Opinión

El cambio de política hacia Cuba es reconocer la realidad

La decisión del presidente Obama de normalizar las relaciones con Cuba es reconocer la realidad. Durante 50 años, Estados Unidos ha tenido una política que ha fracasado. El embargo ha herido al pueblo cubano al que supuestamente intentaba ayudar y ha apuntalado al régimen que tenía la intención de socavar.

El esfuerzo por aislar a Cuba ha ido aislando a Estados Unidos cada vez más, tanto en el hemisferio como en todo el mundo. Y como el presidente concluyó: «No creo que podamos seguir haciendo lo mismo durante más de cinco décadas y esperar un resultado diferente». Creer eso sería, según Albert Einstein, la definición misma de la locura.

La mejor prueba de que este cambio lleva ya mucho tiempo fue proporcionada por las reacciones histéricas e incoherentes de sus oponentes. El senador Rand Paul (. R-Ky), potencial candidato presidencial, abrazó la iniciativa, haciendo un comentario indiscutible sobre el embargo: «Si el objetivo es el cambio de régimen, de veras que no parece estar funcionando.» el senador Marco Rubio (R-Fla.) contestó que Paul «no tiene idea de lo que está hablando.»

Rubio sostuvo que Estados Unidos no recibe nada a cambio de la normalización: no hay elecciones libres en Cuba, no hay libertad de prensa, no hay progreso democrático de ningún tipo. Pero aunque no sabemos cuál será el resultado de la nueva apertura, sí sabemos que el medio siglo del embargo no ha producido elecciones libres o una prensa libre en Cuba tampoco. Haciendo de Cuba un David contra Goliat, el embargo de Estados Unidos ofrece al régimen una justificación de sus medidas represivas internas mientras eleva su nivel en todo el hemisferio y el mundo en desarrollo. Normalizar las relaciones con Cuba le permite a Estados Unidos abogar por la libertad individual, sin ser visto como un matón tratando de aporrear a un pequeño vecino bajo sumisión.

¿Por qué, señaló el presidente, debemos seguir aislando a Cuba cuando normalizamos las relaciones hace décadas con las comunistas Vietnam y China? Bueno, sostiene un editorial del Washington Post que califica la apertura del presidente como una «traición», los movimientos de oposición en esos países «apenas existían,» mientras que hay movimientos disidentes en Cuba. Pero la lógica de normalizar relaciones con regímenes que erradiquen toda la oposición, pero no con aquellos que permiten cierta disidencia es difícil de discernir.

Los opositores sugieren que China y Vietnam demuestran que «el compromiso no promueve automáticamente la libertad», como lo dijo el editorial del Post. Eso es cierto, como también lo es el hecho de que 50 años de embargo en Cuba no han promovido la libertad tampoco. Inevitablemente, es probable que China, un país de más de mil millones de personas en el otro lado del mundo, sea un poco menos susceptible a los efectos de la participación que una pequeña isla de 11 millones a 90 millas de nuestras costas.

En realidad, el embargo ya ha pasado su fecha de vencimiento. Cuba ya está en transición de la era Fidel Castro. Tiene mejores relaciones con los países de este hemisferio que Estados Unidos. Los inversionistas de Europa, Brasil y China ya están haciendo negocios allí. Los cubanos tienen mayores derechos para viajar a Estados Unidos que los estadounidenses para viajar a Cuba.

Lo que Obama ha hecho es reconocer esta realidad. Los opositores no parecen darse cuenta de que la historia se ha estado moviendo desde hace mucho tiempo. La Guerra Fría ha terminado; la Unión Soviética no existe más. Cuba es nuestro aliado en la guerra contra las drogas; sus médicos una bendición en la lucha contra el Ébola. La economía de Cuba es un desastre, aun así sus sistemas de atención de salud y la educación son envidiados en todo el hemisferio. Los republicanos – si Rubio y el senador Ted Cruz son capaces de superar la presión empresarial – podrán denegar a quien elija el presidente como embajador. Pueden bloquear la legislación necesaria para levantar el embargo. Pero con el apoyo del presidente, los viajes se pueden facilitar, la inversión y las restricciones financieras se pueden levantar, Cuba puede ser removido de la lista de estados patrocinadores del terrorismo, y puede comenzar algo más cercano a las relaciones normales.

La iniciativa de Obama, de sentido común, también abre la posibilidad de un cambio en las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos. Durante más de un siglo, hemos casual y rutinariamente pisoteado los derechos soberanos de nuestros vecinos del sur. Enviamos a los marines a cobrar deudas y defender a la United Fruit a principios del 1900. Durante la Guerra Fría, armamos y entrenamos policías brutales y regímenes militares mientras desestabilizábamos a los gobiernos elegidos democráticamente. Y, por supuesto, hemos tratado de derrocar a Fidel Castro mediante invasión, bloqueo y subversión durante décadas.

En abril, Obama asistirá a la Cumbre de las Américas en Panamá junto con otros presidentes, entre ellos Raúl Castro. Allí, podríamos escuchar más y fanfarronear menos. El fin del embargo – si es que está levantado – puede marcar el comienzo de una nueva política de buena vecindad, no sólo hacia Cuba sino hacia otros países del hemisferio. Todos nos beneficiaríamos con eso.

25 de diciembre 2014Fuente: Washington Post, EE.UU.Katrina Vanden Heuvel. Traducción de Ana Vallorani