Opinión

Por Nildo Ouriques

Un clásico latinoamericano

La lenta e inexorable latinoamericanización de la cultura brasileña ha recibido un impulso considerable con la publicación en Brasil de la obra magna de Jorge Abelardo Ramos, Historia de la Nación de Latinoamericana, iniciativa más que oportuna de la Editora Insular de Florianopolis.

 

El “Colorado Ramos”, como Jorge Abelardo era conocido, es uno de los potentes intelectuales argentinos, miembro de una generación de autodidactas y portador de una enorme cultura y cautivante estilo literario. Expulsado de la escuela por razones políticas, nuestro personaje se ganó el título de “notorio saber”, y terminó dando clases de historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, nunca fue un universitario en el sentido común, un hecho que le dio una gran ventaja. Sus obras se siguen publicando en el vecino país y encuentran en los jóvenes un terreno fértil de lectores curiosos por el conocimiento de esta inagotable figura. De la misma manera en que sus obras todavía mantienen su prestigio entre la juventud militante, también tenemos que decir que Abelardo Ramos recibió tratamiento de Estado en el 2006, cuando el congreso nacional del país vecino editó cinco volúmenes con una parte importante de su vasta interpretación de la vida argentina, por desgracia todavía desconocido por los intelectuales de Brasil y prácticamente inexistentes en nuestro mundo universitario. Hace una semana, en la reciente reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), celebrada en Caracas, la presidenta Cristina Kirchner presentó a Dilma un ejemplar de la edición brasileña de la obra de este intelectual argentino. La gentileza de la presidenta Cristina es simbólica y sutil. Es como si alguien indicase la existencia de una hermosa rosa en su jardín, hasta entonces desconocida para usted.

Nadie podrá estudiar seriamente América Latina sin devorar inmediatamente este poderoso libro. No estoy seguro si hay otro con tal erudición, alcance y profundidad. Historia de la Nación Latinoamericana apareció en 1968 y desde entonces no cesaron las ediciones en español. En Brasil, muchas generaciones han estado marcados por la lectura de Las Venas Abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, libro que no deja de tener relevancia y actualidad para quienes quieran iniciarse en un cierto caldo de cultura de las ideas latinoamericanas. Sin embargo, Historia de la Nación Latinoamericana tiene otra extracción, una ambición distinta. Es un libro que cubre 500 años de historia y no por eso es vago; al contrario, no solamente revela la solidez autodidacta de un gran intelectual argentino revalorizado en una coyuntura en la que grandes masas se mueven nuevamente hacia el fortalecimiento de la identidad común de nuestro pueblo sino, sobre todo, una prueba innegable de la calidad de los estudios latinoamericanos que comienzan a obtener ciudadanía en Brasil. Finalmente, el libro es una prueba irrefutable de que ese momento en el que «estábamos de espaldas a América Latina» quedó definitivamente atrás.

Abelardo Ramos, representante legítimo del pensamiento crítico de América Latina, conocía profundamente a Europa. Es evidente su flagrante aprecio por España, una especie de orgullo que también encontramos en el culto que gran parte de la intelectualidad mexicana alimenta en relación a lo que no sin cariñosa ambigüedad llaman “Madre Patria”. Para nosotros, los brasileños, siempre tan lejos de Portugal, como ignorantes de la historia europea -aunque aduladores de casi todo lo que viene de allí- no deja de ser interesante observar a Abelardo Ramos tratar a España como “heroica” después de peinar cada intriga del poder burgués y mostrar todas las miserias de sus personajes más importantes como quien comenta los detalles sórdidos de la vida íntima de sus vecinos más cercanos.

Trotskista desde siempre, concilió la militancia y el refinamiento de los grandes intelectuales socialistas argentinos. En 1973 conquistó un millón de votos en las elecciones presidenciales de aquellos turbulentos y maravillosos años que vivió la Argentina antes del golpe genocida de 1976 del cual todavía ninguno de nosotros se ha recuperado plenamente. Ciertamente no fue fácil para un hombre de militancia trotskista romper con el eurocentrismo inherente a cierta perspectiva marxista, lamentablemente dominante en el continente. Abelardo Ramos supo sabe tratar con enorme desenvoltura las difíciles exigencias del riguroso método marxista con la compleja, intrincada y singular historia de América Latina que en nada respeta el “modelo clásico” dominante en la cabeza del analista colonizado. De este talento y capacidad de análisis, proviene la maestría con la que revela la extracción de clase y los propósitos de cada personaje de la vida latinoamericana y, en particular, de Argentina. También por eso, el análisis de clase de cada personaje está debidamente ligado a la trama mundial liderada por Europa y, más tarde, por los Estados Unidos. Un Rivadavia, por ejemplo, está pintado como una expresión acabada de la política y la mentalidad cipaya, al igual que Mitre está enmarcado sin la grandeza con que la elite porteña aún lo envuelve. Ambos, mera expresión de los intereses comerciales europeos, responsables no sólo de nuestra balcanización, sino también del atraso industrial en relación a los centros metropolitanos. En Brasil, sólo Alberto Guerreiro Ramos –de quien Abelardo leyó Mito y Verdad sobre la Revolución Brasileña- escribió sobre los personajes brasileños con semejante estilo y precisión, revelando los motivos inconfesables a la luz del día que llevaron a a la elite a erigir estatuas en honor de personajes nada dignos.

En esta magnífica obra, la lucha por la independencia de América Latina se presenta magistralmente en un contexto en el que Bolívar obtiene, merecidamente, el papel central. Cada momento histórico -desde la extraordinaria batalla de Ayacucho a la declinación de su poder, con la consecuente completa soledad e impotencia del Libertador- es reconstruido con gran precisión, pero sin perderse en detalles. No hay en este texto un registro de heroísmo innecesario, aberrante, pero nos enteramos de la importancia y el talento de la saga bolivariana y sus principales hombres: el propio Bolívar y su más fiel seguidor, Sucre. Todos aquellos que se deleitaron con la lectura de El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez, se maravillarán con la recuperación de los días de gloria y de la ruina completa de nuestro más importante héroe latinoamericano que, no por ello escapa de una sutil crítica. Cuando los intereses de la élite criolla fundaron Bolivia -homenaje perverso que se añadió a la balcanización- Abelardo Ramos indica que el mismo Simón Bolívar terminó finalmente por aceptar esta traición a su proyecto unificador, aunque la independencia de Perú y Bolivia representase también cierta oposición a los intereses porteños todavía más entreguistas y proimperialistas que sus aliados situados en Lima o La Paz. La melancólica confesión de la derrota de Bolívar está documentada como una lección histórica sobre las circunstancias que llevaron a un hombre de gran talento a admitir que realizaba un pacto en contra de su propia causa.

Al acercarse a sus últimos días en Santa Marta, cuando sólo tenía 47 años y parecía un sexagenario, Bolívar recibió una comunicación de que estaba prohibido en Venezuela y fue declarado por Páez como un “traidor a la Patria” en su propia tierra natal, Carabobo. La gloria y la miseria. El poder y el abandono. La saga bolivariana y nuestro futuro escrito en 531 páginas que vaticinan sobre el destino de pueblos desunidos, de nuestra nacionalidad diminuta y de las inmensas posibilidades de la Patria Grande que todavía tenemos que construir o, trágicamente, perecer.

La Historia de la Nación Latinoamericana es también un tratado crítico de la diplomacia y las relaciones internacionales, sin la apatía y la alienación de los manuales de inteligencia que mutilan a la universidad brasileña. Samuel Guimarães Pinheiro debería recomendar el libro como lectura obligatoria en Itamaraty, ya que es un volumen indispensable para entender una trama histórica que ha creado conflictos innecesarios y un antagonismo absurdo entre países vecinos, divididos sólo por una falta de conciencia de su historia y destino común, su presente miserable y la balcanización que nos condena al raquitismo en la disputa del poder mundial. También es un poderoso antídoto contra el esnobismo de una diplomacia que apenas comienza a descubrir que realmente pertenece a la Patria Grande, en este lento –demasiado lento, diría- proceso de descolonización iniciado por el valiente y lúcido diplomático carioca. Además del beneficio a los diplomáticos, La Historia de la Nación Latinoamericana también se presta a una lectura de parte del público en general, puesto que no está prohibida a los sindicalistas, a los economistas, médicos, periodistas o ingenieros la vida inteligente; el libro combina el conocimiento enciclopédico de Abelardo Ramos sobre nuestra historia con el refinado estilo literario que orienta esta gran obra. Impecable.

A nosotros, los brasileños, acostumbrados al arte de pegar a nuestros grandes personajes a favor de figuras mucho más pequeñas, pero modernas y acogedoras, Abelardo Ramos nos da una pista, un camino que todos debemos seguir, a partir de la identificación de la extracción de clase de cada personaje histórico, su proyecto político y las razones, tanto de su éxito como de su fracaso. La lectura de la gran obra de Abelardo Ramos es un antídoto contra el deporte favorito de la intelectualidad cipaya, concepto fundamental en su narrativa, ya que explica con precisión la “piel de carnero” nacional, tanto en el campo de las ideas como en el de los intereses materiales, aquella misma figura tratada por los centroamericanos como “vendepatria”; por último, el conocido personaje dispuesto a vender la nación sin rodeos ante cualquier posibilidad de ganancia inmediata y mezquina.

La relación con el nacionalismo es de hecho una prueba de fuego para los marxistas en la periferia capitalista; una prueba, se dice, en la que los intelectuales de izquierda rara vez muestran sus mejores cualidades teóricas y capacidad política. En Brasil, los marxistas y los nacionalistas representan dos corrientes enfrentadas, como el agua y el aceite. Quien gana con esto es la clase dominante brasileña, siempre dispuesta a asumir la orientación de Washington, como expresión de todo lo que es moderno y democrático, en línea con el conocido eslogan según el cual “lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para Brasil”. Existe, de hecho, un batallón de cipayos académicos dispuestos a endulzar la píldora, deseosos de ocupar 15 minutos de fama en el competitivo campo del vasallaje intelectual.

Como resultado, el antiimperialismo de la izquierda brasileña también se especializó en presentarse como antinacionalismo. Nuestra izquierda -a diferencia de otros países de América Latina- se sometió dócilmente al chantaje de la clase dominante y reacios a adoptar una conducta nacionalista. Sometida a la hegemonía burguesa, gran parte de la izquierda cree que la orientación nacionalista es, necesariamente, sinónimo de “populismo” y, sea lo que fuere que el concepto pueda significar, la consecuencia necesaria es la adopción de una conducta eurocéntrica presentada como “universalista”. Con esta operación, la izquierda admite sus pecados y rechaza todo acercamiento nacional a las clases bajas. En la historiografía, un terreno fértil para darse cuenta de las virtudes de la lucha nacional, es donde fue más lejos el anti-nacionalismo de la izquierda brasileña, al punto de que Lula, sólo cuando asumió la presidencia, reivindicó la herencia varguista, previamente considerada por el PT como un producto del estado patrimonialista y populista…

En la condición de intelectual con una doble determinación -nacionalista y socialista- Abelardo Ramos consigue dar a las grandes figuras políticas de nuestro tiempo -Bolívar y Sucre o Perón y Vargas- la medida exacta de su necesario rescate, un camino por el cual su marxismo se nacionaliza, se vuelve argentino y genuinamente latinoamericano. Jorge Enea Spilimbergo, a quien conocí en Florianópolis de la mano del editor y amigo Nelson Rolim de Moura, fue otra figura que pertenecía al círculo del “Colorado” Ramos en las lides políticas y en el combate teórica que aún estamos haciendo para latinoamericanizar el marxismo en nuestro continente. Autor del libro «La Cuestión Nacional en Marx» (Editora Insular, 2002) “Spili” – como le llamaban cariñosamente sus familiares y amigos, es el autor de un libro valioso y necesario para una izquierda acostumbrada a suponer que Londres sigue siendo el país que cuenta con la mayor número de intelectuales marxistas por metro cuadrado, como si allá estuviese realmente la flor y nata del pensamiento de la izquierda mundial… ¿Qué decir? Es parte de esta banda que estamos comenzando a conocer y admirar en el Brasil, aproximando no sólo Brasil a la Argentina, sino, a partir de esta relación, comprender los caminos que nos deben llevar a la construcción ininterrumpida de la Patria Grande.

El concepto de “nación latinoamericana” sustenta una vasta y rica recuperación de la memoria nacional latinoamericana, de tal manera que Abelardo observa los acontecimientos de los países latinoamericanos como si fuese mera historia regional, parte de la historia de la nación latinoamericana balcanizada en función de los intereses de las potencias dominantes y las rapaces élites criollas. ¿Podríamos tener algo más original ante nuestros ojos? Para aquellos que rechazan la idea de una Patria Grande, sin siquiera dedicar unos minutos a su análisis, sería oportuno recordar la opinión de Gilberto Freyre, un consentido tanto de las letras como de las elites nacionales. Respecto de la presencia de Roquette Pinto, en Paraguay, Gilberto Freyre escribió en 1942 que “caminamos hacia el día en que la guerra con el Paraguay será recordada casi como una guerra civil, tantas son las afinidades que tienden a aproximarnos” Ahora bien, si la guerra contra el Paraguay será recordada como una guerra civil, es obvio suponer, aunque sea inconscientemente, la existencia de una patria común, esta misma que Abelardo Ramos denomina Patria Grande o nación latinoamericana, y que a nosotros, los brasileños, todavía nos suena como una utopía innecesaria o inconveniente. Sin embargo, esta advertencia de Gilberto Freyre ha sido sistemáticamente ignorada por el espíritu académico envasado ​​por nuestrs principales universitarios…

Filiado en la tradición clásica del marxismo europeo en la interpretación del desarrollo desigual y combinado -un concepto tan querido para el marxismo crítico – Abelardo caracteriza a nuestros países como semicoloniales, evitando el concepto de dependencia o de subdesarrollo. También por eso, logró una exposición constante de la cuestión nacional de Marx y de su contexto histórico, lecciones todavía completamente desconocidas para las corrientes socialistas brasileñas, para las que todo aparecerá como una gran novedad en este momento en la historia moderna! Se trata de una crítica devastadora de la naturaleza eurocéntrica que muchas corrientes marxistas todavía fortalecen y razón por la cual se mantienen cada día más lejos de las amplias masas oprimidas y explotadas en nuestro país. Las limitaciones de Marx son debidamente recuperadas, contextualizadas y elaboradas con tal vigor que abren, de hecho, una línea de investigación que aún no ha sido tomada en serio por la izquierda. En el mismo sentido, también es recuperado el debate dentro de la Internacional Comunista y podemos observar la grandeza de la acción política y teórica de Manuel Ugarte en los foros donde imperaban Lenin y Trotsky.

Después de todo, ¿el internacionalismo de Marx sepultó o abrió espacio para un debate serio y riguroso sobre la cuestión nacional? Es tan fecunda la respuesta del “Colorado” Ramos que en este libro publicado en 1968, escribió: “La palabra socialismo en América deben unirse firmemente a la resonancia de Bolívar moderno”. ¿Es o no es un “visionario”?

La Historia de la Nación Latinoamericana es el primer libro de Abelardo Ramos traducido al portugués. No tengo ninguna duda de su éxito, ni que la audacia editorial de Rolim Nelson está abriendo una nueva perspectiva que más temprano que tarde será adoptada también por otros editores. No puedo ocultar un cierto orgullo por el hecho de que Insular, de Florianópolis, asuma la vanguardia nacional en el terreno de la divulgación de lo que tenemos de mejor en el pensamiento latinoamericano. El brasileño está cada día más abierto a nuestra cultura común -la cultura latinoamericana- por lo que tengo total optimismo sobre la suerte del libro y el impacto en nuestro país. Confieso cierta revancha contra mis amigos de América Latina que, no sin razón, siempre se quejan de la falta de compás brasileño en relación al ritmo de las tranformacioanes que ocurren en otros países; a la defensiva, siempre sostuvo que Brasil se mueve más lentamente. Con su paso de elefante, el país ayudará con vigor esta tendencia a la recuperación de nuestro pasado común, nuestra identidad y la lucha por la segunda emancipación, sin la cual estaremos irremediablemente condenados al fracaso.

La Historia de la Nación Latinoamericana permanecerá con nosotros en repetidas ediciones, marcando época. Recomiendo a todos los que le dije a mi pequeña y adorable Eréndira Julia: frente a un gran autor, no ayuda mucho leer sólo los libros considerados más importantes o influyentes. Es necesario, luego, comenzar con la obra completa.

*El autor de la nota es Profesor del Departamento de Economía e Relaciones Internacionales y miembro del Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELA), Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC).