Opinión

Por Guillermo Roffé

Diciembre 2001/ Diciembre 2011: Una comparación inevitable

Imposible no recordar, no hacer una comparación desde este hoy tan lleno de promesas con aquellos días de hace una década donde imperaban el miedo y la incertidumbre, la desesperación y la bronca, las actitudes miserables y las heroicas.

¿Cómo no recordar esas situaciones que, insólitamente lograron  movilizar a una clase media habitualmente inmóvil y hacer causa común con los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad? Imposible no tener presente aquella caminata donde los piqueteros del interior iniciaron su marcha sobre Buenos Aires y esa misma clase media que antes los despreciaba o desconocía, les alcanzaba vasos de agua y les ofrecía asientos para que descansaran.

No se trata de hacer un análisis político sobre el fenómeno social que representó el 20 de diciembre del 2001 pues ya está analizado desde todos los ángulos posibles. Se trata simplemente, de trazar una mirada desde este hoy, con miles y miles de jóvenes compartiendo las calles, codo a codo con muchos de los que participábamos en aquellos días de dolor y vergüenza y la existencia de un proyecto de país que nos ilusiona a todos.

Es que trazar esa línea de tiempo nos permite hoy tomar conciencia de que aquellos días del 19 y  20 de diciembre de hace diez a años, no fue sólo un hecho aislado producido como reacción a las políticas miserables de los De la Rúa y de los Cavallo (Ninguno de los poderes concentrados que siguen operando en nuestro país se alteraría si así fuera); lo que los pone al borde de la desesperación es que en esos días comenzó a gestarse un nuevo actor social que culminó en esta actualidad donde la juventud asume definitivamente su rol protagónico, haciéndose cargo de las responsabilidades que la vieja clase dirigente nunca quiso que ejerciera.

Las imágenes de las Madres de Plaza de Mayo golpeadas por policías a caballo en la noche del 20 y los gases enturbiando el aire de Buenos Aires entre el resplandor de las fogatas y los disparos a mansalva de la Guardia de Infantería, las sirenas de los carros policiales y los esbirros de civil infiltrándose en los grupos movilizados para tratar de atrapar algún adolescente que no corriera lo suficientemente rápido, componen el cuadro que ilustra el germen del cambio político y social  más importante desde el 17 de octubre del ‘45.

Desde esos días en que pequeños comerciantes del Gran Buenos Aires se apostaban en el techo de sus negocios con una escopeta, esperando defenderlo del saqueo que se anunciaba, hasta este presente donde la Presidenta de la Nación inaugura una planta industrial o un hospital y en cada acto se suman por miles los que agradecen su gestión, comienza a desarrollarse una nueva visión de la Argentina. 

Una visión nacida desde los trasfondos de una sociedad castigada y sumergida por la ambición de unos pocos privilegiados y la cobardía de sus esbirros. Una visión elevada al rango de política de Estado gracias a la participación masiva de todos los sectores comprometidos con el bienestar general.

Recordemos por un momento los cinco presidentes (¿?) que tuvimos por unos pocos días sólo por la ambición de poder y el desparpajo de esos dirigentes que aspiraban al trono y que al comprender que la cosa debía ser en serio y que el pueblo podría después pedirle que rindan cuentas, salieron corriendo y sólo quedó uno. Es que esos energúmenos de la política se sentían depositarios de un destino venturoso de poder y dinero y terminaron como terminaron, entre el desprecio y la burla de un pueblo   al que ya no podrían engatusar.

Ese día los argentinos   comenzamos a construir una nueva realidad y una nueva posibilidad; si los representantes de esos viejos poderes concentrados, que desde siempre estuvieron al servicio de intereses económicos ajenos al país,  quisieran intentar recuperar el terreno perdido desde el año 2003, deberían saber que nuestro pueblo ya no es el mismo que hace una década. Hoy encontrarían a un pueblo que aprendió a defenderse y que no necesita de ningún dirigente que los movilice. Hoy se moviliza espontáneamente por su conciencia  de sí.

Desde esos vergonzosos episodios hasta esta realidad donde el 54,6% de los votantes reeligen a la Presidenta y asegura por tres períodos consecutivos un mismo proyecto político, el proceso habla indiscutiblemente del crecimiento y madurez política de la mayoría de nuestra sociedad que hoy, tiene más claro que nunca dónde están los que conspiran contra el país con movilizaciones destituyentes como en los días de la 125 o con corridas contra el dólar como recientemente para desestabilizar la economía y así sabotear el proyecto de inclusión que se está llevando a cabo muy a su pesar.

Pero no debemos sorprendernos si de pronto y de manera intempestiva algún sector decide abandonar el barco seducido por la notoriedad que seguramente adquirirá con esa acción de saltimbanqui, sabemos que los enemigos de siempre están heridos pero esperando su oportunidad para recuperar lo que considera “derechos adquiridos” para ganar con la especulación y el despojo al país. A ellos debemos oponerles nuestra claridad de ciudadanos y nuestra abnegación de militantes. Ellos no van a renunciar, Nosotros tampoco. 

Estos días deberían servirnos para reflexionar que La mansedumbre no es sabia, ni la impaciencia es valor.