El contexto de la segunda guerra mundial y de la postguerra, con su cierre de mercados, con la declinación de Gran Bretaña y el surgimiento de los EEUU como potencia hegemónica occidental conllevaron a fuertes cambios en la escena internacional y en los mercados.
Los EUU eran un país que provenía de una fuerte tradición proteccionista, con un bajo componente de importaciones en su balanza comercial y por otra parte constituía un poderoso productor de materias primas, a diferencia del anterior centro hegemónico británico que era un importador neto de productos primarios.
La necesidad, en principio, fue el motor de este tipo de industrialización, que en primer lugar se ocupó con timidez de la fabricación de los bienes que la guerra mundial tornaba inaccesibles, a partir de talleres existentes o de nuevos desarrollos. Ante el surgimiento del dólar como nueva moneda internacional en la postguerra, el sector exportador agropecuario, tradicional fuente de divisas en la Argentina, sufrió un proceso que osciló entre el estancamiento y el crecimiento lento ya que EEUU se constituía en el líder mundial de exportación de productos primarios. Dicho proceso se evidenció en toda América Latina.
El pensamiento económico estructuralista, con la figura de Raúl Prebisch como principal mentor, tomó esa escasez de divisas como punto central de sus desarrollos. Existía en una primera etapa de la ISI (Industrialización por sustitución de importaciones) en que la reducción del coeficiente de importaciones (el cociente entre lo importado comparado con el volumen bruto de la producción, es decir las ventas totales en el mercado interno) era lo deseable, dada la mencionada escasez de divisas. Dicha política comenzó a exponer sus límites, “limites técnicos” al decir de Aldo Ferrer, luego de superar la etapa “fácil” de la ISI, cuando como afirma el economista argentino Fabián Amico “el desarrollo de la industrialización comenzó a implicar la sustitución de bienes intermedios y de capital.”
En este punto los senderos bifurcaron…… En buena medida los estructuralistas criticaron el proceso de desarrollo centrado en el mercado interno que provocaba mayores costos relativos a los costos internacionales y la tendencia a la autarquía implícita, en algunos procesos históricos, como el primer peronismo. Valga como ejemplo que don Arturo Jauretche publicó una obra llamada “El Plan Prebisch, retorno al coloniaje” para criticar los aportes del eminente economista tomados como diagnóstico por la Revolución Libertadora de 1956.
La ISI continuó en la Argentina con fuerza a pesar de los conflictos y discontinuidades políticas, de los ciclos de “stop and go” del péndulo histórico de nuestro crecimiento, tuvo una expansión adicional bajo el desarrollismo, que incorporó al capital extranjero, buscando capitales y tecnología y posibilitó un desarrollo de la exportaciones industriales en su fase final antes de ser desmantelada por Martinez de Hoz y la Dictadura a partir de 1976.
No pretende este breve preludio discutir en profundidad los claros y obscuros de un sendero que permitió en su fase final que la Argentina industrial ocupara una cuarta parte de nuestro producto (hoy es del 18 %).
Me voy a servir del pensamiento de Marcelo Diamand para conectar los problemas de la sustitución de importaciones visibles en la década del 70 con los problemas actuales. Fabian Amico, a quién ya me referí, cita a Diamand cuando afirma que “buena parte de los problemas comienzan a aparecer cuando la ISI se desplaza “hacia atrás”, desde los bienes finales hacia los bienes intermedios. Pone el ejemplo (Diamand) de la producción de una heladera. La primera etapa es el montaje del producto a través del ensamble de motores eléctricos, compresores y otros componentes importados. En una segunda etapa se comienzan a fabricar (sustituir) los motores y compresores a partir de partes también importadas. La tercera etapa sería la fabricación del alambre de cobre esmaltado y otros elementos utilizados para la fabricación de los motores”….
Este hecho llevó a Diamand a establecer un “costo límite” a la sustitución de importaciones. Este se define como el menor costo necesario para que el ritmo de sustitución de importación alcance a mantener equilibrado el sector externo con pleno empleo. En palabras del economista Martín Burgos “en determinadas industrias las necesidades de importaciones de materias primas eran superiores a las que se ahorraban por el bien de consumo importado”…
Simplificando, la sustitución en su faz más compleja induce a un uso creciente de insumos y bienes de capital, por un lado la importación de los mismos puede insumir más recursos que la importación directa del bien final. Un problema para el cuidado de las reservas, cuya existencia es condición necesaria para el proceso de crecimiento. Otro problema es el de costos, ya que la sustitución de insumos industriales y bienes de capital, elevaría los costos de la producción intermedia y por ello de los bienes finales producidos localmente. En términos teóricos este dilema de Diamand quedó aquí. Luego vinieron treinta años de políticas de desarticulación de la industria cuyos costos eran superiores a los internacionales y la lógica del mercado y de la productividad de los sectores con ventajas comparativas destruyó el tejido industrial y reprimarizó la estructura productiva argentina, destruyendo el salario y el empleo.
Cómo puede ser exitosa una política sustitutiva de importaciones en la Argentina actual? En primer lugar debemos tener en claro los problemas de escala. Proteger nuestro mercado interno es inexcusable, pero el tamaño del mercado necesario en este mundo capitalista globalizado incluye imprescindiblemente al Mercosur. En segundo lugar la experiencia de la etapa final de las ISI mostró que la expansión del mercado conduce a mejoras en la productividad de la industria, la cual debe también incluir las exportaciones en su menú, como auténtico reaseguro a la provisión de divisas.
El futuro de nuestra industria exige nuevamente sintonía fina. Sobre el modo de aplicación de esta estrategia en el presente hablaré en el próximo artículo. Sin dudas es la sustitución de importaciones la acertada estrategia a seguir, teniendo siempre en cuenta que el éxito final se define en las decisiones tácticas de corto plazo, en la coyuntura.



