Todo un juego de comunicación virtuso potenciado por los medios de comunicación que convierten la opinión en debate, programas con contenidos incontinentes en los espacios audiovisuales. Desde el por qué las hormigas forman comunidades. Somos hormigas; o el por qué este espíritu de supervivencia humana. Somos cucarachas. Debemos ser o parecer. Debe haber una conclusión al cierre del programa. Sin conclusión habrá otro capitulo, indefectiblemente.
La opinión es, en esta segunda década del siglo XXI, un contenido audiovisual: Un reality. Cuanto más truculenta sea la situación que dispara una opinión mas contenido para la historia. En este singular contexto comunicacional que provoca la sensación de ser cada uno de nosotros el Sr. Truman se produjo Cromañon. Duro golpe al cuerpo social. Brutal. Todo un resumen del estado precario y superficial de nuestras responsabilidades de como nos tratamos y tratamos “al soberano” a nuestra gran familia, a nuestro hormiguero; y como, para que perfectamente encaje la culpabilidad de alguien en todo esto, los creadores de espacios y contenidos auspiciados, el gran monopolio de los que no tienen ombligo, difunden aún antes de una sentencia que los artistas deben ser la cara visible del error de la colmena.
Los trabajadores de la cultura fueron los causantes del desastre. Músicos y cantantes, ellos, son los garantes de la seguridad. Deben estar presos, sentencia el programa central dirigido por el Cornetín estrella. Sentarán un magnifico precedente, de ahora en más cada una de las barbaridades similares que este cuerpo social genere, será por culpa del trabajador artista. Ya está, aprendimos. Una portada acusadora, Tres golpes de martillo y a otra cosa, Cantar y tocar la guitarra, mata.
Los Cromañones dormidos esperan. Creo, sin temor a equivocarme, no les alcanza a mis hermanos y amigos que perdieron a sus hijos allí. Juro que no. Doña, preocúpese, esto no se arregló. Salgamos a ver donde está el nene, por favor, afuera está peligroso, ¡Los artistas andan cometiendo tropelías! Por eso, opino y es mi derecho, todos somos Cromañon.


