Opinión

Por Carlos Andrés Ortiz

Nos quieren seguir escamoteando el futuro

Bajo falsas premisas de “libertad”, “eficacia de los mercados”, “eficiencia privada”, “ineficiencia estatal”, y otras zonceras similares; se nos impuso la extranjerización casi total del muy estratégico Sector Energético Argentino; del cual sin duda, la joya mayor –pero no la única- era nuestra importante petrolera estatal YPF.

 

Fueron 25 años de persistentes ataques mediáticos, de exclusiones de cátedras universitarias “políticamente incorrectas” (puedo dar fe y pruebas de ello), de censuras mediáticas encubiertas, de presiones de todo tipo; todo eso para hacernos perder el manejo de la energía –insumo de altísimo valor estratégico-, imponiéndonos la venta a precio vil de nuestro patrimonio; las “privatizaciones” forzosas “ (en rigor extranjerizaciones de nuestro patrimonio energético y resignación de nuestra soberanía); las ganancias aseguradas a riesgo cero (asumiendo las pérdidas el Estado, previamente cooptado por los personeros del liberalismo apátrida); las tarifas y precios a valores internacionales, aunque los costos de producción hayan sido pagados a devaluados precios internos, incluyendo salarios en su momento en deterioro creciente); e incluso incumpliendo compromisos de inversiones y provocando deficiencias en los servicios y en los abastecimientos internos. Todo con el agravante de la constante sangría de divisas, provocada por la presurosa remisión al exterior de las ganancias obtenidas a costa del manejo discrecional por parte de empresas extranjeras, de nuestro patrimonio energético.

         Una gran decisión estratégica sin duda, ha sido la recuperación parcial de nuestra petrolera nacional, la vieja y muy querida YPF, que llegó a ser la primera petrolera estatal del mundo, y modelo de las muchas que surgieron y se consolidaron desde entonces. Aquella ola estatizadora del petróleo y el gas, que fue avanzando y consolidándose en muchos casos trabajosamente, ha sido la herramienta poderosa que permitió romper el oligopolio del cártel de “Las Siete Hermanas”, las por entonces todopoderosas petroleras transnacionales anglosajonas, cuyas sutiles pero fuertes influencias derribaban gobiernos “problemáticos” (como el de Mossadegh y el de Yrigoyen) y provocaban guerras (como la del Chaco).

         Muchos hubiésemos querido que la estatización fuese total, y que se realice mucho antes. Claro está que hay momentos políticos, y si por unos aranceles agrarios casi incendian el país, y por la muy necesaria estatización fáctica del Banco Central, armaron un feroz operativo de escándalo mediático y brutales presiones…¿Qué hubiesen llegado a hacer los poderes del establishment –ultra liberal y vinculado con intereses transnacionales-, si la reestatización petrolera no se hubiese hecho con la fortaleza fáctica necesaria?

         No puede sorprender que el presidente de Repsol, de las verborrágicas amenazas del comienzo, con la claque del impresentable Rajoy, y de su patético ministro Soria; haya pasado luego a la ironía hueca, después a la nada creíble postura “dialoguista”, para recientemente asumir el pretendido rol de juzgador y exégeta apocalíptico, al vaticinar las “negativas consecuencias” de la reestatización, que con muy mala fe califica de confiscación.

         “Negativo” ha sido para Repsol, que sin la mamadera gratis que era YPF, volvió a su reducida estatura de petrolera de tercer orden.

         Pero altamente positivo para Argentina, que vuelve a manejar –así sea parcialmente- los estratégicos hidrocarburos; que cortó la metodología del “apriete” político por falta de suministro de naftas y gas oil; que desnudó la hipocresía de Repsol de bajar el octanaje de la Súper, para vendernos la Premium; que estaba vaciando en forma acelerada a YPF con exageradas remesas de dividendos; que pudo probar las arteras connivencias entre “periodistas exitosos”(como el que se quedó “con su sola voz”), generosamente vinculados a la petrolera española; y básicamente, que con esa medida Argentina volvió a marcar las pautas estratégicas de la que fue nuestra gran petrolera estatal.

         Queda en claro que las “asociaciones estratégicas” de la petrolera española, con los medios de comunicación masiva, de orientación liberal, siguen vigentes, y posiblemente se han profundizado.

         De otra forma no se entiende la generosa y agresiva difusión de cuanta opinión profiera Brufau (Repsol), sin refutársele ni comentar ni una coma, quedando en esos medios como la “opinión autorizada”, con lo que esos medios siguen siendo partes esenciales de las presiones mediáticas que la petrolera estatal realiza en Argentina, por medio de los órganos de difusión y los periodistas que se prestan a eso.

         En cambio, las acciones de piratería político – económica, que en verdad fueron las “privatizaciones” del noventismo; impuestas por las presiones del establishment…esas muy difícilmente sean comentadas, ni la historia es contada en su totalidad, omitiéndose las extranjerizaciones, consumadas a precios viles, con toda la cómplice connivencia de opinólogos de diversas layas, políticos dóciles o directamente venales, y toda la claque de los “economistas serios” –los mismos que nos llevaron de bruces al caos total-.

         También se ocultan “porque pasó mucho tiempo”, aquellas sistemáticas acciones de endeudamiento y destrucción interna de todas las Empresas y Entes Estatales, comenzadas por Martínez de Hoz (al amparo de las bayonetas videlistas), y continuadas sin solución de continuidad durante todo el cuarto de siglo neoliberal, de 1976 a 2001; acciones con las que se preparó el camino conducente a las “privatizaciones salvajes” del menemato. Y de paso, se olvidan las complicidades activas, de los ocho “ex secretarios de energía de la democracia”, que firman acusatorias opiniones como si hubiesen salido del limbo más impoluto, siendo que ellos también fueron fogoneadores de ese nefasto cuadro de liquidación estatal, particularmente grave en el Sector Energético.

         Hoy se suman otros ataques a la soberanía energética argentina, algunos insidiosamente ocultos en prédicas falsamente medioambientales, que pretenden imponer imposibles “soluciones” de energías mentirosamente llamadas “alternativas” o “renovables”, que por sus insalvables limitaciones técnicas obligarán a profundizar nuestra dependencia del gas importado; mientras que paralelamente despliegan sus perniciosas y falsamente embrolladas campañas de desprestigio de las generaciones nuclear e hidroeléctrica…todo a la medida de una maraña de intereses que se vinculan con el subdesarrollo crónico de nuestro país.

         Este es un tema largo, ya tratado, que será nuevamente desarrollado en artículos separados, en mérito a la brevedad del presente.