Opinión

Por Martín Aja

El sillón blanco

La imagen no se verá más, quizá por vergüenza, por resguardar las mentadas instituciones, por su descarnada verdad, porque es una imagen “golpista” para el discurso reaccionario de los multimedios de ayer, hoy y siempre o simplemente porque nos olvidamos.

Varias personas sacan un ostentoso sillón blanco de tres cuerpos del congreso de la nación, mientras las calles arden de furia y miseria, un grupo de personas indeterminado recorren el palacio de las leyes, pero estos lograron sacar un sillón, lo arrastran con rapidez, como los tiempos políticos del momento.

Luego vendrán cinco “presidentes”, y varios renuncios, una fuga de capitales en la movida financiera más arriesgada y devastadora de este siglo y también el anterior,  81.800 millones de dólares,  megacanje, y corralito, muchos eufemismos para encubrir un robo al estado, y de paso ajuste, recorte, y más exclusión social.

La instantánea de la realidad era ese sillón empujado a la calle, blanco impoluto en medio de tanta suciedad, como una contracara del poder corrompido y la esperanza de la patria. En ese sillón se sentaban a departir lobbystas con senadores, asesores con ministros, la gente, el pueblo apedreaba la puerta de los bancos cerrados y con giro en descubierto.

Otros 39 sillones tendrían un cuerpo a disposición, sillones de todo tipo, algunos viejos, otros recién estrenados, 39 muertos, y un sillón blanco vacio. El exmandatario afirmó que hubo una «conspiración interna del Partido Justicialista y un hostigamiento del Fondo Monetario Internacional» para la caída de su gobierno, aunque también responsabilizó a su partido, la Unión Cívica Radical (UCR). De su exvicepresidente no habló, de las coimas en el senado tampoco.

No solo es favorable recordar sino que es muy peligroso olvidar, los piqueteros convocados y autoconvocados,  copando la ciudad se mezclaban con sus detractores caceroleros, unos porque estaban afuera del sistema hacía rato, el modelo les prometía derrame de capitales que algún día llegarían, y los otros blandiendo cucharas de madera contra ollas con teflón, exigían sus legítimos ahorros, la paradoja estaba plantada.

Que se vayan todos fue la consigna, el sillón no llegaba a ser rescatado y ardía sobre avenida Rivadavia, sí , la más larga del mundo, angosta en la salida lateral del congreso, era el escenario de la decadencia de la democracia que tanto nos había costado conseguir.

El sillón blanco se hizo humo junto a las asambleas de ciudadanos, el trueque que crecía día a día intervenido finalmente por la CIA, el que deposito dólares recibirá dólares y papeles, papelitos, bonos y Lecop.