Opinión

Por Guillermo Roffé

Si Evita viviera…

…no sería montonera. Y no por falta de coraje o por no compartir los sueños libertarios que marcaron a toda una generación. No. No lo sería por una elemental certeza de que, a la larga, aparecería en el horizonte de la patria alguna otra mujer que como ella, encarnara lo más profundo de la esperanza de un pueblo.

Evita había aprendido del General que las revoluciones se hacen con mucha sangre o con mucho tiempo. Y él había elegido el tiempo.

Como los argentinos estamos comprobando día a día, aquellas reivindicaciones básicas por las que Evita luchó hasta el final de su vida hoy son una realidad y los trabajadores, somos los primeros en verificarlos.

Este cronista no ignora el principio elemental de tener en cuenta el contexto socio-cultural de cada época, claro que en 1945 no era concebible un matrimonio igualitario, por ejemplo. Pero convengamos en que tampoco estaba dentro de los derechos que reclamaba la sociedad. Cada época genera sus propias necesidades y los consiguientes recursos para darle respuestas. Esto dicho para recalcar que aquello por lo que peleó Evita son, en el fondo, las mismas cosas. Es decir, peleó por aquello que la sociedad de su tiempo sentía como legítimo. Aunque no contara con la aprobación de los poderosos.

Al igual que en los tiempos de Evita y de Perón (1945/1952) hoy  nuestra sociedad se debate entre logros absolutamente trascendentes como la reciente estatización de YPF.

Y los ataques de minúsculos grupos que no se resignan a su posición marginal en la escena política nacional por decisión mayoritaria de la sociedad. Cada paso adelante en el camino hacia la justicia social y la integración, encuentra los palos en la rueda que ponen los idiotas útiles de siempre mandados por los mariscales de la frustración y la entrega, hoy enquistados en las trincheras mediáticas desde la que disparan al país.

A Evita también le criticaron la ropa que se ponía, también dijeron que ella lo tenía a Perón de hijo y que la que mandaba en el país era ella. Dijeron que era prostituta, que engañaba a Perón con cualquiera, que qué se podía esperar de una actriz de mala muerte.

Si hoy estuviera viva, seguramente habría festejado con nosotros el resultado histórico de la votación en Diputados el pasado jueves 3 de mayo. Por varias razones; la primera, porque ese resultado representa un enorme paso hacia el definitivo control de nuestros recursos energéticos y Evita sabía bien la importancia de ese recurso. También festejaría porque ese resultado demostró, más allá de las comprensibles críticas parciales, que los argentinos, cuando de objetivos estratégicos nacionales se trata, podemos posponer temporalmente las diferencias metodológicas o ideológicas para lograr esos objetivos deseados por la mayoría.

Y por último, festejaría porque quien impulsó estas transformaciones fue otra mujer. Otra mujer que como ella, dejó de lado su vida personal para entregarse de lleno a cumplir la trascendente tarea de conducir al país hacia la conquista definitiva de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social.

Entonces, con la certeza de estar en camino correcto, con las precauciones lógicas de quienes esperan ataques solapados o descubiertos y con la alegría de saber que hay toda una generación dispuesta a sostener esas banderas por las que Evita dio la vida, hoy, 97 años después del día venturoso en que vio la luz, le decimos Feliz cumpleaños compañera.