Desde fuera Bachelet inventa una comisión de un centenar de supuestos expertos. Se alcanza un armisticio que festejan con los brazos en alto representantes del Poder Ejecutivo y de la Oposición. Tal comisión -oh. parto de los montes- concluye estucando la LOCE y -al mejor estilo gatopardesco- presentándola como algo nuevo conocido como LEGE. Los estudiantes se desmovilizan quedándose con el «pase libre» y la PSU gratuita. Bachelet ahora expresa «me fue imposible modificar la estructura escolar por carecer de apoyo parlamentario». Pocos le creen.
Hoy la ACES y la CONFECH se mantienen firmes. Es cierto, eso de la «calidad» permenece indefinida y el gremio magisterial se niega a evaluarse. Sin embargo, restaurar la gratuidad y suprimir el lucro son postulados nobles. No obstante, el programa estudiantil tiende a expandirse a lo ancho incorporando demandas como derechos de los pueblos originarios, renacionalización del cobre, plebiscitos vinculantes y nueva Carta. Pareciera lo conveniente profundizar lo académico. Por ejemplo, no se denuncia la multiplicación enfermiza de liceos humanistico-científicos que implica multitud de clientes de UU. Estas brotan como callampas con carreras sin empleabilidad. Tampoco se observa inquietud por la desvalida educación tecnológica.


