Se demostró en las votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por la sencilla razón de que acatar lo dispuesto por ese juez de faltas de los fondos buitres, implica para la Nación Argentina enredarse en un conflicto que abriría las puertas a que todos los acreedores del país reclamen igual trato.
Hacerlo, nos volvería a los argentinos diez años atrás, cuando teníamos una deuda externa que no podíamos pagar ni nos dejaba vivir. Fue por esta dura y simple razón que se reestructuró la deuda entonces, con quitas del 65% de los montos globales y extensión de los plazos de financiamiento. Eso permitió empezar a pagar sin ahogar el crecimiento de nuestra economía y el país pudo salir así del infierno en el que lo habían metido todos los gobiernos anteriores, esos que integraron los olvidadizos que ahora dicen que Argentina negoció mal.
Son los fondos buitres los que no quieren el mismo trato que el aceptado por la enorme mayoría de nuestros acreedores. Quieren cobrar sin quitas los papeles que compraron a precio de liquidación y además hacerlo con intereses usurarios. Esa sentencia no se puede cumplir porque además de ser injusta, amenaza toda la economía del país.
Pero estos buitres no son usureros angurrientos nada más. Expresan el interés del sector más agresivo del capital financiero internacional en el intento de un rediseño global que les permita succionar las riquezas de todo el mundo. Son por eso también golpistas y van atentar de todas las maneras posibles contra la estabilidad democrática de nuestro país. Ya lo están haciendo, con la complicidad de cuanto cipayo nostálgico de las relaciones carnales con el imperio habita en nuestro suelo.
Argentina les molesta porque actúa para construir un orden jurídico internacional que no puedan atropellar por poderosos que sean o se crean. El mismo orden jurídico que desconocen invadiendo Palestina y masacrando civiles con el argumento de que tienen “derecho a la defensa”. El mismo que pisotean cuando empeñan sus fuerzas armadas en ataques contra supuestos estados terroristas sin siquiera pedir autorización de su propio Congreso y menos a las Naciones Unidas. El mismo que pretenden ignorar por su invocada condición de “excepcionalidad” para no suscribir, por ejemplo, la Convención Internacional sobre Derechos del Niño. En efecto, Estados Unidos es uno de los dos países del mundo que se han negado a firmarla, porque genera obligaciones ante un organismo internacional, que no quieren asumir.
Argentina debe sostener este apriete hasta enero de 2015. Unos pocos meses. A partir de que comience a correr el año próximo, puede acordar también con estos litigantes sin que ese accionar genere demandas de igual trato del resto de los tenedores de bonos de nuestra deuda. Así está estipulado en los contratos que el país está cumpliendo rigurosamente. Algo que debiera conocer el octogenario Griesa o quienes lo asesoran.
Con nuevo fallo absurdo, Griesa sólo demuestra que no entiende lo que quieren decir las palabras. Ya había dado un anticipo peligroso de su confusión cuando se le ocurrió una interpretación absurda de la expresión latina pari passu. La frase traducida literalmente quiere decir con igual paso. Se la usa para indicar iguales condiciones. Pero en vez ordenar que a los buitres se les pague del mismo modo que al resto de los bonistas que entraron en la renegociación de la deuda, lo que hubiera sido aceptable para el país, la utilizó para sostener que debía dárseles un trato excepcional: pagarles sin ninguna quita el valor nominal de los bonos.
Tampoco Griesa entiende que Argentina no es un súbdito norteamericano. Nuestro país es una Nación que seguirá recurriendo a todos los recursos diplomáticos multilaterales existentes para detener este atropello. Porque al contrario de lo que dicen algunos extraviados, Argentina no se está “peleando con todo el mundo”, sino que está defendiendo su interés nacional. Nada menos.



