Opinión

Por Pablo Tonelli, economista.

Éramos tan pobres

Es lamentable la decisión del INDEC de no publicar la medición de pobreza e indigencia argumentando en el comunicado del 24 de abril “severas carencias metodológicas, sumadas al hecho de la discontinuación del IPC-GBA y la imposibilidad de empalme con el nuevo IPC-NU”.

Por supuesto, al haberse falseado con anterioridad los relevamientos oficiales de la pobreza y la indigencia, que tenían como insumo al discontinuado y dibujado IPC, reconocer un salto en ambas, acorde con las nuevas mediciones de precios, eran una consecuencia lógica del sinceramiento de los mismos logrado por el  nuevo IPC-NU. Coincido con Horacio Verbitsky “en que no hacerlo anuló una parte del efecto favorable obtenido”. (Por el nuevo indicador de precios al consumidor). Error que vuelve a ensombrecer las estadísticas públicas y da pie a las interpretaciones más descabelladas sobre la pobreza en la Argentina. Un costoso y evitable error. 

Los cálculos difundidos con gran estridencia por la prensa opositora, provenientes del Observatorio de la Deuda Social Argentina anuncian la existencia de un 27,5 % de pobres en la Argentina, los de Bevacqua, Raffo, Lozano y ex técnicos del INDEC, llevan ese guarismo al 36,5 %. Me pregunto cómo es posible sostener tales guarismos, superiores a los que reflejaba el INDEC no intervenido del 2006, cuando desde ese momento al actual, se produjeron los siguientes hechos relevantes para la población de menores recursos, a saber (y cito aquí a Artemio López):

El 6,4 % de desocupación de hoy contrasta con el 8,7 % del 2006, en tanto el subempleo se ubica hoy dos puntos por debajo de los niveles del año 2006.

El trabajo informal, hoy del 34 % llegaba en 2006 al 44,5 %.

Hoy existe la Asignación Universal por Hijo, que transfiere el equivalente al 25 % del total de ingresos de hogares beneficiarios que en 2006 no existía.

Existen hoy 2,7 millones de nuevos jubilados, el equivalente al 45, 5 % del total de la base previsional y en el año 2006 se lanzaba la moratoria y se habían incorporado apenas 400.000.

Voy a agregar otro elemento, el comportamiento de la evolución de la desigualdad de ingresos. Es decir cómo le fue a los más pobres en materia de su apropiación del ingreso disponible. 

Si de números se trata, tomemos el excelente análisis efectuado por el Blog “Datos Duros”, de rigurosidad intachable, efectuado bajo el título de “Novedades Distributivas”. El mismo se basa en los últimos datos disponibles a fines del 2013 de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) publicada por el INDEC. Dichos datos corresponden al tercer trimestre del 2010. Voy a realizar una breve selección de los datos clave de lectura del análisis, por demás extenso, sumamente detallado y de una complejidad mayor a la que se le exige a esta nota.

El trabajo considera la evolución comparativa del ingreso percibido por los hogares entre deciles de percepción del mismo. Es decir, se toma la población de todos los hogares y se la divide de acuerdo a su nivel de ingreso en diez deciles. Compara el tercer trimestre del 2003 con el tercer trimestre del 2010. El decil uno es la población más pobre, la de menores ingresos. El decil 10 corresponde a la de mayores ingresos. Como dice Datos Duros “Mientras que el 10 % de la población de mayores ingresos (el Decil 10) incrementó su ingreso mensual en un 255 %, el 10 % de menores ingresos (Decil 1) vio aumentar su ingreso mensual en un 742 %, lo que significa que su ingreso mensual en el 3er trimestre de 2010 es ocho veces y media el ingreso mensual que percibía en el 3er trimestre de 2003”. Es importante aclarar, como hacen los autores, que “los ingresos están medidos en pesos “corrientes”, esto es sin “deflactar”, sin corregir por el efecto de la inflación verificada en el período bajo análisis. Sin posibilidad de haber sido “corregidos” de modo intencional. Como lo que interesa indagar aquí son efectos distributivos, lo relevante es la variación relativa ocurrida entre distintos estratos de ingresos”. Este análisis  capta, a su vez, el notable efecto de la AUH (Asignación Universal por Hijo) a partir del 2009, en el decil más pobre. 

El mismo Blog analiza además el “supuesto angostamiento distributivo”  que se estaría produciendo en la Argentina desmenuzando el comportamiento del indicador más popular que mide la desigualdad de ingresos, el índice de Gini, indicador que varía de 1 a 0, “siendo que cuando más se acerca a cero más igualdad refleja, y cuando se aproxima a 1 evidencia una mayor concentración de ingreso.” A fines del 2003 dicho indicador se ubicaba en 0,47 y a fines del 2013 no llegaba a 0,39, reflejando “que durante estos diez años, lenta, persistentemente e impensadamente la desigualdad se redujo sostenidamente y sin discontinuidad.”

CIFRA, el centro de estudios ligado a la CTA, realiza un análisis de la pobreza considerando la evolución de la Canasta Básica Alimentaria utilizando datos de INDEC hasta 2006 y del IPC-9 provincias hasta el 2012. Así según este análisis la pobreza pasó “de aquejar al 38,4% de los hogares (49,4 % de la población) en el tercer trimestre de 2003 a afectar el 13,3 % de los hogares (19.9 % de la población) en el segundo trimestre de 2012. Es decir, las tasas de pobreza se redujeron entre esos años un 65, 4 %, si se consideran hogares, y un 59,8 % si se consideran personas. “Aunque esta medición no llegue a fines de 2013, con una economía que creció (consenso absoluto) un 3 % en 2013 y con índices de Gini, para fines de ese año ubicados en el 0,39 la situación de la pobreza por ingresos, a priori, no pudo haber tenido modificaciones dramáticas. 

En 2014 la devaluación provocó un alza de los precios y los datos oficiales muestran que el IPC-Nu creció más que el salario en el primer trimestre, con lo cual la pobreza y la indigencia ofrecerían cifras mayores a las que hemos descripto en los análisis que tomamos de base. Podría quizá mencionarse un estacionamiento de la pobreza, considerando individuos, en un nivel próximo al 20 %. Las cifras manejadas por las consultoras privadas son inconsistentes y antojadizas desde cualquier enfoque serio del problema para evaluar que ocurrió en la última década. La Argentina sería el único caso de la economía mundial en que la pobreza y la indigencia se incrementan mientras mejoran todos los indicadores sociales.

De nuevo, es muy lamentable no contar con información veraz proveniente de las estadísticas oficiales para promover un debate serio sobre la pobreza y la indigencia en nuestro país. La no difusión de indicadores por el INDEC y las aventuradas suposiciones opositoras ensombrecen la discusión y la bastardean.