Opinión

Por Gerardo Codina

El mundo del revés

Mucho se habla de la basura en el último tiempo. Sin ir muy lejos, este viernes pasado, al inaugurar los períodos de sesiones ordinarias de sus respectivas legislaturas, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli y el mandatario porteño, Mauricio Macri, hicieron referencias al tema.

 

Temprano Macri había confesado “Nos costó encontrar el camino para empezar a reducir la basura, pero finalmente lo encontramos, esperamos que la Provincia también lo haga», señaló. No abundó en explicaciones acerca de por qué habían demorado tanto, nada menos que seis años, cuando existe en la ciudad una normativa que estipulaba esa disminución progresiva desde el 2007. Pero no perdió oportunidad de señalar las supuestas limitaciones de la provincia. Siempre mirando la paja en el ojo ajeno.

 

El bonaerense no se quedó callado. “Vuelca toda la basura en la provincia. Así cualquiera anuncia una ciudad verde”, le contestó Scioli a las pocas horas. En efecto, el 40 por ciento de los residuos que se entierran en el “relleno sanitario” de José León Suárez, provienen de Capital. Los porteños generamos en promedio el doble de basura por persona que nuestros vecinos del conurbano, y se la tiramos a ellos.

 

Reducir, reciclar, recuperar y valorizar señalan diferentes acciones orientadas a disminuir el desperdicio de recursos que implica el enterramiento. Desperdicio por partida doble: se pierden los materiales que se entierran y se arruinan el suelo y las aguas del basural. 

 

Por si esto fuera poco, la descomposición descontrolada de las sustancias enterradas genera afecciones letales en la población circundante. Razón suficiente para que nadie quiera un basural cerca. Enterrar lo menos posible y sólo cuando no hay otra solución mejor, es el camino adoptado en el mundo con la basura.

 

¿Qué se hace entonces? Lo dicho. Por diversos caminos, se procura reutilizar todo lo que se pueda seleccionar entre los desperdicios. ¿Quiénes lo hacen? Entre nosotros, sólo los cartoneros. Además de lo que cada uno pueda hacer en casa, claro, que es bien poco e insume tiempo y esfuerzos que casi nadie está dispuesto a realizar.

 

Las empresas recolectoras de basura, la juntan, la mezclan, la compactan y la trasladan al relleno. Nada más. Si después de todo eso, se quiere hacer el duro trabajo de entresacar lo que podría ser útil, cualquiera se va encontrar con el problema de que los restos valiosos para un uso, están contaminados con cosas que los deterioran. 

 

Es lo que sucede con la moderna planta inaugurada en enero por ambos gobernantes. Como lo señala la página web del gobierno porteño: “La nueva planta MBT (Tratamiento Mecánico-Biológico) recuperará el 10% de las 6000 toneladas de residuos que produce a diario la Ciudad de Buenos Aires. De este modo, de las 1000 toneladas que tratará por día, se estima que se podrán recuperar 590 toneladas. De las cuales, 410 toneladas de residuos orgánicos serán tratadas para luego ser utilizadas como cobertura del relleno sanitario y 180 toneladas de residuos secos (plástico, papel, cartón, vidrio y metal) serán enfardadas y comercializadas.”# Esta planta fue construida por el operador del CEAMSE y de Metrovías, Roggio. Una empresa que, de más está decirlo, cobra por sus servicios.

 

El material orgánico recuperado será utilizado como “cobertura del relleno sanitario”, según dicen, porque no se puede usar como tierra. No sirve como compost, por ejemplo, pues está contaminado por el proceso de recolección. Así las cosas, esa instalación es un paso adelante, pero no resuelve el problema, dado que uno de sus principales productos sólo tiene como destino el mismo relleno.

 

¿Cuál es el inconveniente? Que la capacidad física proyectada de ese gran pozo excavado en las afueras de Suárez, partido de San Martín, está casi colmada de basura. En abril de este año –en un mes más– se habrá completado. Intentarán usarlo un poco más. Pero básicamente, ya no hay dónde llevar los desechos.

 

Así las cosas, cualquiera diría que lo más urgente, lo estratégico, es tratar de recuperar el máximo posible de todos los residuos, para evitar enterrarlos o amontonarlos en cualquier lugar. Sin embargo, esas no son las prioridades del gobierno porteño. Veamos.

 

El presupuesto de la Ciudad destina a la recolección y el enterramiento de basura ¡18 veces más dinero! que a la tarea de recuperación que realizan los cartoneros. Todo al revés. Por si esto fuera poco, las empresas cobran una tarifa a la ciudad por recoger la basura y el CEAMSE también, por enterrarla. En cambio, los cartoneros reciben un subsidio. $1.100 para cada uno. El resto de sus ingresos se lo procuran vendiendo lo que logran recolectar. ¿Dónde están las prioridades para el gobierno?