Los bancos, las corporaciones, los organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, Club de París) intentan desplazar a los estados nacionales. El Juez Griesa y la Corte Suprema de los EE.UU. no responden sólo a los intereses norteamericanos, sino a la corporación financiera mundial.
Este poder, conducido por la aristocracia financiera, no tiene ningún compromiso con electores que lo hayan votado ni contratos sociales a los cuales responder. Su tremendo poder no proviene de la voluntad soberana de pueblo alguno ni de un país determinado y es esta megapotencia financiera a la que debemos dar batalla.
La deuda argentina destapó la olla.
La dignidad y fortaleza de Cristina tienen pocos antecedentes y debe ser acompañada por la unidad del pueblo argentino movilizado en defensa de su presente y su futuro.
En su mensaje del lunes 16 de junio apareció el eco de la advertencia del Papa argentino: “Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia o sin poder, sino que es está afuera”.
La presidenta fue clara: volver a las condiciones de endeudamiento, de las que con esfuerzo logramos salir, es someternos a un destino de exclusión, de descarte para las grandes mayorías nacionales.
MERCOSUR, UNASUR, BRICS, son nuestros aliados en la paz y deben serlo en este conflicto, que afecta en lo inmediato a nuestro país, pero es una amenaza a todos los países emergentes.



