El contexto internacional, luego de cinco años de crisis en los principales países del mundo, comienza a resentir el ritmo de nuestro crecimiento e impone la necesidad de cambios en el repertorio de políticas públicas, en aras de proteger el trabajo y los ingresos nacionales.
Así, desde el primer día de su nuevo período presidencial, Cristina Fernández ha mostrado una intensa actividad, que ya es marca registrada de los gobiernos kirchenristas, en la toma de decisiones que apuntan a impulsar la actividad productiva y salvaguardar al país de los vientos adversos que soplan en el mundo.
Enumeremos algunos hechos. La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, la nacionalización del paquete mayoritario de acciones de YPF y la inversión de sus utilidades en la expansión de su producción, los controles a la compra venta de divisas extranjeras, el lanzamiento del plan Procrear para la construcción de viviendas, más el incremento negociado en paritarias libres de aumento de salarios y la suba de las jubilaciones de acuerdo a la ley vigente de movilidad, son los principales datos ilustrativos de la atención presidencial. Todas acciones orientadas a reforzar el mercado interno, como motor del desarrollo de nuestra economía. A lo que debemos agregar, claro, el refuerzo del espacio de integración regional, con el ingreso de Venezuela al Mercosur. La alianza estratégica entre PDVSA e YPF es una noticia muy significativa para nuestro desarrollo futuro.
En un momento en que la expansión de los ingresos públicos no acompaña la iniciativa política, la capacidad de administrar bien los recursos disponibles y hacerlo de manera tal que tengan el mayor impacto posible en dirección de expandir la actividad económica, es lo que distingue a los buenos dirigentes de quienes no son mucho más que un producto publicitario. Salta a la vista la diferencia entre quienes se quedan esperando que les llueva la salida a los problemas y quienes anticipan dificultades para encontrar soluciones.
Así, el activismo presidencial contrasta fuerte con la inmovilidad de los sectores políticos opositores, además de hacer una notable diferencia con otros referentes de su propio espacio. Reducidos al pronóstico de que las cosas saldrán mal y a la queja por lo que hace Cristina Fernández , las fuerzas de la oposición no logran generar propuestas alternativas que ganen audiencia en la sociedad. El premio al quejoso mayor se lo sacó en estas horas Macri, desplazando a la desinflada Carrió. Su principal consuelo es no tener que competir en las presidenciales del 2015 con la actual mandataria.
Por su puesto, la agenda económica no agota la política nacional, aunque la condiciona fuertemente. El reciente pago de la última cuota de los Boden 2012, poniendo fin a la historia del “corralito”, muestra cuánto se ha transformado nuestra realidad y marca la enorme diferencia que nos separa de países como España, obcecados en aplicar las viejas recetas neoliberales de ajuste, desregulación y flexibilización, que sufrimos en carne propia aquí desde fines de los noventa.
A falta de oposición externa, empezaron a moverse algunas piezas en el tablero del peronismo, en previsión del recambio de mando que se avecina. Aunque faltan aun tres largos años para que llegue el momento, y muchos tengan temas suficientes como para hacer gestión en el día a día, los muchachos empezaron a sacar sus cuentas y a prepararse por si se les da.
Cristina no mira indiferente la cuestión. Al contrario, mide activamente la disposición de cada pretendiente a desmarcarse de su conducción. A algunos ya se les saltó la cadena, como fue el caso de Moyano. Va rumbo a ser uno más de la cofradía de viudas del viejo peronismo, mezclado con los menemistas y duhaldistas, con los que supo confrontar en su hora.
Otros miden sus tiempos, tratando de disimular nervios. Pero equivocan el tiro cuando deben administrar los recursos que tienen. Muestran la hilacha al ajustar cuentas a costa de los trabajadores, en vez de recomponer los recursos públicos, enfrentando a los factores del poder económico. El kirchnerismo no es para ellos y no podrán heredarlo.
Hacia adelante, el panorama económico tiende a mejorar. Sin tantas exigencias como las presentes, en la cabeza del poder habrá más tiempo para pensar en el futuro de la fuerza política que ha fundado. El 27 de abril pasado en Vélez, el kirchnerismo comenzó a transitar su propia historia, afirmada en el ancho cauce del peronismo. Darle organicidad y cohesión para que siga siendo la fuerza de gobierno en la próxima etapa, es el desafío político que se ha trazado la Presidenta. Nadie mejor que ella para resolverlo.


