Internacionales

Por George Kerevan. Traducción de Ana Vallorani

El Papa Francisco ilumina el fusible político

¿Quien es el político a mirar en 2014? Respuesta: El Papa Francisco, alias Jorge Mario Bergoglio, director numero 266 de la Iglesia de Roma, con sus 1,2 mil millones de miembros.

¿Quien es el político a mirar en 2014? Respuesta: El Papa Francisco, alias Jorge Mario Bergoglio, director numero 266 de la Iglesia de Roma, con sus 1,2 mil millones de miembros. Los marxistas hablan de una  bonfigura bonapartista: un individuo capaz de dominar los acontecimientos, cuando las fuerzas de clase opuestas que normalmente dan forma a la historia están en equilibrio temporal. Fue introducido inesperadamente en el escenario dejado por el anterior patovica del club: técnico químico y arzobispo de Buenos Aires, el año pasado fue elevado al papado ante el retiro de Joseph Ratzinger (ahora Papa emérito).

Yo soy ateo por lo que siempre me ha fascinado la forma en que Dios interviene en la historia. Bergoglio puede no tener divisiones (salvo unos pocos cientos de la Guardia Suiza), pero tiene influencia. Llega al cargo en un momento en que el capitalismo mundial está pasando por una crisis existencial. Si usted piensa que el mini boom inmobiliario patético de George Osborne significa que los buenos tiempos están de vuelta, olvídelo. El sur de Europa está al borde de la anarquía deflacionaria. China tiene una crisis bancaria a punto de ocurrir. En el oeste, la desigualdad entre los ricos plutócratas y los trabajadores pobres amenaza con socavar el apoyo al capitalismo de libre mercado. Algo tiene que ceder.

Sorprendentemente para estos tiempos extraordinarios hay una grave escasez de revolucionarios que ofrezcan soluciones revolucionarias. La izquierda anticapitalista de Europa es notable por su ausencia. Todo lo que la corriente principal de la socialdemocracia tiene que ofrecer – si el laborista Ed Balls es alguien por quien dejarse llevar – es quitar el subsidio de invierno del combustible a los millonarios. ¡Por Dios!

En este vacío de liderazgo da un paso adelante el Papa Francisco, recién llegado de los barrios pobres de América del Sur, donde el populismo está a la orden del día. Bergoglio predica – y, Dios me libre, practica – la humildad del primer San Francisco, declarando la necesidad de una «Iglesia que es pobre y para los pobres». Ahora, hablando como un ateo, estoy seguro de que Jorge Bergoglio es bastante como los otros hombres. Estoy seguro de que su formación jesuítica lo convirtió en un operador inteligente cuando se trata de usar el simbolismo. Estoy seguro de que hay mucho que decir acerca de su tiempo como sacerdote durante la junta fascista argentina.

Pero aquí está la cuestión: el Papa Francisco ha decidido personalmente – porque eso es lo que los papas pueden hacer – restaurar la agenda política de la Iglesia Católica mediante la intervención en la crisis económica global y sus desigualdades sociales subyacentes. Él ha encendido la mecha y pronto un cohete político va a despegar. Eso no significa que Bergoglio no tenga una agenda espiritual también: es obvio que ve el mundo en términos espirituales. Pero sí quiere decir que se ha invertido la agenda de su antecesor austriaco. Ratzinger denunció «la fe en el progreso» predicada por la Revolución Francesa y el comunismo. Bergoglio, por su parte, ha optado por llevar a la Iglesia a la ofensiva; dentro y fuera del Vaticano. Cuando lo primero que prioriza es una Iglesia «por los pobres» está haciendo una declaración revolucionaria. Lo mejor que Ed Miliband puede hacer es hablar elípticamente sobre «la exprimida clase media».

Un irascible cardenal Dolan de Nueva York, dijo a la televisión estadounidense que el «estilo» izquierdista de Francisco no altera nada de la «sustancia». Eso es un error. Escuchemos al Papa Francisco denunciar al capitalismo contemporáneo: «En este sistema, que tiende a devorar todo lo que se interpone en el camino al incremento de los beneficios, lo que es frágil, como el medio ambiente, está indefenso ante los intereses de un mercado deificado, que se convierte en la única regla. La desigualdad eventualmente engendra la violencia.» El decano del partido derechista América Tea Party, Rush Limbaugh, llamó a este enunciado «marxismo puro». En realidad, está bastante cerca.

Pero ¿significa esto que la teología de liberación se está apoderando del Vaticano? Teología de la Liberación es un término acuñado por el clérigo católico peruano Gustavo Merino de una interpretación radical del cristianismo que surgió en América Latina en la década del ´60, que daba prioridad a la acción social contra la pobreza extrema. El movimiento rechazaba cualquier barrera entre la religión y la política, con algunos sacerdotes jóvenes involucrados en la guerra de guerrillas. El Papa polaco Juan Pablo II, con Ratzinger como su ejecutor, catalogó a la Teología de la Liberación como una herejía.

Bergoglio está registrado como rechazando formalmente a la teología de la liberación, pero las acciones hablan más que las palabras. Uno de sus primeras acciones al convertirse en Papa fue invitar a Gustavo Gutiérrez a Roma para celebrar la misa. Francisco también ha reiniciado el proceso de beatificación de Oscar Romero, el arzobispo radical de El Salvador que fue asesinado a tiros por escuadrones de la muerte en marzo de 1980 mientras celebraba misa.

Hablando en una reunión de obispos recién consagrados en septiembre del año pasado, Bergoglio denuncia la «psicología de los príncipes» (es decir, de adentro del Vaticano). Él ha puesto en marcha un nuevo consejo asesor de cardenales de ocho hombres con dos miembros procedentes de América Latina. Entre ellos está incluido el bien conocido arzobispo de Munich, Reinhard Marx. Como sociólogo, Marx escribió un libro tras la crisis financiera de 2008 titulado (con un guiño) Das Kapital: Llamado al hombre. Marx es ortodoxo en la teología, pero ha denunciado el programa de austeridad liderado por Alemania en la eurozona. Eso le valió la denominación de «Cardenal rojo».

Hay riesgos en la estrategia de Bergoglio. Sus movimientos para descentralizar al gobierno de la iglesia y consultar a los laicos en las actitudes morales podrían alentar (aunque involuntariamente) a las fuerzas centrífugas en el catolicismo, disidentes y teológicas. La eliminación de un cardenal americano conservador de un comité clave del Vaticano, sin importar sus críticas al libre mercado, pusieron a Francisco en desacuerdo con la jerarquía de EE.UU. que aporta al Vaticano con una cantidad desproporcionada de sus ingresos.

Bergoglio puede no tener ningún poder político directo, pero cuanto más hable más va a envalentonar a otros a actuar. Él ya ha programado una visita al West Bank en Mayo: hay que tener cuidado con las fuertes reacciones diplomáticas. Otro de los resultados del nuevo papado «rojo» será alentar a los principales políticos a ser más audaces en la reforma del capitalismo.

Este mes, Francisco anunciará sus primeros nuevos cardenales. Abundan los rumores de que podría nombrar a Mary McAleese, ex presidenta de Irlanda, como la primera mujer cardinal (técnicamente los cardenales no necesitan ser sacerdotes). Suena descabellado, pero es indicativo de las expectativas radicales que el nuevo Papa está creando. Por George Kerevan. Traducción de Ana Vallorani

Fuente: News Net Scotland, Reino Unido.