Los jóvenes habían sido perseguidos y masacrados desde antes del último golpe de Estado por bandas reaccionarias que sirvieron al golpe oligárquico, civil y militar de 1976. En 1983 tuvimos una primavera (allí empecé a militar en la U.E.S. en medio de un espantoso fraude ideológico llamado “teoría de los dos demonios”, donde los jóvenes y los trabajadores politizados y organizados eran uno de ambos malos), y luego de un par de años vino un silencioso fracaso de la democracia, donde no se comió, ni se educó ni se curó. El menemismo y la década infame neoliberal apuñalaron la participación de los jóvenes, los trabajadores y todo aquel que pretendiera algo de progreso o avance de la economía y la sociedad. La democracia como medio para cambiar las cosas agonizaba. Las luchas sociales tenían como fin último e inconciente la derrota del modelo de convertibilidad, aunque se lograra algo de visibilidad del pueblo cuando la queja era por comida, alimentos, trabajo u otras demandas inmediatas. La democracia apuñalada por la hegemonía del sector financiero azotó particularmente a la juventud, multiplicando jóvenes, hogares y familias pobres. Y los pibes tenían como futuro las cárceles, el exilio económico y la enajenación de la vida democrática. Democracia y juventud estuvieron escindidas, básicamente porque nadie quería participar en un sistema que servía sólo para someter al hambre y la exclusión a las mayorías populares. Pero los jóvenes de los `90 supimos patear el tablero junto a los viejos, los trabajadores despedidos, los desocupados. Los movimientos sociales y los trabajadores tuvimos nuestros mártires jóvenes. Sólo baste mencionar a Kosteki y Santillán, Pocho Lepratti, y los pibes caídos en el estallido del 2001. Néstor vino a rejuvenecer la política de la mano de lo que tuvo a mano, y lo que habíamos organizado no era suficiente para tamaña empresa. Pero cuando nos dejó, se elevó a la categoría de conductor desde el cielo del movimiento nacional y nos dejó muchas organizaciones sociopolíticas nuevas, algunas de las cuales están canalizando una estampida de pibes que vuelven a creer en la democracia y la política. La crisis de representación está terminando, de la mano de una enorme mujer que va a obtener, probablemente, más del 50% de los votos, la mayoría de los cuales serán jóvenes. Toda esa representación será colectiva, pero “los votos son de Cristina”, como reconocen todos, ya que ella es la que conduce el Movimiento Nacional. Por eso la institucionalidad debe reconocerle a Cristina y su equipo el derecho de poner algunos hombres y mujeres, jóvenes, del propio entorno o cercanos, de su confianza. Muchos de los gobernadores e intendentes que se quejan ahora, no podían caminar por las calles cuando el pueblo les demandaba cambiar el rumbo. Y los nuevos, acumularon prestigio al calor de los aciertos del gobierno nacional. Por eso sostenemos siempre que la recuperación de la democracia viene de la superación de la crisis de representación, gracias a las luchas populares y a un gobierno nacional y popular que integramos todos y que tiene conducción. Y esa conducción, legitimada por las mayorías y los jóvenes, tiene que ser ejercida. Y si son La Cámpora, la Juventud Peronista, la Juventud Sindical Peronista u otros quienes tuvieron más espacios que antes, representando a la juventud y a Cristina, debería merecer el reconocimiento de todos los que compartimos la reconstrucción de la Patria, sin mezclarnos con el discurso de los medios concentrados y las corporaciones económicas, que buscan separarnos. Quieren dividir al único movimiento nacional y popular existente y posible, que es el que practica la reconstrucción de la Patria y la devolución de los derechos de los trabajadores. Y buscan escindir a los jóvenes y los no tanto, acusándolos de desplazar a los viejos cuando en realidad debe practicarse un trasvasamiento generacional. Pero sobre todo, buscan dividir a los trabajadores de los jóvenes, como la oligarquía lo logró en el pasado, merced a nuestros errores. Ellos sí están preocupados, porque saben que miles de militantes compartimos que nuestra tarea es reunir al 90% de los argentinos detrás del Proyecto Nacional y terminar en democracia con las corporaciones que no dejan avanzar el proceso de cambios. Sin jóvenes participando y comprometidos, tomando decisiones, no es posible.
Gastón Harispe es candidato a Diputado Nacional por el Frente para la Victoria.


