Pero, como todo aprendizaje, además de ser doloroso, deviene en un cambio de actitudes. Y que no duden los poderes fácticos, como se ha dado en llamarlos, ni las corporaciones que este pueblo más temprano que tarde habrá de cambiar de actitud respecto a esa justicia que hace caso omiso de las leyes o las interpretan groseramente si éstas pudieran afectar los intereses económicos o políticos de los poderosos que suelen contar con la Banelco siempre lista.
Desconocer, mediante argucias “legales” la voluntad de los legisladores y de la sociedad toda, una ley que contó con amplia mayoría de legisladores y el consenso de una enorme porción de entidades civiles, para impedir que la misma coarte su accionar monopólico, es cuando menos esperable de un grupo como el de Clarín, pero que esas argucias cuenten con el apoyo y beneplácito de la mayoría de los jueces, provoca, además de bronca, náuseas por lo desfachatado de sus resoluciones.
Si usando una prerrogativa legal el Gobierno recusa a los miembros de la Cámara por presunción de parcialidad, en tanto se demostró que habían recibido prebendas lo que constituye de por sí un delito y bastaría para iniciarles juicio político, es la misma Cámara denunciada la que rechazó la denuncia, lo que era más que previsible que no se iban a incriminar aceptando la denuncia. Claro que si alguien acusa a un ciudadano cualquiera de haber cometido un delito, nadie aceptaría que éste se auto indultara diciendo que no aceptaba la denuncia. Es entonces claro que la justicia, con estos jueces y esta Corte Suprema, no le garantizan justicia al ciudadano común. Tal vez sí impunidad y beneficios a los Magneto & Cía.
Resulta evidente que esta jugada de la Corte, además de permitirle al monopolio Clarín más tiempo para seguir burlando la voluntad popular, le otorgó la nada despreciable arma simbólica de haberle ganado otra vez a los humildes de la república, con lo cual ya estamos viendo los titulares de los medios concentrados regocijándose de que, ayudados en este caso por el máximo tribunal, le hayan podido asestar otro golpe al Gobierno Nacional.
Salvo los sectores comprometidos con este modelo de país, parecería que a nadie le importa la frustración y el cansancio de la gente que esperaba que por fin se hiciera cumplir con la ley de medios que es una ley de la democracia. Pero ese ignorar la frustración de la gente y su cansancio ante una justicia prebendaria que solo encarcela pobres y desvaídos y se inclina servil ante los poderosos de turno. Pero es bueno recordar que ningún poder es eterno y todos aprendemos, Aprendemos qué podemos y qué no podemos esperar de la corporación judicial y ese aprendizaje va, irremediablemente, a cambiar nuestras actitudes respecto a quiénes asumen un compromiso con la Constitución y sus leyes y quiénes sólo se sirven de ella para beneficios personales. No importa lo que digan Clarín y sus socios. No les será fácil retrotraer la historia en marcha. Somos la mayoría y así como las corporaciones se atrincheran para defenderse de la ley, nosotros sabremos atrincherarnos para defendernos de las injusticias y de los genuflexos jueces que terminan trabajando para las grandes corporaciones en lugar de hacerlo para el pueblo, que en definitiva es quien les paga sus abultados estipendios.



