Es evidente que la materia Psicología de Masas y de Opiniòn Pública no se aplica en las redacciones de esos medios o, en todo caso, habría sido muy mal dictada. El peor enemigo de un medio, cualquiera sea la tendencia que sustente, es la dudosa credibilidad. Y ya los consumidores leen no para enterarse de los acontecimientos, sino para recrearse con los brulotes. En síntesis, los medios de los grupos dominantes se compra, escuchan o ven para no creerles, o para hacer la disección entre lo que es noticia y lo que es opinión intencionada en la misma información, lo que éticamente resulta inadmisible por tratarse de “mala praxis” en el ejercicio del periodismo.
Ejemplos sobran. Hace unos días “La Nación” publicó en una columna firma que la asignación universal por hijo no obtuvo los resultados esperados por el gobierno en materia de educación mencionando como fuente un Observatorio educativo privado de cuya existencia podrían caber dudas, involucrando también a la U.B.A., que se apresuró a desmentir su participación mediante comunicado. Al respecto, las estadísticas educativas de las diferentes jurisdicciones, nacional y provinciales, indican un retorno del 15 por ciento de alumnado que desertó a la educación secundaria, lo que constituye, en relación a la vigencia del beneficio, un guarismo positivo.
Aparte de la falacia y su intencionalidad, cabe señalar que existen organismos del Estado que abren puertas a este tipo de especies por atraso en publicar información estadística o no elaborarla en tiempo prudencial. Y no se trata solamente del INDEC, cuya credibilidad pública está indudablemente en entredicho. Cabe agregar que en los 10 años de gestión de ambos Kirchner y la visualización pública de hechos y obras, no ha sido muy idónea la gestión de los encargados de la información pública, siendo por lejos la mejor comunicadora –casi exclusiva-, la propia Presidente de la Nación-, considerando que la propaganda y la publicidad no alcanzan por su escaso acceso al detalle. La elocuencia presidencial, con el valor agregado de memoria y dedicación privilegiadas, suplen de algún modo limitaciones informativas cuya razón no es el ocultamiento sino un estilo poco fluido donde cabe interrogarse si es por fallas de procedimiento o falta de idoneidad de los responsables.
El caso es que el “malalechismo” obra con torpeza y grosería porque los empresarios mandan y los escribas escriben desinformando, demonizando, tergiversando, retaceando, deformando y mintiendo.
Hoy Hugo Moyano, cuya relación con el gobierno muestra fisuras, dejó de ser el réprobo y antiestético sindicalista patotero para aparecer casi hermoso y sensato en las páginas de Clarín cada vez que expone alguna crítica al gobierno.
El villano de turno es el vicepresidente Boudou, bajo la lupa judicial por el “Caso Ciccone”; Más allá de la importancia del tema, se exhibe en los medios hegemónicos con sobrecarga de conjeturas que no son producto de seria investigación periodística previa sino del afán de sobredimensionar la cuestión para influir en la opinión pública y en el espíritu del Poder Judicial, donde residen expedientes con causas de extrema gravedad contra los directivos de ambos miembros que hoy por hoy, ante la precariedad de los partidos políticos no oficialistas, constituyen la verdadera oposición, no por razones ideológicas, sino por concretos intereses económicos y de poder.
Si bien aparecieron medios afines al kirchenerismo, salvo bolsones reducidos a la militancia, éstos tienen aún relativa penetración y les falta para convertirse en contrapeso real, si se toma en cuenta las costumbres y hábitos tradicionales del lector argentino. Hay que considerar además que los principales diarios de provincia, como el cordobés ·La voz del Interior” y el rosarino “La Capital” también forman parte, como otros, del “Grupo Clarín”, a lo que se suma la posesión de los principales canales de abiertos y numerosos cables, codificados, radios y la cautiva agencia de noticias DyN.
La desigual proporción entre bocinas anti oficialistas y pro gobierno no hace, sin embargo, a la cada vez mayor prevención del consumidor de información. El temor de los políticos, que otrora llegó a la subordinación, ya no existe en el oficialismo y sectores afines y la precarizada oposición, excepto el “blindado” Mauricio Macri como “esperanza blanca” para el futuro, que tiene tratamiento periodístico residual salvo cuando se lo usas de comparsa para fustigar al gobierno.
Néstor Kirchner, tras ceder una extensión de licencias de radiodifusión por diez años sin razones coherentes, rechazó más tentativas de condicionamiento decidiéndose a confrontar a través de una Ley de Medios Audiovisuales con artículos todavía trabados por medidas cautelares dictadas por lamentables jueces de un Poder de la Nación necesitado de enriquecimiento cualitativo, renovación y depuración.
Quizás la propia ceguera y el escaso respeto a la inteligencia popular –que ya demostró en los últimos comicios la escasa influencia delos medios en el momento de elegir presidente-, los lleve a la larga a sufrir la suerte del desaparecido e influyente diario conservad0or “La Prensa” –hoy su esqueleto es propiedad de un empresario hispano-marplatense y carece prácticamente de lectores-, sobre el que con lucidez dijo el desaparecido historiador, escritor y periodista Luis Alberto Murray que “no tiene crecimiento vegetativo; por cada lector que muere ningún otro lo reemplaza”.


