Existe una vieja disputa acerca de si el 1º de mayo es una conmemoración por los mártires de Chicago o es un festejo de los trabajadores en su día. Este cronista opina que es ambas cosas; Por una parte, es la recordación permanente del sacrificio de aquellos abnegados trabajadores que dieron su vida por defender a sus compañeros y es bueno que no nos olvidemos de ellos. Pero también es un festejo porque, desde 1886 fecha en que asesinaron a esos líderes de los trabajadores hasta hoy mucha agua ha corrido bajo el puente de la historia. Pensemos sólo por un momento que los trabajadores de Chicago reclamaban la jornada de 8 horas y vale la pena tener presente que en aquel entonces la ley sólo determinaba que estaban prohibidas las jornadas que superaran las… 18 horas..! Es fácil imaginar por qué la policía a sueldo de los empresarios, desataron su furia contra los dirigentes que no aceptaban que por su desmedida ambición se les cercenara la vida bajo aquellas execrables condiciones.
Ahora, ¿por qué es también un festejo? En realidad lo es porque, en esos lejanos días de fines del siglo XIX, lo que aquellos luchadores lograron, con sus más y sus menos, fue definitivo. Hoy sería impensable, por ejemplo, que un trabajador tuviese que trabajar también los fines de semana en lugar de descansar con su familia. Pues bien, esa conquista fue irreversible. Y ése es algo que los laburantes tenemos que tener claro: la mejor manera de honrar y recordar a aquellos mártires de 1886, es la lucha permanente para hacer que las conquistas que un pueblo logra a través de sus mejores dirigentes sean irreversibles.
Por eso hoy además del clásico recordatorio, festejemos; festejemos haber logrado la anulación de las leyes de la obediencia debida, los indultos de Menem, el ver en el banquillo de los acusados a tantos ancianos genocidas que jamás esperaron verse allí, la AUH, la ley de medios audiovisuales, los aumentos a los jubilados dos veces por año, la nacionalización de YPF, el matrimonio igualitario y tantas conquistas más en los desde el 2003.
Pero también es importante que mantengamos un alerta total pues hoy la pelea es contra quienes esperan volver a los `90 y así poder participar de un nuevo desguace de la Argentina, tal como está sucediendo hoy en España, Italia, Portugal, Grecia, países a los que las recetas del FMI están llevando a la desesperación a millones de seres humanos.
También es razón importante de festejo el surgimiento de miles y miles de jóvenes que abrazaron la política con pasión, dejando atrás aquel nefasto “que se vayan todos”, producto de las campañas anti política del neoliberalismo que aseguraba que todo debía quedar en manos de los mercados y la política en manos de especialistas, es decir, de los políticos.
Porque serán estos jóvenes comprometidos con la verdadera esencia nacional quienes construyan el muro infranqueable que evitará cualquier intento de desandar el camino elegido por la mayoría del pueblo. Sabemos muy bien de qué son capaces esos sectores minoritarios que fungen como alcahuetes de las grandes corporaciones y estados extranjeros para frenar el crecimiento de la Argentina.
Claro que siempre habrán los que blandiendo una supuesta heroicidad en la lucha contra la dictadura, no dudan en saltar como ranas en la sartén para reclamar por sus supuestos “derechos” a ser incorporado en el Gobierno de Cristina (o en cualquier otro que les dé lugar) Son los mismos que, con tal de conseguir los cargos a los que creen tener derecho, se asocian con lo más recalcitrante de la banda “periodística” de los medios hegemónicos o con los fracasados destituyentes del alicaído “Grupo A”. No deja de dar pena la desfachatez de estos dirigentes que no trepidan en presentarse en programas de TV conducidos, por ejemplo, por el impresentable de Nelson Castro, un enemigo declarado del Gobierno y de nuestra Presidenta.
Nada parece tener límites a la hora de pelear por un cargo, para sí o para sus secuaces.
Entonces, festejemos con la alegría de lo conquistado hasta hoy y festejemos con alegría el fracaso de las conspiraciones mediáticas para desgastar un gobierno que goza de mayor apoyo popular cada día.


