disfrazados de políticos nuevos que no son otra cosa que «servidores de pasado en copas nuevas», Silvio dixit.
Otro compañero me decía que era un poco tarde para acordarse de los problemas, que parecía que uno abjurara de su fe o que podía sonar oportunista decirlo ahora.
Y no, no lo es porque lo he y lo hemos dicho antes. Hoy se vuelve necesario repetirlo, porque es parte del problema el verticalismo en las decisiones y la falta de construcción colectiva que permita el debate y el crecimiento de la fuerza popular organizada, no de alguna estructura ad hoc.
Por otra parte, señalar este problema no nos impide ver y decir que este es y ha sido el mejor gobierno de la Argentina después del primer peronismo y que lo reivindicamos como propio ABSOLUTAMENTE. No existe ninguna duda de eso. Todos los indicadores lo demuestran.
Pero no es el mejor gobierno que podemos tener. Ni es un gobierno sin fallos ni errores. No existen esos gobiernos en ninguna parte.
Y la función de militantes y dirigentes políticos debe ser trabajar para subsanar esos errores y evitarlos si es posible. Como así también plantear cursos de acción, convencer de que es necesario tomar ciertos caminos, asegurar que esos planteos cuentan con el consenso suficiente para avanzar. Y no equivocarse con los amigos y los enemigos.
Otro día sigo con algunos debates sobre estos caminos que se abren.


