La UOM era el último escenario. Ninguna de las sedes de realización los encuentros anti-M, han estado lejos del reconocimiento de las ambiciones de gravitación de sus anfitriones: Caló, Viviani, Daer, Rodríguez, Pignanelli. Tampoco lo estuvo la suspensión del día de hoy.
Pero la sensibilidad política es el dato del momento, cuando el grupo “B” de sindicalistas tiene, sin aprovecharlas, todas por delante. Las movidas moyanistas ya han concluido, y salvo la muñeca del camionero, que en sus “encuentros protocolares” con figuras del mundo de la sociedad o de la política opositora conmueve mediáticamente el runrún y al ámbito político, no le queda nada por descubrir. Su CGT ya realizó su congreso, ya eligió, se encumbró, mostró su discurso opositor, y salvo las alternativas de los recursos por la declaración de ilegalidad y la lucha judicial que se viene, ahora debe sobrevivir con el juego político más acotado y toda la iniciativa de parte de los anti-M, con la simpatía y la logística del propio gobierno.
Al contrario, el mundo sindical antimoyanista está en un estancamiento, y en la última semana el liderazgo que se pensaba venía, se diluye entre pocas realidades y muchas operaciones.
Los sindicalistas que unidos por la adversión a la continuidad de Moyano al frente de la CGT, desde los prokirchneristas, cristinistas, independientes, etc., o los nuevos aliados del sector de los “gordos”, además, aún se debaten entre encuadrarse definitivamente bajo el ala protectora del gobierno nacional, o al contrario, para la tribuna, darse los márgenes que le permitan disputar o relativizar la bandera de “combativo sindical” con que Moyano viene quedándose en su necesidad de diferenciarse del gobierno, y a la vez no perder poder frente a la simpatía obrera que cree poseer, o frente al mundo de la política opositora, que hoy lo ve rubio y de ojos azules. También esto les permitiría, a los anti-M, como con Barrionuevo, sumar aliados con más facilidad.
La incapacidad del perfil político que aún no surge de aquellas reuniones de la UOM tiene mucho que ver con su dificultad de erigir al candidato visible del grupo.
He aquí un defecto de origen: la determinación de cambio de era de los sindicatos cristinistas jamás rompió con su debilidad relativa en torno al mundo sindical. Aquellos aparentemente vistos con simpatía desde el gobierno, UPCN, UOM, el SMATA, o la misma UOCRA -ésta más masiva y también en su momento, antes de las publicidad de denuncias contra Martínez, con la simpatía oficial- no manejaron en ningún momento la compleja trama sindical dominada por la masividad de los gremios de los “gordos”, el poder de fuego del moyanismo, o la oportunista capacidad de juego en debilidad de Barrionuevo.
Lo que se debe aclarar, es que se trata de un juego sobre una estructura político organizativa, y no sobre las capacidades de movilización de la masa obrera, que en este caso no está en discusión.
Sin número, sin fuego, sin cintura, los sindicatos del núcleo cristinista estuvieron sujetos a la capacidad de maniobra en un entramado de dirigentes cuya rosca ha sobrevivido a la experiencia de la dictadura, por ejemplo, y que es difícil de domar.
Con la dificultad de doblegar, conducir u opacar a Moyano, el núcleo de sindicatos crsitinistas compró el know how de los “gordos”, sobrevivientes de mil gobiernos, y desde esa perspectiva se apartaron de la tarea fina del armado del poder sindical, que por momentos, parece tenerlos ajenos. Los que animan esta visión, entienden también de la ausencia de Néstor, quien en las anteriores formaciones supervisó, pulseando directamente, el armando sindical, e imponiendo rápidamente, si bien no su candidato, su negociación.
Con ello, con la entrada en juego de los “gordos”, actores del sindicalismo de los ’90, para muchos dirigentes, se debilitó también la construcción del paradigma que debía sostener el nuevo armado, y ganó presencia el perfil franco opositor con el que hoy sobrevive Moyano.
Lo demás fue parte de la rosca, y el juego de lealtades fugaces y tensiones con que se suele armar en política, cuando nada está dicho.
En estas horas, se ha rumoreado sin una cita de fuentes seria, que Caló perdió el apoyo del gobierno; sin embargo, también se puede entender al juego de la semana desde el acercamiento de la línea de conducción moyanista, con declaraciones favorables a la presencia o continuidad de Cristina al frente de la conducción del modelo, o la incomodidad o incertidumbre por lo resuelto con el APE.
Con lo primero, a esa línea de entendimiento que dicen, para el grupo “B” coordina y supervisa Gerardo Martínez, y del otro lado de la línea el mismo Moyano, la posibilidad de un acercamiento augura un compás de tiempos distintos, y la reelaboración del cronograma de los actos jurídico administrativos de la elección que pretendía darse el antimoyanismo. Con lo otro, pudo haber impactado negativamente la decisión del Decreto 1198/12, de la absorción de la Administración de Programas Especiales, dentro de la estructura organizativa de la Superintendencia de Servicios de Salud, que se habría leído no sólo como un avance sobre las estructuras negociadas oportunamente por Moyano, si no un apéndice del mismo sindicalismo.
Es posible que tras la serie de declaraciones favorables de moyanistas a Cristina haya estado Moyano. No para desatarlas, ya que como tantas apariciones mediáticas de sindicalismo, en este caso fueron impulsadas por la avidez periodística y no por la acción propagandística de los interesados, si no para autorizarlas y moderarlas. Y pudiera estar ocurriendo realmente que el nivel de acercamiento se haya acrecentado con la gestión de Martínez, acuciado por denuncias, y animado con lo de la APE. Acá es donde confluyen todos, y se suma Barrionuevo.
Si existiera este nuevo marco, se entusiasmaría Viviani. Fue bajo estas hipótesis que en algún momento, parece, Moyano pudo haber albergado la posibilidad de formularle la idea al taxista que sea su reemplazante, y que la inexistencia de tal cuadro, meses atrás, haya hecho que las ambiciones de sucesión Viviani lo hayan empujado a buscar un rumbo distinto.



