Ciudad

Estudiantes universitarios realizan servicios voluntarios

Son estudiantes solidarios que aprenden ayudando a los otrosJóvenes de 20 años que van a la universidad, pero que además de estudiar realizan servicios voluntarios y ponen sus conocimientos al servicio de los más necesitados.

Por su actitud, ya  recibieron premios internacionales por ayudar “Tengo necesidad de esto porque me llena el alma.Sé que es lo que me gusta y que me quiero morir así”, asegura Sofi, que tiene 22 años y cursa cuarto año de medicina en la Universidad de Buenos Aires.Desde los 17 participa en actividades voluntarias vinculadas a la atención sanitaria, pero es la primera vez que lo hace en un marco institucional como el del Programa Integral de Acción Comunitaria en Barrios Vulnerables, organizado por la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Universidad de Buenos Aires.Se desarrolla desde 2009 en distintos asentamientos del sur de la Ciudad de Buenos Aires: los barrios de Cildañez, Barracas, Soldati y la villa 1-11-14. Participan con distintos proyectos estudiantes y docentes de todas las facultades, con el objetivo de extender el aprendizaje de los alumnos y mejorar la calidad de vida de los vecinos.El programa recibió en 2011 el premio Macjannet, que reconoce “iniciativas excepcionales de compromiso cívico de estudiantes” de todo el mundo.“Disfruto mucho estando con los chicos, estimulándolos con actividades para mejorar el lenguaje y sus relaciones con los otros, que por distintos factores no tienen tan desarrolladas. Muchas veces se ve que les falta estimulación”, dice Belén.También tiene 22 años y está en cuarto año de la carrera de psicopedagogía en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA).Durante 2012 empezó a participar desde una guardería en el Programa Integral en Villas de la ciudad de Buenos Aires que desarrolla la UCA en las villas 21-24 y 1-11-14 desde agosto de 2010.Casi 400 estudiantes ya formaron parte de este proyecto organizado con un objetivo muy similar al de la UBA, abrir un espacio para que los alumnos puedan profundizar su formación aplicando en la práctica lo que estudian, pero ofreciendo un servicio a las comunidades más pobres.“Es un lindo programa porque desde el principio te va diciendo cómo es el trato con la gente. Y es bárbaro porque te das cuenta inmediatamente de que si no te gusta eso te tenés que dedicar a otra cosa. Relacionarse con las personas es una materia aparte. Se puede saber toda la teoría, pero ser un queso en la práctica.Te vas curtiendo”, cuenta Nahuel luego de controlarle la visión a una mujer y tomarle las medidas para los lentes que él mismo va a fabricar, para entregárselos dentro de un mes. Tiene 22 años y se está por recibir de óptico técnico. Concurre tres veces por mes a algunas de las intervenciones en los barrios, como esta en Fátima, Villa Soldati.Dos días de la semana dedica a la elaboración junto a un grupo de compañeros de los más de 60 anteojos que le piden los vecinos cada vez que van.En la misma clínica improvisada, que originalmente era el principal comedor del barrio, hay además estudiantes de medicina revisando a grandes y chicos. Su función es detectar factores de riesgo y las enfermedades básicas de la población más susceptible.Para asistir tienen que haber aprobado examen físico, una materia anual donde aprenden a revisar al paciente.Ahí también atiende Sofi, que además escucha y aconseja a un adolescente que fue más para hablar que para ser atendido. Ya tiene experiencia como voluntaria en salud. “Trabajo en un barrio que hicieron en Moreno trasladando gente de la villa 31. Fuimos con un grupo de amigos y conocidos estudiantes de medicina.Ahora vamos dos fines de semana por mes y dormimos ahí, pero antes nos quedábamos varias semanas”.“Al principio -dice Sofi- era raro entrar al barrio porque nos tiraban piedras, marcándonos el territorio. Pero de a poco empezamos a hablar con la gente que hacía actividades en el centro comunitario y con algunos vecinos. Así nos fuimos haciendo amigos”.Sin llegar al extremo de los piedrazos, de la misma dificultad para ingresar a un territorio del que son ajenos habla Máximo Soto, médico, docente de la facultad, y uno de los organizadores del proyecto de salud.Para tener éxito es fundamental dirigirse primero con los referentes barriales, que a su vez hablan con sus pares de otros barrios, que les cuentan los efectos del programa.“Empezamos con una desilusión, porque al principio eran cuatro, cinco personas los que venían. Pero a la segunda vez ya eran 50, y cuando empezó a llegar óptica, odontología, etcétera, empezó a multiplicarse la gente. Cada vez son más de 60 y si bien hay caras conocidas, siempre hay gente nueva”.Lo que se nota es una gran satisfacción por el aporte que hacen, y por lo que la experiencia les brinda a ellos mismos.Cuenta Belén sobre su experiencia en la guardería “Te volvés con una sonrisa. Crecés como persona.Cuando abro la puerta de la guardería sé que van a venir los 20 o 30 chicos corriendo a saludarme. Me abrazan, se me cuelgan. Me transmiten tanto amor que me voy re contenta. Además puedo ver en la práctica cosas teóricas que aprendí durante la carrera”.“El año pasado milité en una organización política, pero me enteré de que no era lo mío. Política no. No me quiero meter en esos mambos. Menos cháchara y panfletear, y más entregar, hacer”, dice Sofi.El rectorado de la UBA aprobó recientemente una resolución que establece que los alumnos que ingresen a sus carreras a partir de 2013 tendrán como requisito para recibirse hacer al menos un cuatrimestre de trabajo voluntario.La mayoría de los que ya participan de los programas parece apoyar la medida, pero a nadie convence demasiado un voluntariado obligado.“No sé si está tan bueno que sea obligatorio, porque hay gente a la que tal vez no le gusta.Además, creo que es mejor que se difunda por contagio, a través del boca en boca entre los estudiantes”, afirma Agustina, que terminó de cursar la carrera de medicina con especialización en pediatría, y que está haciendo en Fátima parte de las prácticas que necesita para obtener el título.En cambio,Sofi defiende enfáticamente la obligatoriedad, por todo lo que les permitiría conocer a quienes no están dispuestos a ir por su cuenta: “Está muy bien que sea obligatorio, porque si no, estudiás medicina y sos un investigador que está metido en su laboratorio, pero no te importa el resto de la gente.Para quienes no se quieren dedicar a la medicina social puede ser su única oportunidad de descubrir las necesidades que tiene la gente. Y ver las cosas genera ganas de hacer”.