Por John Fowler, Editor adjunto de Penguin News. Traducción de Ana Vallorani.
El lugar tiene vínculos con las Islas Malvinas sin embargo, desde que la primera familia europea, los bridges, se asentó allí entre los indígenas. Estos misioneros británicos, que habían llevado a cabo anteriormente la Misión Sudamericana en Keppel Island (Islas Malvinas) construyeron la primera casa en Ushuaia en 1870.
Continuando con lo que podríamos considerar como el punto de vista ficticio argentino, que casi equivale a la creencia en un universo paralelo, nuestro periódico regional no es el Penguin News, sino El Diario del Fin del Mundo, en Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina. Este es un excelente diario, que sale de lunes a viernes y recientemente, durante nuestros problemas con los cruceros, ha resultado ser a menudo una fuente útil de información.
Muchos periódicos locales, incluido en ocasiones el Penguin News, compensan la inexistencia de interés periodístico en los actuales acontecimientos indagando en sus archivos, por lo general bajo titulares tales como «En este día». El Diario del Fin del Mundo no es una excepción y el 8 de febrero de este año publicó un repaso de la misma fecha de 1833.
Con el encabezado, «Esto pasó en nuestra región: Fusilan a los siete asesinos del comandante de islas Malvinas», a los lectores del periódico se les recuerdan los eventos que forman una parte crucial de la base histórica para el reclamo de soberanía del gobierno argentino sobre las Islas Malvinas.
Lo curioso de este informe, realizado por un periódico argentino, en Argentina, dirigido a lectores argentinos, es que la cuenta que ellos dan del evento no parece ser del todo la aprobada oficialmente, que habla de una población civil cruelmente expulsada de sus hogares por la fuerza del imperialismo británico.
En el informe, se nos habla del motín, y el posterior asesinato a tiros y bayonetazos el 30 de noviembre de 1832, de José Francisco Mestivier, el sargento mayor de artillería a cargo de una guarnición de 50 soldados que habían llegado a las islas a principios de octubre. También se dice que los miembros de esta guarnición habían llegado con sus esposas porque la intención era de establecerse en las Islas. Se nos dice también que este grupo estaba «Integrado por deportados, criminales y vagabundos condenados a servir como uniformados; siendo éste el primer ensayo de colonia penal austral”.
El artículo nos informa que mientras José María Pinedo, el capitán del barco argentino, estaba tratando de capturar a los siete amotinados que habían asesinado a su comandante, la corbeta británica HMS Clio llegó al mando del capitán Onslow. Es aquí que la versión de los hechos, según lo descrito por el periódico de la región a la que las Islas Malvinas supuestamente pertenecen, se aparta de lo que es repetido con tanto fervor por la Presidenta de la Argentina y sus ministros. Es cierto, se nos dice que el capitán Onslow anuncia que tiene órdenes de tomar posesión de las islas en nombre de la Corona británica, (razonable, teniendo en cuenta que hemos reclamado la soberanía sobre las islas desde el siglo 18) y le da 24 horas para arriar la bandera argentina. Cuando Pinedo protesta frente a esto se nos dice que, lejos de ejercer una fuerza brutal, el capitán británico le dice que «tendría el honor de transmitir sus protestas por escrito».
La parte que desmiente el mito llega al final del artículo:
«El 4 de enero, partió el barco argentino llevando la noticia del despojo. Entre sus pasajeros se encontraban los asesinos de Mestivier, para ser juzgados por el motín y el crimen de su superior, que culminó con el fusilamiento de siete soldados. Pinedo también fue procesado y separado de las filas de la Marina, por su pasividad frente a la invasión inglesa.
«Luego, también se marchó la Clio. Entonces en las islas sólo quedaron unos pocos funcionarios británicos y los empleados del establecimiento de Vernet».
Son estos «empleados civiles de Vernet» – una figura polémica, que algunos dicen que fue el primer gobernador argentino de las Islas Malvinas, pero que buscó el permiso de los británicos para establecer un asentamiento en Port Louis – quienes, de acuerdo con la » historia oficial argentina «, conformaban la población que supuestamente fue expulsada de las Islas en 1833. (Por desgracia, algunos de ellos iban a ser asesinados al poco tiempo en Port Louis por gauchos liderados por el héroe popular argentino Rivero, a quienes no les gustaba que le pagaran con los billetes propios de Vernet, sino que preferían el oro de la Royal Navy).
De acuerdo a las investigaciones de los Archivos Nacionales de Argentina y de otros lugares realizadas por los historiadores Peter Pepper y Graham Pascoe, de los 33 residentes civiles de Port Louis cuando llegó el HMS Clio, 22 se mantuvieron cuando éste se fue. Doce eran argentinos (8 gauchos, 3 mujeres y 1 niño), cuatro eran indios Charrúa de Uruguay, dos eran británicos, dos alemanes, uno francés y un jamaiquino.
Aunque el relato de los acontecimientos del 08 de febrero 1833 ofrecido por el Diario del Fin del Mundo es muy diferente de la de la propaganda oficial argentina, que coincide con la dada por Pepper and Pascoe en su publicación de 2008, “La Verdadera Historia de las Falklands/Malvinas”. Los registros de Pepper y Pascoe indican que Onslow tenía órdenes de no molestar a ninguno de los habitantes civiles que pudiera encontrar, órdenes que obedecía escrupulosamente, incluso yendo a grandes distancias a persuadir a los habitantes de Port Louis de que permanezcan, ya que su presencia como proveedores de carne fresca para los buques visitantes era de gran importancia. Incluso el capitán Pinedo en el informe que hizo a su regreso a Buenos Aires, dijo que Onslow le había dicho que: «…… los habitantes que lo deseen libremente pueden permanecer y tanto ellos como sus propiedades serán respetadas como antes…. »
Yo personalmente no creo que los acontecimientos de 1833 sean especialmente importantes en el debate sobre la soberanía, si se compara con los derechos derivados de los 180 años más o menos de solución pacífica y voluntaria que siguieron (sin contar los 74 días siguientes a la invasión argentina en 1982 ), pero si más de la mitad de la población que permaneció en Port Louis después de la supuesta limpieza étnica de 1833 eran argentinos y el periódico de la cercana provincia argentina de las Islas Malvinas cree que esto es cierto, ¿por qué es tan difícil de comprender para la presidenta de la Argentina y su Ministro de Relaciones Exteriores?
Fuente: Penguin News, Islas Malvinas



