Ciudad

Historia de una casa muy peculiar de la Ciudad

Es uno de los inmuebles más notorios de la Ciudad. Está ubicado en San Telmo y entre sus paredes hay dos siglos de leyendas. El barrio de San Telmo conserva mucho del aspecto de la vieja Buenos Aires colonial.

Por sus calles adoquinadas aún puede adivinarse cómo era la vida de los porteños hace doscientos años, cuando la Gran Aldea comenzaba a transformarse en el centro urbano más importante de nuestro país.

Entre las muchas cosas que nos retrotraen a esa época está el inmueble ubicado en el pasaje San Lorenzo, conocido popularmente como «La Casa Mínima», una construcción de tan sólo 2,5 metros de ancho por 13 de profundidad. O sea, la casa más pequeña de la Ciudad.

Sobre esa vivienda se han dicho muchas cosas, algunas de ellas bastante improbables, pero que le dieron al lugar la justa fama que se merece.

La historia oficial habla de unos terrenos que pertenecían a Justo José de Urquiza, caudillo y terrateniente entrerriano, quien decidió otorgarle el pequeño predio a uno de sus sirvientes, cuando la Asamblea de 1813 abolió la esclavitud. Este esclavo liberto habría construido entonces su humilde casa en ese lote y vivido durante unos cuantos años.

De todos modos este relato, si bien es popular y se repite hasta hoy, tiene algunas fallas evidentes. Sólo por mencionar algunas: el General Urquiza contaba en 1813 con 12 años de edad, y la Asamblea del año XIII sólo dictó la libertad de vientres de las esclavas negras; no fue hasta 1853 que la esclavitud quedó abolida en estas tierras.

El origen de la leyenda quizás pueda deberse a un misterioso personaje, un tal Silvio Bassi, anticuario de la zona, a quien muchos endilgan la responsabilidad de haber creado -o al menos agrandado- la fábula del esclavo de Urquiza. Bassi compró el lugar durante la década del ´60 y desde entonces el mito del esclavo liberto no paró de crecer.

El arquitecto José María Peña, creador del Museo de la Ciudad y uno de los grandes defensores del Casco Histórico porteño, fue quien ha podido develar algunos de los secretos del enclave. 

Según sus propias investigaciones sobre el catastro de la Ciudad, el dueño de los terrenos donde se levanta la construcción era nada más y nada menos que un pariente homónimo, el Dr. José María Peña, quien a lo largo del siglo XIX dividió la propiedad en varios terrenos, uno de los cuales terminó por ser la famosa casa.

Como fuere, la Casa Mínima es un sitio obligado de visita para el turismo y un símbolo de la zona, más allá de historias o leyendas que no siempre están cerca de la verdad.