Es que ese día, un flaco desgarbado con más aspecto de hombre que se encuentra con sus amigos en un café que el de un estadista rodeado de mandatarios extranjeros asumía como Presidente de la Nación Argentina.Personalmente nunca sabré porqué me atraía la figura de Néstor Kirchner y tengo la sensación que, después de la debacle sufrida en el 2001/2002, a la gran mayoría de los que lo votamos en la primera vuelta le pasaba lo mismo. ¿Sería la necesidad de volver a creer en algo o en alguien? O tal vez fue simplemente su manera de expresar los propios sueños y su deseo de que todos pudiéramos compartirlos; los sueños de una patria mejor, más justa y más inclusiva.Después de la estafa moral de “el salariazo” y “la revolución productiva”, después de las muertes inicuas de cerca de treinta argentinos, en el 2002, cualquiera hubiera dicho que el pueblo ya no volvería a creer en los políticos que intentaran seducirnos con sus visiones de un mundo más generoso o con los supuestos beneficios del “derrame” de la copa de las riquezas de los privilegiados, conseguidas a costa del esfuerzo y el sacrificio de las clases populares. Y sin embargo, ese flaco apasionado que enarbolaba su condición de militante como una bandera de orgullo nacional logró que, de alguna manera misteriosa, se nos despertara la sensibilidad, hasta ese momento adormecida por tantas traiciones y tantas ambiciones individualistas que llevaron el país al desastre.Y de a poco comenzamos a creer; desde su discurso inicial con el que nos convocaba a reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación y a hacernos cargo de nuestro futuro, hasta su inusual manera de contactarse con el pueblo. A diferencia de otros presidentes que mantenían una segura distancia de la gente y que se limitaban a saludar muy circunspectos con una mano, él, el nuevo Presidente, Néstor o Lupo como lo llamaban sus amigos de Santa Cruz, ese día se mezcló directamente con la gente que lo aclamaba, estrechó manos, recibió caricias y hasta un golpe con una cámara de televisión que requirió un apósito sobre su frente. Lo que se veía hubiera sido impensable sólo unos meses antes; ¡un presidente mezclado con la gente! Un Presidente que al recibir su bastón de mando se dio el gusto de hacer firuletes con él, como quitándole sacralidad y recibiendo por ello la sonrisa cómplice de Cristina que más parecía la de una novia observando la travesura de su enamorado que la de una esposa de un Presidente. Eso ya configuraba una manera distinta de entender la política! ¿Cómo no creer entonces en ese flaco raro que nos invitaba a cambiar el país sin apelar a las “relaciones carnales” ni al cobarde pragmatismo que oculta las agachadas y el abandono de los ideales declamados?Debo confesarlo, de pronto sentí que a Néstor Kirchner uno podía invitarlo a jugar al billar en algún café de Buenos Aires, sin custodia ni alcahuetes alrededor. Lo veía como a un amigo en el que se podía confiar. Y tanto es así que circuló por esos días la versión de que Néstor se había “escapado” de la custodia presidencial para encontrarse con un amigo en un café de las cercanías de la Casa de Gobierno. No sé en realidad si eso sucedió o no, pero lo cierto es que el imaginario colectivo lo percibía como a alguien muy capaz de tener un gesto así. Pero lo importante de esta anécdota es que, como suele decirse, si no es verdad merece serlo.Por ello hoy el Mensajero Diario quiere rendirle un homenaje en el octavo aniversario de su asunción como Presidente de todos los argentinos porque como tal, hizo honor a sus compromisos con el pueblo. Encontró un país dividido y hambreado, con niveles de desocupación aterradores y una deuda externa que se pagaba con el hambre y la desesperación de los argentinos y comenzó la construcción de un modelo de país sin sometimientos externos y con niveles de ocupación inéditos en muchas décadas. Encontró un país donde el estado se limitaba a garantizar la no injerencia de las fuerzas armadas en la política y el respeto por los sistemas electorales y hoy asistimos al desarrollo de los juicios por las causas de delitos de lesa humanidad y robo de bebés, un país sin impunidad y con memoria.Néstor encontró un país con una Corte Suprema elegida a dedo y él fue el primer Presidente que expresamente renunció al derecho constitucional de nombrar a determinados miembros de es tribunal. Hoy tenemos una Corte Suprema que es modelo de equidad en todo el mundo.Por todo esto y por muchas cosas más que la historia se ocupará de ir develando, ese sueño que hasta el 2003 parecía inalcanzable, hoy forma parte de los sueños de toda una generación de jóvenes que declararon su disposición para acompañar a Cristina y terminar de hacerlo realidad.¡Cómo no íbamos a aprender a quererte Flaco si desde aquel momento, volvimos a soñar…!
Por Guillermo Roffé
Hace ocho años volvimos a soñar
Hace exactamente ocho años los argentinos vimos una pequeña luz al final del tenebroso túnel al que nos habían arrastrado las políticas neoliberales de privatizaciones mafiosas y corralitos.


