Opinión

Espionaje telefónico y complicidades político-mediáticas

Por Lilia Jorge

Cuando ya nadie ignora los avances de los medios de comunicación sobre la intimidad de las personas, el espionaje telefónico realizado por News of the World no deja de generar una estupefacción generalizada.Con el afán de descubrir los ribetes más escabrosos de la realidad, el periódico inglés ha sobrepasado todo límite.Después de haber deglutido todas las posibilidades de mostrar lo que aparece en el espacio público, su editor, Rupert Murdoch, no tuvo ningún prurito en penetrar con maniobras ilegales en la vida privada de los ciudadanos, llegando al colmo de intervenir las comunicaciones de quienes sufren la muerte de un ser querido para hurgar en lo más candente de la herida.Lejos quedó aquel sensacionalismo que ahora podríamos calificar de ingenuo, surgido en el fragor de la batalla por el mercado editorial que entablaron Hearst y Pulitzer en los albores del siglo veinte.Hoy, la tipografía tamaño catástrofe, los relatos novelescos o las cámaras abalanzándose sobre algún cadáver o sobre el dolor de las familias ya no son suficientes. Había que llegar al núcleo duro del dolor, ese que sólo se manifiesta en privado y que -a veces- apenas se balbucea.Con cuatro mil líneas telefónicas intervenidas, el periódico británico News of the World no es más que la punta del iceberg.Todavía no se conoce la magnitud del fenómeno, pero ya hay que lamentar la muerte del periodista que se atrevió a hacer las primeras denuncias.Hasta ahora, la única cara visible es la de Rupert Murdoch, el magnate de la prensa de habla inglesa que casi recibe un platazo cuando rendía cuentas de sus actos ante el Parlamento.La imagen que recorrió el mundo no deja de ser un síntoma promisorio. Ese gesto demuestra que el público está reaccionando frente a la invasión de la privacidad, la manipulación y la humillación por parte de quienes piensan que hacer periodismo es hurgar en detalles escabrosos y exhibirlos con toda impunidad.Otros platos habrá que lanzar para denunciar las complicidades político-mediáticas que el affaire Murdoch sacó a la luz o, mejor aún, nuevas medidas institucionales tendrán que ponerse en marcha, como las iniciadas por la Cámara de los Comunes, que no titubeó en empezar por arriba.Convocó nada menos que al primer ministro David Cameron para que diera explicaciones por la contratación como jefe de prensa de Andy Coulson, personaje que tenía una causa judicial por espionaje desde la época en que dirigía News of the World.También fueron dadas de baja las máximas autoridades de Scotland Yard, y todo parece indicar que otras comparecencias se producirán en los próximos días.Situaciones similares -como contratar gente con antecedentes delictivos y ponerlos al mando de la Policía Metropolitana- hemos conocido en nuestra ciudad de Buenos Aires. Pero, hasta ahora, con resultados diferentes.Mientras Cameron ve tambalear su futuro político, el Jefe de Gobierno local permanece impasible ante los procesos judiciales que lo cercan, negando toda responsabilidad, y disfrutando de la complicidad que le proporcionan los medios corporativos cuando minimizan las acusaciones y lo apuntalan como candidato a la reelección.Aquí, tal vez, no sea necesario el revoleo de platos; bastaría con que los sufragantes hicieran hablar al voto para exigir que las instancias judiciales y legislativas pongan en jaque a los funcionarios con prontuarios.