Opinión

Por Gastón Harispe, Diputado Nacional Octubres - Nuevo Encuentro

¿Cómo que vamos a un acto por Evita?

El 25 de mayo de 2003 fue un comienzo abrupto y paulatino a la vez, y como todo principio, tiene un final que lo antecede. Recuerdo que en el grupo donde militábamos los primeros Octubres habíamos discutido entre la opción Kirchner Presidente o abstenernos.

La conflictividad social era enorme y la alianza con Duhalde no nos dejaba ver el bosque, por lo que al final decidimos no acompañar. Pero ese memorable discurso de apertura del 25 nos puso a todos en alerta (algunos ya habían ido a la plaza) y ese día decidimos emprender el camino a que nos invitaba ese hombre.

El fin de ciclo representó el cierre de una etapa expulsiva, de vaciamiento económico, pérdida de soberanía, impunidad y el comienzo del quiebre con la institucionalidad de los ´90. Los principales nombres de los entregadores de la Patria no pasaron más: Menem; Duhalde; los Alsogaray y otros de la etapa menemista hoy se refugian mayoritariamente en la oposición. Los funcionarios que acompañaron a De la Rúa en el gabinete hasta el helicóptero no pudieron levantar cabeza, salvo alguna. En ese 2003 decíamos que “hay una etapa que no termina de morir y otra que no termina de nacer”. Los períodos de cambios, cuando quedan en la historia, deben vivirse así, supongo (si no no quedan en la historia).

El 26 de julio fuimos a la Plaza varias de las organizaciones sociales que empezamos a ser definidas como los “piqueteros K”. Recuerdo que una querida compañera me dijo en una asamblea barrial: “¡¿cómo que vamos a ir a un acto por Evita, si somos piqueteros?!” a lo que otro respondió: “¡si vos y toda tu familia son peronistas!”, lo que habilitó un gran debate dentro de nuestra joven fuerza social acerca de la política y el proceso de recuperación que queríamos ayudar a emprender, similar a las miles de reuniones que se dieron entre cientos de grupos sociales surgidos del desamparo, la desnutrición que arreciaba, la desocupación de los jefes y jefas de hogar y la diáspora del movimiento nacional y popular de los ´90. En nombre del peronismo se había entregado la Patria, pero ahora había posibilidades de reconstruir el movimiento o generar uno nuevo. Había una oportunidad para la Argentina, “una luz al final del túnel” como decíamos. No nos equivocamos en ese momento de debilidad institucional y escasa representación electoral.

Néstor había salido segundo con el 22% de los votos, y Menem no había querido darle el triunfo electoral en segunda vuelta. Tenía un gabinete armado sobre el pucho y un colectivo político pequeño. Además, habían caído varios Presidentes en el lapso de 2 años, por lo que el futuro de Néstor garpaba poco.

Con un acta firmada por varios grupos que constituimos el Frente de Organizaciones Populares (FOP) nos comprometimos a “dejar los cortes de ruta para favorecer la paz social”, cuestión muy necesaria para poder gobernar en la emergencia. No había un peso en los Ministerios y los funcionarios nacionales siempre recuerdan en cada inauguración que uno de los salones de la Casa de Gobierno era utilizado por Néstor para escuchar a los intendentes y decirles que no había plata. “Pero con ser escuchados alcanzaba”.

Esa ruptura institucional que representaba un nuevo gobierno con el norte en incluir, integrar, hacer obras bajo el significante de “salir del infierno” se desarrolló y a poco andar dio signos de reparación paulatina de la crisis de hegemonía del 2001. No hubo mejoría en la representación política hasta que la autoridad presidencial se estrechó en abrazos con su pueblo y empezó a desandar el camino de los ´90 de recetas económicas neoliberales; el 2001 con sus muertos, la represión y la devaluación del 2002 de Duhalde, Alfonsín, los sectores exportadores y los alcahuetes que entregaron los derechos de los trabajadores. Néstor dijo como nunca nadie había hecho, desde Perón hasta el 2003: “Es por acá, por el camino de la inclusión, el trabajo, el salario y el mercado interno, sin represión a los conflictos sociales”. El 2003, con la Argentina prendida fuego, vimos nacer el nuevo liderazgo de un hombre que hoy extrañamos mucho y que para mostrarnos sus intenciones, hace exactamente 10 años, se rompió la ceja tirándose entre la gente que lo abrazaba. Hace muy poco de todo eso. La lucha de nuestro pueblo y Néstor nos metieron en la historia. Y Cristina conduce en la década ganada ante una oligarquía que no perdona ni olvida.