Opinión

Por Josefina Adrover*

¡Se puede urbanizar la Luna!

La poco dichosa frase de Urtubey, tuvo su respuesta con el espectacular lanzamiento del Programa de viviendas PROCREAR por parte del Estado Nacional. Y esto indefectiblemente, nos enseña varias cosas.

A saber:

Una cosa es administrar un estado para las corporaciones y otra es gobernar en defensa de los intereses populares.

Una cosa es concentrar tierras e ingresos y otra es distribuirlos.

Una cosa es ser díscolo, titubeante, oscilante, dudoso, ambiguo y especulativo y otra cosa es ser clara, decidida, eficiente, valiente y dialéctica.

Una cosa es usar a la política otra cosa es hacer política

Una cosa es pensar en tu grupo y otra cosa es pensar en tu pueblo.

Una cosa es ganar elecciones subido al caballo, otra es ganar elecciones gracias a la toma de conciencia del Pueblo.

Una cosa es pensar en las candidaturas futuras y otra es tener un Plan Estratégico que contemple hacia el futuro las matrices de: energía, agua y alimento.

Una cosa es hacer caridad de la mano de las ongs y de la iglesia y otra cosa es distribuir los recursos haciendo ley y políticas de Estado los derechos de los 40 millones de argentinos. Porque cuando la satisfacción de necesidades se hace ley, “el beneficiario” se transforma en Sujeto de Derecho.

 

Y decimos esto porque cuando los concejales de la capital salteña, un par de meses antes del lanzamiento del Programa para 400 mil viviendas, propusieron el loteo de Campo Belgrano; el gobernador salteño en un claro despiste político y en otro claro convencimiento oligárquico dijo: “Lotear Campo Belgrano es un delirio, es como querer urbanizar la Luna!”. Se puede. Punto.

 

Felices se columpiarán los niños en esos parques antes planeados para cabañas de turismo vip. Felices colgarán sus sábanas al aire libre las familias que soñaban con una vivienda propia y digna. Felices habitarán los jóvenes que antes eran sacados a golpes por la policía provincial de Barrio la Loma, Divino Niño, la Ponderosa, San Expedito y otras tierras que, en épocas de ausencia del Estado no podían gestionarlas como hoy.

Y felices los abuelos, viendo que el 50% de sus fondos son sembrados en nuevos 200 mil trabajadores que construirán estas viviendas y aportarán mucho más a la caja jubilatoria en ese hermoso acto de solidaridad intergeneracional.

 

Feliz el Pueblo. Perturbado el enemigo.

 

Las tierras fiscales nacionales son parte del territorio. Territorio es la tierra con sus recursos, para arriba y para abajo. Por eso el territorio es una de las tres patas que conforman un Estado, junto con la población y las instituciones que lo organizan.

Nuestras tierras fiscales nacionales no son para un campo de golf. Son para todos, como la Luna.

 

 

* Miembro de Octubres NOA – Cooperativa de Comunicadores Populares La Minka.