Pero más allá de las razones que tuvieron los antiguos para descerrajar semejante pronóstico sobre nuestras atribuladas conciencias, lo cierto es que nadie, que este escriba conozca al menos, le otorga el más mínimo grado de interés al tema, salvo como justificación de chistes de dudoso gusto. Es que, a a comprar diferencia de la amenaza del Y2K en el cual muchos salieron, en aquel tiempo, rápidamente pilas y agua envasada, ningún signo de importancia avala la suposición de que se acaba el mundo.
Pero si salimos del mundo mediático y nos trasladamos al mundo de la política, sí hay un mundo que parece estar derrumbándose: es el de quienes, amparados en el poder que les otorgaba el dinero y su falta de escrúpulos, han jugado el rol más nefasto para el desarrollo pleno nuestra Nación y el bienestar de nuestro pueblo.
Estos personajes siniestros, ya conocidos por todos, son los que disfrutando de una posición privilegiada contaron siempre con la protección de las corporaciones militares o judiciales que le brindaban un manto de obscena impunidad para hacer sus grandes negocios, muchos de ellos teñidos de sangre.
Pero, es sabido que cuando se producen cambios que modifican los paradigmas vigentes, estos cambios devienen inexorablemente en cambios culturales. Es decir, cambios de carácter irreversible. Cuando eso sucede, comienzan a verse en el panorama social signos que preanuncian el advenimiento de un nuevo tiempo. Algunos saben ver esos signos. Otros por su torpeza o por su incapacidad de reconocer la derrota, creen que todo seguirá siendo como antes. Lo que significa para su pensamiento retrógrado que todo “seguirá siendo como debe ser”.
Estos últimos días han sucedido una serie de hechos que más bien tienden a sugerir que se avecinan cambios que no por anunciados serán menos sorprendentes. Veamos sólo algunos de estos signos o hechos. Como se prefiera:
a) Se ponen al descubierto las burdas maniobras del camarista Ricardo Retondo para designar jueces adictos al multimedios junto con su colega Graciela Medina, sobre ambos pesan gravísimas denuncias sobre un fallo a favor de Cablevisión.. El marido de esta última, además, es abogado de Clarín.
b) Se hace público que este grupo sobornó con viajes y otros beneficios al juez De las Carreras que ya estaba totalmente comprometido con los designios de Magnetto.
c) Fintech, dueño del 40% de Cablevisión, pide acogerse a la ley de medios e hizo una presentación a la AFSCA.
d) La Corte le concede al grupo multimedia la extensión de la cautelar.
e) El Juez Alfonso dictaminó en primera instancia la constitucionalidad de la ley de medios.
f) El grupo Clarín hace la apelación de este fallo para evitar el accionar de la AFSCA en la aplicación de la ley y declara públicamente que no se someterá a ella por considerarla anticonstitucional.
Sin entrar a juzgar la fuerza que tiene cada contendiente, lo que resalta de esta somera lista es que ya nada parece ser como era antes. Esto no significa que Magnetto & Cía se entregarán pasivamente al imperio de la ley, no. Poseen un ejército de abogados que están desde hace tres años trabajando día y noche para torcer la voluntad popular y ya se sabe que las hienas cuando se sienten amenazadas son más sanguinarias y peligrosas.
Pero quienes adherimos a este modelo de país que estamos construyendo, sabemos que la lucha será larga e impiadosa.
Además sería saludable entender que esta lucha no siempre se va a dar en el terreno de la justicia. Estos personajes cuentan con una enorme potencia de fuego con los medios que controlan y para ellos eso es lo que vale.
Si uno tiene en cuenta que un hombre como el CEO de Clarín, que supo estar en excelentes términos con la dictadura genocida, hoy quiere jugar el papel de un ser que se debate furiosamente para defender sus negocios enfrentándose a la, cada vez mayor, condena social, no es posible imaginar siquiera que, desde la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, este astuto hombre no ha tomado sus previsiones para evitar el desmantelamiento de la enorme estructura que fue creando a través de los años. Creer eso es pecar, cuando menos de ingenuidad.
Es más probable que Magneto y sus cómplices han tomado su precauciones para el caso en que no pudieran frenar la aplicación de la ley como se han propuesto: Existen mil recursos a su alcance para minimizar los efectos de la ley, desde nombrar testaferros para competir por las licencias a las que como grupo debe abandonar, presionar con su enorme poder a quienes se hicieran cargo de algunas de esas licencias para doblegar su voluntad de emitir de manera más ecuánime o frenar, siempre mediante presiones de tipo económico (o de las otras) la inserción de publicidad de los anunciantes en los medios que se hubieran hecho cargo de las licencias recientemente adjudicadas.
Si esto fuera así, se reforzaría la presunción de este cronista acerca de los verdaderos objetivos de Magneto en el enfrentamiento con el gobierno y el poder legislativo. En este supuesto no es la defensa de intereses económicos lo que desespera al grupo Clarín, es algo que va más allá. No sería descabellado suponer que el verdadero interés de Magneto pasa por el terreno de lo simbólico; si tuviera que aceptar que CFK le torciera el brazo, el deterioro de su prestigio personal sufriría una lesión grave y permanente. Que le gane la pulseada una mujer y para colmo peronista afectaría su imagen de hombre poderoso e invencible ante otros sectores que también se atreverían a enfrentársele. Desde competidores en distintos negocios hasta jueces, secretarios y fiscales hoy más o menos adictos a las migajas de su poder.
Si esta Presidenta lograra torcerle el brazo, como inevitablemente hará, no cabe duda que muchas de sus ambiciones ligadas al poder internacional de grupos mediáticos importantes en serio, se verían afectadas definitivamente. Ya no sería un hombre al cual todos le temen. Ya no podría “hacer caer gobiernos con sus cuatro tapas en contra” pues esta presidenta viene soportando centenares de tapas y de editoriales y programas televisivos en contra, etc. y hoy cuenta con el respaldo (mostrado el domingo 9 de diciembre) de millones de argentinos en todo el país.
En esas condiciones, para los grandes medios internacionales que suelen integrar esa ONG llamada la SIP y otras por el estilo, ya no jugarían su posición para defenderlo como hacen hoy pues ya sería un caso perdido. Si la gente y los otros medios, si los jueces y los funcionarios, si los obreros y sus delegados gremiales no le temen, entonces, como suelen decir los yanquis en estos casos, Clarín y sus empresas serían sólo producto de un error de puntería en una operación mayor. Un simple daño colateral. Nadie por quien arriesgarse una condena social.


