Así se define según la biblioteca de la red, la omnipotente Wikipedia, y tengamos en cuenta que sea quizá elmáss fuerte multimedio a escala universal.
Noam Chomsky afirma: “El cuadro del mundo que se presenta a la gente no tiene la más mínima relación con la realidad, ya que la verdad sobre cada asunto queda enterrada bajo montañas de mentiras…Por ello, si queremos entender y conocer nuestra sociedad, tenemos que pensar en todo esto, en estos hechos que son importantes para todos aquellos que se interesan y preocupan por el tipo de sociedad en la que viven”.
Mientras tanto en nuestra patria, quedan resonando aún entre tanta otras declaraciones lunáticas, citas patéticas como, “estamos condenados al éxito”. Un oxímoron, una frase en sí contradictoria como lo son esta clase de dirigentes, que son investigados pero siguen operando desde las sombras.
Estar condenado es un fracaso, no existe mérito ni logro alguno en estar “condenado”. Pero las palabras no se dicen porque sí. Detrás de ellas se ocultan medias verdades, o medias mentiras.
Deberemos suponer que ese éxito, se deba a la generosidad de nuestro suelo y su gente, una tierra rica, explotada, saqueada, y no valorizada por los dueños, los de siempre, mientras millones de hombres, generación tras generación, han sudado y sufrido para que este país siga en pie, aún sin saberlo, tal vez por el solo hecho de sobrevivir.
Es entonces cuando resulta imperioso reflexionar sobre que significa esa mentada “viveza criolla”. Lo primero que se puede plantear , siendo extremadamente optimista, es la virtud nacional de “atarlo con alambre”, buscar una alternativa rápida y eficaz a problemas que parecen ser o son difíciles. Pues bien, si uno va a amarrar un cabo de escoba que se ha quebrado, no redunda en un problema sino todo lo contrario, pero si se van a corregir números contables, impositivos, la cuestión toma otro cariz. Si el ciudadano se apresta a lavar el auto ahorrando para no gastar en un lavadero es una decisión beneficiosa, pero sí para “hacer economía” los muchachos del country se cuelgan de la luz, ya es muy distinto, y es más lo primero una consecuencia de lo segundo, que es la verdadera causa.
Nos acostumbramos, nos acostumbraron, a esquivar la norma, a zafar como se pueda, a no ser críticos en las crisis y a criticar en la bonanza…esa viveza criolla, ese saber casi todo, y no comprender casi nada, nos condena al fracaso. El éxito requiere sacrificio, estrategias y conciencia nacional. Pero mientras tanto, a los medianos evasores se los persigue para la nota televisiva cuando los hechos fraudulentos son menores, los grandes siguen rompiendo la telaraña, y los mosquitos, van a moratorias.
Existe también en una extraña complicidad de esta tramposa viveza criolla, el pobres contra pobres, se sacan mínimas ventajas, serruchan semipisos o lavan sus culpas solidariamente.
«Las zonceras, nos aleccionaba el gran Jauretche, son principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia -y en dosis para adultos- con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido».
La vileza criolla si lo pensamos con frialdad, nos condena al fracaso, y quizás sea por eso que nos destacamos individualmente con estas mismas virtudes en cualquier lugar del planeta, y salvo excepciones de trabajos en equipos exitosos no podemos conciliar intereses en común.



