LAPEÑA Y SUS PRÉDICAS DEL CAOS PRIVATISTA A PROPÓSITO DEL RECIENTE DISCURSO –NOVIEMBRE ’12- PRONUNCIADO EN EL INSTITUTO A. E. GRAL. MOSCONI Una más de las expresiones de “ética energética”, provenientes del riñón del establishment privatista – extranjerizante, que tanto daño hizo al país, cuando desde la partidocracia cómplice del neoliberalismo, “continuó las tareas” comenzadas por el procesero Martínez de Hoz y su troupe de Chicago’s Boys. Es de recordar que bajo la gestión de Lapeña, en el alfonsinato, se paralizó el Plan Nuclear; se detuvo la construcción de Atucha II (que era el paso previo a su desguace); se paralizó de hecho el Plan Hidroeléctrico; y contra toda lógica técnica, se hizo funcionar como centrales de punta a las dos nucleares (diseñadas para funcionar como usinas de base), lo cual ocasionó costosos daños a ambas centrales, que después debieron sufrir largas paradas por reparaciones; y en pleno alfonsinato se produjo una muy seria crisis eléctrica por falta de potencia y escasez de capacidad de generación, lo cual provocó cortes generalizados, que hicieron pulular los grupos electrógenos móviles, estacionados frente a Bancos, supermercados y grandes edificios, en diversas ciudades del país, provocando caos y mucho malestar. ¿Puede hoy alegremente venir a “darnos consejos” como si viniera de un repollo? Por otra parte, los pomposamente autodenominados “ex Secretarios de Energía de la democracia”, fueron activos promotores y causantes directos del conjunto de perniciosas acciones llamadas “las privatizaciones salvajes”, que enajenaron casi todo el patrimonio estratégico argentino, por lo general en condiciones leoninamente perjudiciales para el Estado (o sea para los argentinos), y contribuyeron a montar un sistema de “desregulaciones” tan sui generis, que en esencia privatizó las ganancias y estatizó las pérdidas, en un esquema de rentabilidades aseguradas, que significó un esquema de riesgo cero para las corporaciones –casi todas extranjeras- que se adueñaron o manejaron las concesiones de casi todos los servicios esenciales, amén de industrias y actividades de altos valores estratégicos, como siderúrgicas, la única fábrica aeronáutica, los astilleros, etc. Sin perjuicio de poder señalarse muchos aspectos mejorables, o que en teoría pudieron ejecutarse mejor, a lo largo de estos nueve años de quiebre del neoliberalismo salvaje (que nos manejó y expolió entre 1976 y 2001), al puntilloso y atildado opinante, no le quedó más alternativa que reconocer los nueve años de crecimiento a tasas chinas (en rigor es un proceso de desarrollo, con énfasis en lo social, la infraestructura, la industria, la tecnología, y los objetivos geopolíticos de integración, mucho más abarcativo que un simple “crecimiento”); y olvidó señalar que en la década en la cual el opinante fue protagonista, Argentina retrocedió 9 %, en un deterioro tan acentuado que fue llamada “la década perdida”. ¿Puede entonces dar largas peroratas pretendiendo “dictar cátedra” el Ing. Lapeña? Demostrando ser hombre del establishment (pro termoeléctrico, ultra liberal y por ende privatista sin tapujos), no puede sorprender que el instituto que comanda se haya pronunciado en contra de la reestatización parcial de YPF, pese a ser un largo y profundo reclamo silente, de las grandes mayorías nacionales. Nada parecen importarle los perjuicios resultantes de los procesos de “ordeñe” apresurado e impiadoso de nuestras reservas de petróleo y gas, que consumaron las “privadas”, causando la caída de las reservas; de las pobres inversiones reales, tanto en exploración como en explotación de nuevos pozos, de inexistentes nuevas refinerías, de casi cero inversiones en gasoductos para argentinos, y otras prometidas inversiones; de remisiones desproporcionadas de utilidades y de verdadera descapitalización de las empresas extranjerizadas –muy acentuado ello en el vergonzoso caso de Repsol-; del desabastecimiento intencional que estaba perpetrando la petrolera española (de capitales también británicos); de los perjuicios a la Balanza de Pagos, por los giros al exterior de utilidades y otras maniobras financieras; de la degradación de las naftas súper, para vender a presión las más caras premium; de la cooptación –demostrada- de lenguaraces de los medios para que siembren cizañas y confundan a la gente; etc. Estando hoy YPF en un lógico proceso de profunda reestructuración, es lógico que tenga algunos inconvenientes para alcanzar las ambiciosas metas que se impuso; por ello las críticas a los últimos niveles de producción, son claramente malintencionadas. Y preocuparse por el valor de las acciones –negocio especulativo- difícilmente sea una prioridad para la petrolera parcialmente estatizada, y menos para el argentino medio, harto de las jugarretas financieras de los personeros del neoliberalismo. Tampoco tiene en cuenta Lapeña y sus coequipers de su instituto ni sus socios del grupo de ex S E, que desde 2003 se tuvo que remontar los desmanejos del cuarto de siglo neoliberal –del cual esos ácidos críticos fueron partes activas-, con sus secuelas de atrasos de inversiones, y que pese a ello, prácticamente se logró sortear la crisis eléctrica, materializándose cuantiosas inversiones en usinas, redes de alta, media y baja tensión, en gasoductos, etc. Menciona que Argentina necesita una política de Estado en lo energético. ¡Cierto! Evidentemente las concreciones realizadas van claramente en ese sentido, mientras que cuando “los ocho” ocuparon el poder, el desmanejo institucionalizado (o la pseudo eficiencia de los mercados) fue la constante… y los resultados lo demuestran. Es cierto que los trenes no funcionan ni remotamente como quisiéramos, y ello es otra consecuencia del proceso de achique del Estado y de concesiones privatizantes. Sería bueno anularlas a todas, actuando activamente el Estado. Si eso se hiciera, ¿pensará –el establishment- en incendiar el país, como amenazó hacerlo cuando se concretaron hitos muy importantes, como la reestatización del muy perverso sistema de las AFJP; cuando se modificó la Carta Orgánica del Banco Central, sacándolo del área de influencias directas de la Banca transnacional; cuando se reestatizó Aerolíneas Argentinas; y lo mismo en nuestra querida YPF? ¿Tanto le molesta una celebración vestidos con la muy querida celeste y blanca…o será que prefiere los muy sobrios trajeados que nos saqueron nuestro patrimonio nacional? A los compatriotas argentinos y compatriotas de la Patria Grande de la UNASUR, ¡tengamos memoria histórica, para no caer en los cantos de sirena, de los que quieren reinstaurar la sutil pero muy perversa y violenta tiranía de los mercados, bajo los dictados de la retrógrada y antinacional ortodoxia económica! C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Investigador de temas económicos y geopolíticos Ex Investigador y Docente = Facultad de Ciencias Económicas = UNaM Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ing. = UNaM Cursada aprobada en la Maestría en Gestión de la Energía = UNLa – CNEA Docente de Economía – Esc. Normal 10 – Nivel Terciario Docente de la Diplomatura en Geopolítica – Inst. Combate de Mbororé
Lapeña y sus prédicas del caos privatista
Por Carlos Andrés Ortíz.


