Parecía una locura, una aventura sin destino, pero acá estamos. Con distintos movimientos, el barco fue avanzando, con un rumbo firme pero como cimbronazos, golpes, aciertos, errores y el dolor por la pérdida del capitán de la embarcación.
Ya pasaron cuatro años, en los que todos los día, El Mensajero Diario entra en la vida de sus miles de lectores. Es por eso que, desde donde esté, Miguel estará orgulloso del su proyecto, de su sueño, de la aventura.
Acá, el colectivo de trabajo, sigue firme con la tarea y su compromiso con la información. Gracias a todos por elegirnos, confiar en nuestro trabajo y acompañarnos en esta aventura.



