Opinión

Por Daniel Kovalik. Traducción Ana Vallorani

Capitalismo, Genocidio y Colombia

Acabo de regresar de Catatumbo, Colombia, donde miles de campesinos están librando una lucha de vida o muerte contra el ejército colombiano respaldado por los EE.UU y sus aliados paramilitares.

Desde hace más de 60 días, los campesinos se han manifestado en contra de las deplorables condiciones de vida y las circunstancias económicas en las que viven, y a favor de su propuesta de una Zona de Reserva Campesina de 10 millones de hectáreas.

Esta zona, que está estipulada por la ley, les permitiría a los campesinos dedicarse a la agricultura de subsistencia sin la amenaza de invasión de las empresas extractivas que desean extraer o perforar en sus tierras. Esta demanda, junto con la demanda simultánea de que sea suspendida toda la exploración minera y la extracción de petróleo de su región, es fundamental para los campesinos que están siendo llevados ​​al borde de la extinción.

 

De acuerdo con el Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez (CALCP), 11.000 campesinos han muerto en esta región por las fuerzas estatales y paraestatales, la mayoría de ellos durante el período de gobierno 2002-2010 del presidente de Alvaro Uribe, y más de 100 000 campesinos, sobre un total de cerca de 300.000, han sido desplazados por la fuerza. Se han encontrado al menos 32 fosas comunes con cuerpos de activistas campesinos asesinados en esta región en los últimos años.

 

Y este asesinato en masa y desplazamiento se está llevando a cabo para dar paso a más perforaciones de petróleo, cultivos de palma africana (para biodiesel) y extracción de carbón por parte de las empresas norteamericanas.

 

Yo digo que este caos se está llevando a cabo, en parte, con el fin de dar paso a más perforaciones de petróleo, ya que, de hecho, muchísimas perforaciones han tenido lugar allí durante los últimos 70 años. Y los campesinos de esta región no tienen nada que ganar por tantos años de perforaciones. Como bien nos dijo unos de ellos, después de 70 años de explotación petrolera, las zonas rurales de esta región no tienen ni siquiera un camino pavimentado. Además, no existe un sistema de aguas residuales, y sin agua corriente no hay servicios de salud. De hecho, los campesinos heridos en los enfrentamientos con el ejército y la policía durante los dos meses de manifestaciones – en la que se defendieron con palos contra las armas de fuego, tanques y otros equipos suministrados por Estados Unidos de las fuerzas armadas y la policía – se han visto obligados a huir a Venezuela en busca de refugio y servicios médicos.

 

En resumen, las compañías petroleras y otras empresas extractivas, empezando por Texaco en 1930, han tomado todo lo que pudieron y dejado al pueblo sin nada. Ahora, las empresas quieren aún más, y esto es la propia existencia y presencia de los campesinos que se interpone en su camino. Y así, con toda lógica, las empresas, con la ayuda de los militares y paramilitares respaldados por Estados Unidos, tienen el objetivo de sacar literalmente a los campesinos del mapa. En otras palabras, estas fuerzas están comprometidas en un acto calculado de genocidio. En efecto, cuando un número de nosotros comentó el hecho de que casi todos los que vimos y se reunieron con nosotros durante nuestra visita al Catatumbo no eran más que adolescentes, nos dijeron que esto era el resultado de que sus padres o habían sido asesinados o desplazados. Lo que ha quedado son aldeas pobladas casi en su totalidad por niños.

Los campesinos del Catatumbo han sido víctimas de este tipo de violencia directa y estructural, pero ahora están luchando para defender su tierra. Durante 53 días, estos campesinos, armados sólo con palos, bloquearon la carretera principal que une las ciudades de Cúcuta y Tibú. Poco después de nuestra visita, el gobierno accedió a negociar con ellos directamente, y ellos terminaron este bloqueo por ahora. Sin embargo, tendrán que empezar de nuevo si las conversaciones fracasan.

Mientras que el Ministro de Defensa de Colombia nos advirtió de no viajaramos por esta carretera a causa de estas protestas, los campesinos nos permitieron que pasemos libremente. Por supuesto, como todos nosotros bien entendemos, de lo que el gobierno colombiano tenía realmente miedo era que fuéramos a ser testigos del hecho de que los campesinos están luchando del lado correcto, ya que son ellos los que están defendiendo la tierra, el agua y las selvas tropicales para todos nosotros. Y, es por esto que su lucha y las luchas de otros como ellos, debe tener éxito. En realidad, nuestra propia vida y futuro dependen de ellos.