Pero, más allá de estas interpretaciones negadoras, el pueblo peronista tiene muy claro qué significó y qué significa ese hecho trascendente de la vida política nacional. Lo cierto es que el 17 de octubre no representa solamente la liberación de un líder por aquellos que confiaron en él y en su pensamiento popular; representa –y siempre lo hará—el advenimiento de un pueblo a su verdadera identidad. Ese día de 1945, cientos de miles de personas salieron a las calles de la patria para exigir la liberación del general Perón, preso por los representantes del más puro cipayismo vernáculo.
Pero sería una simpleza suponer que su importancia sólo radica en que fue el hecho que posibilitó el ascenso de Perón al poder, su verdadera importancia consiste en que ese día, fue el que cambió la correlación de fuerzas en el escenario político y social de la Argentina. Ese día no sólo se logró liberar al coronel Perón de su ignominiosa cárcel, sino que fueron los trabajadores los que iniciaron su propio camino de libertad. Ese día el pueblo argentino adquirió la conciencia de sí como actor protagónico de la historia.
Esa manifestación de fuerza y convicción irrenunciable de las masas trabajadoras generó un cambio radical en el decurso de la historia social y política de nuestra patria; por primera vez un pueblo hasta entonces despreciado y estafado en sus decisiones electorales hizo oír su voz de manera contundente. El país que hasta entonces había sido ya no existiría. Desde ese momento todos y cada uno de los trabajadores que se habían movilizado desde las fábricas, las chacras, las oficinas, supieron, sin duda alguna que su destino estaba dirigido por esa nueva manera de pensar el país y su gente.
La reacción no se hizo esperar; si algo caracteriza a esos sectores privilegiados es que jamás renuncian a sus privilegios. Casi inmediatamente comenzaron a conspirar para impedir que Perón accediera al poder enancado en esas mismas multitudes que reclamaron su liberación. Sin ningún pudor la oligarquía ganadera y sus conmilitones de la intelectualidad nativa trabaron contacto con la embajada de EE.UU. y su representante más paradigmático Spruille Braden a fin de estudiar acciones que frenaran el ascenso de la “chusma peronista” al poder.
Visto en perspectiva, es fácil entender porqué el cambio producido en aquel 17 de octubre de 1945, representó un derrumbe de casi todas las teorías vigentes en aquel entonces; así se pudo ver con estupor a los marxistas que no pudiendo explicar semejante fenómeno de masas, sus honestos militantes terminaron aliados a la capilla conservadora más reaccionaria. Fueron adoctrinados en el pensamiento de que Perón les robó, demagógicamente a su base de sustentación política y así nunca podrían “hacer la revolución”. Tardaron años hasta que algunos militantes comprendieron que el mundo había cambiado y que se necesitaban otras herramientas de análisis que aquellas provistas por el marxismo o el estalinismo.
También significó poner en crisis la vetusta percepción de los conservadores que pensaban que los trabajadores eran por naturaleza algo así como herramientas baratas de producción y a nadie se le ocurriría pedirle opiniones políticas a un martillo.
Les resultó insoportable, sintieron que Perón pretendía robarles el país que siempre había sido exclusivamente de ellos. De allí el odio visceral de “la gente bien” contra “esos negros ignorantes que quieren poner al país patas arriba”.
El mismo odio visceral de los actuales representantes de esos sectores que, cuando para detener la justa aplicación las tasas de exportación de cereales, producen un lockout de la producción, en un intento de desabastecer a la población y de paso mellar la imagen de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Similares intentos para defender similares intereses.
Entonces, queda claro que la importancia del 17 de octubre del `45 fue mucho más que una multitud “mojándose las patas en la fuente”, fue el advenimiento del mundo de la justicia social, de la soberanía política y de la independencia económica, mal que les pese a aquellos que, aún hoy, preferirían volver a los años `90 y que los capitales extranjeros, se hagan con todo el patrimonio argentino.
Este día, 17 de octubre como aquel de hace 66 años, también ha de servirnos para mirar el camino recorrido, para tomar conciencia de todo lo que perdimos y lo que ganamos en el trayecto y el balance no puede ser más favorable: lo que en 1945 era sólo un enorme y hermoso sueño que apenas comenzaba, hoy es un proyecto del que participa la enorme mayoría del pueblo. Hoy los sueños son política de estado.
Pero hay que estar atentos, sabemos por experiencia que los sectores del privilegio nunca cejan en sus intentos de volver el reloj de la historia a sus momentos más trágicos. Cuando parece que por fin reconocen los hechos de la realidad, sólo están agazapados esperando su momento para volver a atacar; lo lograron con la 125, lo intentaron con el presupuesto, lo siguen intentando con Las Madres y con Las Abuelas y con la ley de Medios. Sabemos que están allí. Pero nosotros también estamos. Y después de nosotros estarán nuestros hijos y así hasta el triunfo definitivo
de la justicia en una patria sin monopolios (des)informativos, sin diputadas que recorran las embajadas extranjeras pidiendo sanciones para nuestro país, sin trabajo esclavo ni servidumbre sexual.



