Se lo acusa además, de haber extorsionado y coimeado al juez Oyarbide. En General Villegas su imagen era la de un gran futbolista, hasta hoy, que toma estado público su historia posterior. El wing del Lobo pampeano que se coronara campeón de la Liga de Fútbol de General Villegas en 1974 aparece sindicado por la periodista Lydia Cacho, de Méjico, como pieza fundamental de la trata de blancas en ese país.
La trama de su libro ‘Esclavas de Poder’, que refiere a la trata sexual de mujeres y niñas de todo el mundo, reserva capítulos centrales a este argentino que supo gritar goles en el fútbol chacarero. Raúl Martins, el petiso bigotón que la llevaba atada al pie, guapo como pocos, escondía mucho más que una pelota bajo la suela. Entró en la historia de la zona con Gauna, Anselmino, Errecart, Romero y De Brasi, entre otros que sacaron al Larroudé FC de pobre y colgaron para siempre una copa de las grandes en sus vitrinas.
Hijo de un respetado director de escuela, también él incursionó como docente de historia en colegios católicos, y se lo vio jugar para los veteranos de Platense con el mismo De Brasi, Miguel Alvaro y Albornoz, que habían pasado con gran suceso por Atlético Villegas. Dueño de un bajo perfil que cultivaba cada día más, la administración de sus negocios de la noche le quitaba tiempo a su pasión por el fútbol. Ya no se podía contar con Raúl para los clásicos desafíos porteños. Pero nadie sabía de su fuerte ligazón con los servicios de inteligencia del Estado y mucho menos qué fue de él cuando la democracia volvía a caminar con los argentinos.
Esclavas del poder “En el corazón de la zona hotelera, Raúl Martins Coggiola -un ex agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de Argentina acusado de pertenecer a los grupos responsables del genocidio llevado a cabo durante la dictadura- administra los prostíbulos y bares table dance conocidos como The One y Maxim”, escribe sin medias tintas Lydia Cacho en su libro ‘Esclavas de poder’, próximo a salir a la venta en Argentina, del que el suplemento ‘Enfoques’ del diario La Nación brinda un interesante adelanto. La periodista, disimulada en un grupo de amigos, todos hombres, visitó uno de los cabaret y pudo relacionarse con algunas de las mujeres.
“Como en otras ocasiones, pude corroborar que la mayoría de esas chicas se sienten más seguras con otras mujeres que con los hombres, incluso en el plano erótico. Las cuatro mujeres con quienes hablé durante casi tres horas eran muy jóvenes. Una colombiana que era amiga del gerente siempre supo que trabajaría como bailarina y prostituta. Una brasileña de veintidós años había sido llevada a México a los diecisiete bajo la falsa promesa de convertirla en modelo. Llegó al The One enviada por los dueños de los bares que controlan el circuito desde la ciudad fronteriza de Tijuana. Una chica de diecinueve años de rostro aniñado, que era hija de un colombiano y una argentina, llegó a Cancún de vacaciones y se quedó sin dinero. Entonces su tía le recomendó a una conocida que le daría trabajo y arreglaría sus papeles: esta mujer resultó ser la esposa de Raúl Martins. Otra joven cubana de veinte años dejó con sus padres a dos pequeños en la isla, y estaba convencida de que comenzaría a mandar mucha plata a casa en cuanto le pagara su deuda a Martins”, detalla.
Pudo ver a las jóvenes un par de veces más, en la vía pública. “Martins les había retenido todos sus documentos, pero ellas no mostraban signos de querer rebelarse ante un contrato verbal que, a pesar de considerar injusto, les parecía mejor que estar en las calles de sus países sumidas en la pobreza, sin opciones. Ninguna de las jóvenes había terminado la secundaria, y en sus familias prevalecía la violencia doméstica. Todas afirmaron que les desagradaba su trabajo, excepto bailar y conocer de vez en cuando a personas interesantes. Tener sexo por dinero era un tema que se negaban a analizar porque su consuelo era que se trataba de algo temporal y la mejor manera de salir rápido de la deuda contraída con Martins, quien había solucionado sus problemas migratorios. Al despedirnos, Nina, la brasileña, me pidió: ‘-No vayas a dar nuestros nombres, dicen que Martins mató a su yerno, es un hombre muy cruel’.” continúa relatando la periodista.
“Según el jefe de la policía judicial, la joven decía la verdad. En 2004 el noruego Peterson Kenneth Turbjorn, alias Mike Arturo Wilson García, que era novio de Lorena Martins, apareció asesinado en la zona hotelera de Cancún. El informe policial demostraba que el principal sospechoso era el padre de Lorena, pero nunca se resolvió el caso y la joven se refugió en España. Fuentes de la policía local me aseguraron que los estudios forenses revelaron que Kenneth Turbjorn fue torturado antes de ser asesinado. Ante la pregunta expresa, el jefe de la policía judicial me confirmó que uno de los sospechosos era Martins, pero que el argentino era intocable. Cuando inquirí a qué se refería con ‘intocable’, la respuesta del policía fue: ‘Ni se meta, es la mafia’.” Hasta ahí, párrafos sueltos que ofrecen una pintura de este Martins, tan distinto a aquel de pantalones cortos, bigotes e incipiente calvicie. Aquel que brillara en Larroudé.
Se dice de él
Al tomar estado público su caso, un rápido buceo en aguas de Internet permite dar con el Raúl Martins desconocido para las mayorías. O Aristóbulo Manghi, su alias en la SIDE. La que sigue es parte de su aterradora biografía, recopilada en coberturas periodísticas de Página 12, Clarín, La Nación y diversos medios mexicanos y españoles: El argentino Raúl Martins Coggiola maneja una red de prostitución de mujeres, niñas y niños en México, pero cuando fue acusado por este motivo, ya contaba con un frondoso currículum: en 1974 había ingresado a la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) bajo el seudónimo de Aristóbulo Manghi. Este siniestro personaje actuaba como informante de las fuerzas armadas.
Con la protección de la entonces presidenta Isabel Perón y del ministro José López Rega, fue uno de los fundadores de la Triple A que asesinó a decenas de activistas y luchadores antes del golpe de Estado de 1976. Bajo el amparo de la impunidad con que siguen beneficiándose aquellos asesinos, Martins Coggiola recibió una pensión de la SIDE por los servicios prestados y se involucró en el negocio prostibulario, por lo que fue investigado en los ‘90. En 2002, se escapó del país y las causas en su contra fueron cerradas, a pesar de haberse demostrado el pago de coimas al juez Oyarbide para que lo protegiera.
Ya en México, rehizo su negocio gracias a las conexiones con el cártel de Tijuana y reconocidos pornógrafos que operan en internet. Sin embargo, a pesar de que todos estos antecedentes son conocidos, a pesar de que también pesa sobre su espalda la sospechosa muerte de su primera esposa, Martins Coggiola sigue operando sin inconvenientes su club de prostitución VIP en las playas de Cancún, donde mujeres argentinas, brasileñas, venezolanas y paraguayas son filmadas con ‘clientes’ para extorsionar a estos últimos y obtener así más dividendos en este lucrativo negocio.
Aristóbulo Manghi
A Martins se lo señala como agente de inteligencia de la dictadura argentina entre 1974 y 1978, y lo identifican con el seudónimo Aristóbulo Manghi, y los alias ‘El Profesor’ y ‘Pini’. Lo responsabilizan por dar seguimiento, fotografías y marcar personas “que luego los grupos de tareas iban a secuestrar y eventualmente a desaparecer”. Martins habría trabajado en la Base Billinghurst, que a su vez operaba para la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y para Automotores Orletti, como se llamaba la base operativa argentina del Plan Cóndor.
Durante un tiempo fue profesor de Historia. Estuvo casado con Norma Ester Oviedo, también empleada de la SIDE. La mujer murió hace unos años asfixiada por un escape de gas y aún hoy existe un expediente para aclarar algunos puntos oscuros de este hecho.
Desde mediados de los 90 la Justicia lo investigó como supuesto propietario de una serie de locales donde se ejercería la prostitución de lujo. Por lo pronto, sólo se encuentra procesado por violar la ley 12.331 (de profilaxis antivenérea) en el mismo expediente donde se secuestró el video del funcionario judicial Oyarbide. El fiscal Campagnoli quiso que se lo investigue por asociación ilícita. Y aportó documentos de sociedades comerciales creadas en el Uruguay que se relacionan con los locales investigados. Tiene una única condena, a dos años y medio de prisión en suspenso, por la retención indebida de una camioneta. En ese expediente lo representó el abogado Roberto Marconi, quien había ocupado el cargo de director de Asuntos Jurídicos de la Municipalidad de Buenos Aires.
Burdeles de lujo
El conservador diario mexicano Reforma le acredita la propiedad de dos prostíbulos VIP: The One, en Cancún, y Maxim, en Playa del Carmen, con la complacencia de las autoridades, incluso pese a su situación migratoria irregular. Martins tendría que haber sido expulsado de México, pero un juez de Cancún le concedió un amparo que lo ha impedido. En sus prostíbulos mexicanos trabajarían unas 150 mujeres, la mayoría de nacionalidad argentina y brasileña, que también son alquiladas para fiestas particulares en yates y mansiones que pueden durar hasta tres días. Estas mujeres ingresan al país como turistas y consiguen permiso para trabajar luego de pagar 1.500 dólares, para luego quedar prácticamente recluidas en los locales de Martins. Si alguna se niega a prostituirse, “es abandonada en México sin un centavo”. Los prostíbulos serían manejados por la esposa de Martins, Estela Percivall, y por dos cuñadas, así como por su hijo de 25 años, Mariano. Otro de sus hijos, Augusto, de 30 años, estaría a cargo de sus negocios en Buenos Aires.
El yerno noruego
Martins estuvo sospechado de matar al noruego Pederson Kenneth Turbjorn, alias Mike Arturo Wilson García, cuyo cuerpo fue encontrado con dos impactos de bala en la cabeza, en la Zona Hotelera, y que se decía era el novio de su hija Lorena Martins, quien extrañamente desapareció del país a unos días de los hechos. El joven extranjero, que en realidad tenía tres distintas identidades, fue ejecutado al más puro estilo narco y con el sello característico de los cárteles de la droga la madrugada del 15 de marzo de 2004.
Oyarbide
Martins fue denunciado por pagar coimas a funcionarios judiciales y policiales. Un testigo habría señalado que el juez Oyarbide recibía dinero de Martins a cambio de protección para sus locales nocturnos. Locales que le otorgaban ganancias que rondaban entre los 6000 y los 7000 pesos por noche (en los años ‘90). Por ese raro voyeurismo que suelen compartir los espías, el boliche The One tendría instalado un sistema de televisión donde se filmaban los encuentros sexuales de sus habitués. Los videos de esos encuentros tenían un claro destino: extorsionar a los clientes.
Matar al Coronel
A Martins también se lo culpa de asesinar al jefe de estado mayor de seguridad de Benito Juarez, Coronel Wilfredo Flores Saucedo, para encubrir las acciones del cartel de Sinaloa en Cancún, según afirmó el periodista e investigador Renán Castro Madera.
Raúl Martins, aquel del Larroudé campeón. El petiso iba siempre por afuera y la verdad, jugaba muy bien. Los que lo vieron saben que la llevaba atada. Que la escondía bajo la suela. Pero no sabían que en realidad escondía tantas cosas.

