Opinión

Por Pablo Tonelli, economista.

Piketty y la desigualdad en Argentina

En una nota anterior desarrollé esquemáticamente el pensamiento del economista francés Thomas Piketty sobre la concentración de la riqueza y el incremento de la inequidad en el mundo capitalista desarrollado. Hoy me propongo cotejar su razonamiento con la evolución de la desigualdad en la Argentina en la última década.

En principio retengamos de las reflexiones de Piketty este concepto medular: El autor valora a precios de mercado el conjunto de activos físicos y financieros considerados en un sentido muy amplio y que denomina Capital, a lo largo de una serie de tiempo de dos siglos y calcula un rendimiento histórico del mismo que llama “r”. (5 %)  Luego determina el crecimiento promedio de la economía en ese período, que denomina “g”, que ha evolucionado a una tasa sensiblemente menor. Extrae entonces esta conclusión: Si la riqueza se ha incrementado más que  el crecimiento económico global la participación del capital en el ingreso total de la sociedad ha aumentado en forma constante. A su vez sostiene que este proceso continuo de concentración de la riqueza y del ingreso ha tenido vaivenes, en las décadas  posteriores a la segunda guerra mundial (llamadas los “gloriosos treinta años”) la tendencia se modificó. Encuentra la razón de este hecho en la vigencia de un sistema impositivo que gravó intensamente el beneficio del capital y sus rendimientos. A mediados de la década de los setenta del siglo XX el proceso de concentración se acelera de manera notoria gracias a la baja generalizada de la imposición a las ganancias y la riqueza, lo que continúa hasta el presente.   

He mencionado que la noción de Capital de Piketty incluye un conjunto de activos valorados a precios de mercado, es decir emplea un concepto de capital como una “cosa” a la vez física (activos) valorados a precios de mercado (noción financiera), heredados de su formación neoclásica. Este es un punto vulnerable de su andamiaje, pues nada explica de la dinámica del desarrollo capitalista y lucha por la distribución del ingreso. A su vez es una ventana, un agujero (hole dice The Economist) para la crítica econométrica de la derecha, que siempre podrá poner pruritos metodológicos para intentar invalidar  lo que es una clara evidencia empírica, la concentración de ingresos, sostenida por otra parte por todos los autores que se han ocupado de la desigualdad, en los últimos años.  

Ahora bien, más allá de las críticas que pueden efectuarse a Piketty por omitir la dinámica social del capitalismo en el conflicto entre ganancias, rentas y salarios su trabajo es sumamente alentador y pone sobre el tapete un tema que las estadísticas sobre ingreso necesariamente omiten: La riqueza verdadera, oculta a esas mediciones.

Un artículo de opinión publicado en El Cronista Comercial en noviembre del 2012 comentó una informe escrito por James Henry, ex funcionario de la Consultora Mckinsey que integra la Tax Justice Network (red internacional que analiza impuestos y equidad distributiva a nivel mundial y de países concretos).Según este autor la riqueza oculta generada en más de cien naciones del mundo se acercaría a los 32 billones de dólares (en la notación de billones anglosajona, mil millones son un billón), el doble del PBI de los EEUU y la mitad del producto mundial. Un apartado del Informe se refiere a la Argentina, citando estudios de Facundo Alvaredo, un economista argentino que escribió artículos con Piketty, antes del libro de éste “Capital en el siglo XXI” y de otro experto argentino en temas fiscales, Jorge Gaggero, integrante de TJN, ya citada. En el análisis de James Henry la riqueza fuera del circuito formal de la economía argentina rondaría una cifra de casi 400.000 millones de dólares, aunque podría, a su juicio, extenderse a los 500.000 millones. Cifra esta última equivalente al PBI nacional en su anterior medición o superior al 80% del mismo en su medición nueva con base 2004. 

La distribución del ingreso ha mejorado notoriamente en la Argentina de la última década. Usando la notación de Piketty : “g” el crecimiento de la economía ha superado en promedio, aún en su nuevo re cálculo, la tasa “r” que el economista francés asignaba como tasa de crecimiento de los beneficios y la riqueza.  Esto es consistente con los datos del INDEC de PBI base 2004. La Cuenta de Generación de Ingresos nos dice que en 2004 el excedente bruto de explotación (las ganancias del capital) eran del 63,5 % del ingreso total, el ingreso mixto (de las sociedades en las que no se puede discriminar el ingreso del capital y del trabajo) del 5,9 % y la masa salarial del 30, 6 %. En 2004 el excedente bruto de explotación bajó a 42, 2 %, el ingreso mixto se ubicó en 6,5% y la remuneración de los salarios ascendió a 51, 4 % de los ingresos totales. El capital decreció en su apropiación del ingreso y los salarios crecieron en su participación. 

Esto que se observa en la distribución funcional del ingreso (entre capital y trabajo) tiene su origen en la política fiscal adoptada. A su vez las mejoras en la distribución personal del ingreso recrean el fuerte impacto de las políticas de ingresos implementadas (del Plan Jefas y Jefas de Hogar a la batería posterior implementada, incluyendo la AUH, Asignación Universal por hijo). Ahora bien observando el comportamiento del indicador más popular que mide la desigualdad de ingresos, el índice de Gini, indicador que varía de 1 a 0, “siendo que cuando más se acerca a cero más igualdad refleja, y cuando se aproxima a 1 evidencia una mayor concentración de ingreso.” Vemos que fines del 2003 dicho indicador se ubicaba en 0,47 y a fines del 2013 no llegaba a 0,39 si tomamos los ingresos del grupo familiar. 

 

En cuanto a los impuestos si seguimos a  Gaggero con fuente en la AFIP, Anses y Ministerio de Economía, en el año 2001 la recaudación neta total de impuestos nacionales y provinciales llegaba al 20,9 % del PBI, en la actualidad dicha recaudación neta se eleva al 33,7 % del PBI. Ese incremento de 12,80 puntos en el producto se debió a un incremento de los impuestos provinciales en 1,20 puntos (básicamente ingresos brutos) y en 11,60 puntos de los impuestos nacionales. Dentro de éstos el impuesto a las ganancias se incrementó 1,50 puntos, comercio y transacciones internacionales lo hizo en 3,40 puntos, como efecto de las retenciones y su gravamen parcial de la renta del suelo, el IVA y los impuestos internos lo hicieron en 2 puntos,  los aportes y contribuciones a la seguridad social subieron 3,90 puntos (más que se duplicaron) y los impuestos sobre la propiedad lo hicieron 2 puntos. Resulta evidente que la presión tributaria subió más de 10 puntos del PBI en su afectación de rentas, ganancias y en el financiamiento de la seguridad social, lo que constituye la prueba a que hacía referencia Gaggero sobre a qué sectores fue dirigida la mayor presión tributaria registrada en el período analizado, que implica a las claras una mayor equidad y es consistente con los datos de la Cuenta de Generación de Ingresos de las Cuentas Nacionales. 

La riqueza oculta no forma parte de estas estadísticas. Si tomamos los datos del TJN y de James Henry el mismo Gaggero sugiere que el coeficiente de Gini como medida de la desigualdad de ingresos se abría incrementado seis puntos. El investigador argentino del CEFID AR promete la ambiciosa y muy necesaria tarea de encarar junto al TJN el trabajo de estimar los ingresos de la Argentina con una proyección de su riqueza acumulada fugada del circuito. Se podría comentar este anuncio como una saludable repercusión local del “efecto Piketty”.