En épocas de ensañamiento periodístico, supuestamente contra determinadas personas o sectores políticos específicos, suele ocultarse lo esencial, para poner el acento en diversos hechos puntuales, a veces banales, muchas veces prefabricados por la propia “patria periodística”, la cual opera bajo las supuestas banderas de neutralidad, de ética periodística (que en rigor implica falaz moralina), y supuesta objetividad (negada por la realidad).
Uno de los hechos básicos, sistemáticamente soslayados, es que la esencia de los feroces enfrentamientos mediáticos, y las motivaciones reales de los montajes de densas campañas de desprestigio y de desinformación activa, tienen por objeto desgastar voluntades, confundir y hastiar al común de la gente, y presionar sistemáticamente para volver a instalar en toda su crudeza las pautas político – económicas ultra liberales; las mismas del neoliberalismo salvaje, perversamente vigentes en el cuarto de siglo neoliberal (1976-2001), pero brutalmente exacerbadas en la muy nefasta década del ’90, cuyas terribles consecuencias no debemos olvidar, como tampoco a sus responsables e instigadores.
La esencia de la durísima lucha mediática, en la cual los sectores ultra conservadores parecen “estar poniendo toda la carne en el asador”, tiene por un lado a los ultra liberales, con sus infaltables aliados de “ciertas izquierdas”, presionando para volver a imponer la ORTODOXIA ECONÓMICA; la cual pretende reinstalar el Estado ausente y bobo: el reinado de los especuladores sobre la producción; la preeminencia absoluta del sector financiero (llevado a extremos de usura institucionalizada); la sobrevaluación de la moneda, con sus clásicas secuelas de desindustrialización forzosa, balance comercial deficitario (por inundación de importaciones y dificultades para exportaciones industriales y tecnológicas); la recesión o peor aún el violento retroceso económico; la desocupación creciente; la miseria generalizada; y con todo ello una nueva sumisión del país a la usura y las presiones extranjeras.
Del otro lado está la HETERODOXIA ECONÓMICA, que con aciertos y errores y con sus planteos y concreciones del Estado Activo, de industrialización y desarrollo tecnológico, de inclusión social que implica el Estado del Bienestar, grandes obras públicas y énfasis en el desarrollo socio económico, entre otras prioridades estratégicas; implica un planteo diametralmente opuesto.
Dentro de la HETEROXIA ECONÓMICA, el surgimiento de las Potencias Emergentes es clara demostración de sus concretos resultados, amén de la utilización semi encubierta de los mismos principios por parte de TODAS las grandes potencias económicas hoy consolidadas, en un doble juego de actuar como “proteccionistas hacia adentro y liberales in extremis hacia fuera”.
En Argentina probamos en exceso los muy nocivos y amargos frutos del liberalismo económico, también llamado ORTODOXIA ECONÓMICA. Esa doctrina es la misma causa del desbarajuste descomunal que afectó a EEUU y que empantana a la UE, curiosamente probando la propia medicina venenosa que por décadas nos impusieron con la complicidad de las oligarquías tradicionales y las neo oligarquías financieras y especulativas.
Con todas las limitaciones que son propias del devenir político, incluso con errores y contradicciones, Argentina se lanzó al crecimiento económico muy acentuado y al desarrollo socio económico, en un proceso que contra todos los pronósticos de los mercenarios y dogmáticos de la política y de la economía, ya abarca el período más largo y pronunciado de toda la Historia Argentina.
Focalizándonos en lo económico, hoy claramente la lucha doctrinaria está dada entre esas dos grandes vertientes de la economía: la tradicional y muy conservadora ORTODOXIA ECONÓMICA, y la fuertemente transformadora y muy desarrollista (proclive al desarrollo) HETERODOXIA ECONÓMICA.
Queda en claro que en forma semi encubierta, o agresivamente posicionados, todos los que integran hoy el aparentemente variopinto arco de quejosos crónicos, pseudo moralistas “escandalizados”, supuestamente “asépticos” opinantes político-económicos y otros, son claramente partidarios de la vuelta compulsiva y “al como sea”, a las viejas, harto conocidas y letalmente nocivas pautas y “recetas” económicas liberales.
Con solo recordar la terrible realidad impuesta por Martínez de Hoz y sus continuadores, a los bayonetazos en el perverso “proceso”, y continuada luego con corruptela, compras de voluntades y presiones “de los mercados” durante el terrible cuarto de siglo neoliberal (1976-2001), se puede comprender la contundente realidad que mucha buena gente desmemoriada olvida o confunde; en buena parte inducidos por muy sutiles y muy distorsivos procedimientos de comunicación social, impulsados por corporaciones con cerrados intereses sectoriales, y operados por mercenarios, cooptados adoctrinados o dogmáticos que no ven la realidad.
Las conocidas secuelas de miseria generalizada, desocupación a gran escala y sin solución, destrucción de familias y comunidades aniquiladas por la miseria extrema, desindustrialización forzosa mentirosamente impuesta bajo ropajes de “eficientismo” genocida, aniquilamiento de los entes tecnológicos para sumirnos a un estado atroz de primarización económica (el viejo concepto del “país-estancia” con su oligarquía todopoderosa y dictatorial), desarticulación geográfica y estratificación social acentuada que elimina la muy positiva movilidad social ascendente, destrucción de los sistemas de salud y de educación pública y gratuita, y por último la desaparición lisa y llana de la República Argentina; esos fueron los objetivos y la consecuencias buscadas por la ORTODOXIA ECONÓMICA, o sea por el ultra liberalismo económico, asociado en Argentina al más cerrado ultra conservadurismo político.
Expresadas con todas las letras las amargas consecuencias que desde siempre ha significado el liberalismo económico para Argentina (tal como en su momento lo analizó con tremenda contundencia para su país Federico List); queda en claro –más allá de eufemismos y volteretas de expresión-, a quienes obedecen y/o a que intereses benefician los comunicadores sociales que en forma constante y en muchos casos contumaz, agrediendo las aplicaciones de políticas económicas HETERODOXAS, buscan reinstalar con toda su crudeza las políticas ultra liberales, ORTODOXAS, brutalmente exacerbadas en los siniestros años ’90.
En eso coincide la amplia mayoría de los pocos pero muy ruidosos periodistas “serios” (mimados por “los mercados”) y pseudo “gurúes” económicos; los que cuentan con mucha prensa, por lo general generosamente subvencionada por las corporaciones extranjeras y las locales antinacionales, tal como quedó al desnudo en el caso de REPSOL y algunos de sus “opinólogos” contratados.
Y haciéndoles coro, los infaltables “bienpensantes” de cierta clase media o similares, que su ufanan en “parecerse a” las pautas oligárquicas, no entendiendo que solo operan como claque dócil y adocenada de intereses que de última les juegan en contra; pues esa oligarquía egoísta y antinacional nunca se ocupó ni preocupó por asalariados, pequeños empresarios, profesionales independientes y otros de esa clase media. La misma que por nivel económico está mucho más cerca de los obreros, pero “se siente” parte de la retrógrada oligarquía vacuna y especuladora-financiera.
Expertos en tergiversaciones, inexactitudes y confusiones intencionales; hablan de “libertades” mientras apoyan a dictaduras anteriores y sus políticas; afirman interpretar “opiniones mayoritarias” haciendo caso omiso de la voluntad popular claramente reflejada en las urnas; y pontifican acerca de la ética habiendo sido cómplices por acción u omisión de los mayores desmanes cometidos en contra de la Nación Argentina, como han sido los consumados en aquel nefasto cuarto de siglo (1976-2001) que pretenden soslayar.
¡Son los periodistas “bienpensantes”, dogmáticos cerrados o simplemente mercenarios de corporaciones y grupos de poder antinacionales y sus “Chirolitas” de conceptualmente extraviadas clases medias, que se pliegan a los dictados de grupos oligárquicos que siempre los han perjudicado!


