Sociedad

El 43% de periodistas en Argentina sufrió violencia digital por su trabajo

Casi la mitad de los periodistas argentinos fue blanco de violencia digital por su trabajo en el último año.

Una encuesta nacional de la Defensoría del Pueblo porteña, Anfibia y el LEDA-UNSAM revela que una de cada cuatro víctimas recibió ataques graves, que la mitad de los periodistas evitó investigar o publicar temas por temor y que más de la mitad de quienes fueron agredidos no tuvo ningún respaldo de su medio.

Casi la mitad de los periodistas argentinos fue blanco de violencia digital por su trabajo en el último año. El dato surge de la encuesta nacional “Desafíos del espacio público digital en la Argentina: violencias contra el periodismo y derechos ciudadanos amenazados”, realizada por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires junto a Anfibia y el Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismo de la Universidad Nacional de San Martín (LEDA-UNSAM).

El informe fue presentado por la Defensora del Pueblo porteña, María Rosa Muiños; Silvina Heguy, del equipo de dirección de Anfibia; Ezequiel Ipar, en representación del LEDA-UNSAM, y Pablo Gordon, director general de Investigaciones y Gestión de los Conocimientos de la Defensoría.

El estudio se realizó entre junio y septiembre de 2026 sobre un marco de 10.006 periodistas identificados en 1.158 fuentes de todo el país, y reunió 905 respuestas válidas. Del total, el 43% sufrió violencia digital por su trabajo y más de uno de cada diez la padece de manera reiterada o sistemática.

Ataques cada vez más graves

Los insultos aparecen en casi todos los casos, pero no son lo único. El 24,7% de las víctimas sufrió al menos una agresión grave: amenazas de violencia física (14,9%), amenazas de muerte (9,3%), doxing —la difusión de datos personales—, deepfakes o la publicación de contenido sexual no consentido.

Los más expuestos son quienes trabajan frente a cámara o micrófono: siete de cada diez conductores y movileros sufrieron violencia digital, 28 puntos por encima del promedio. El riesgo de sufrir ataques graves casi se duplica entre quienes hacen periodismo de investigación (16% frente a 9%), quienes conducen o presentan (16% frente a 8%), quienes trabajan con contratos de locación de servicios (16% frente a 9%) y quienes usan X para trabajar (14% frente a 8%).

Las mujeres, más afectadas

Dentro de ese 43%, el impacto en la salud mental fue más alto en las mujeres: representó un 50,8% entre las periodistas, con respecto a un 35,5% entre los periodistas varones. La exposición a los ataques, en cambio, fue similar en ambos casos (43,6% y 42,1%).

La reiteración de los ataques profundiza el impacto. La afectación grave de la salud mental pasa del 11,5% entre quienes sufrieron violencia pocas veces al 40,7% entre quienes la padecen de forma sistemática. En ese grupo, apenas el 7,4% dijo que no lo afectó en nada.

Solos frente a la violencia

La encuesta expone también la falta de respaldo institucional. Más de la mitad de las víctimas (53,2%) no recibió ningún apoyo del medio en el que trabaja, y un tercio ni siquiera sabe si su medio cuenta con protocolos de protección.

Donde no hay protocolos, la soledad es la norma: el 62,3% de los periodistas cuyos medios no tienen ninguno quedó sin apoyo, mientras que entre quienes trabajan en medios que sí los tienen, esa cifra baja al 11,1%. Sin embargo, los protocolos no reducen el riesgo de sufrir ataques graves —10% con protocolos y 12% sin ellos—, porque actúan después de la agresión y no la previenen. La situación es más crítica aún para los periodistas independientes, que representan casi la mitad de la muestra y no cuentan con el respaldo de ninguna estructura.

Menos temas, menos voces

La consecuencia directa es la autocensura. El 50,4% de los encuestados —453 periodistas— evitó publicar o investigar algún tema por temor en el último año: son investigaciones que la sociedad no va a conocer. Entre quienes sufren violencia sistemática, la autocensura llega al 82%, y el retiro de la conversación pública —abandonar redes, dejar de participar o de interactuar con el público— pasa del 17% al 53%.

Entre quienes sufrieron violencia grave, un 33% se retiró del debate público, frente al 21% del resto. El estudio advierte que lo que más silencia es la reiteración de los ataques.