El jefe de Gobierno porteño evalúa por estos días la posibilidad de separar los comicios legislativos del año que viene, con el objetivo de mejorar las chances del PRO en la ciudad.
El desdoblamiento permitiría al oficialismo conservar su caudal electoral y tal vez aumentar el bloque de legisladores del PRO, que hasta ahora nunca superó los 26 diputados, un número que no les permite alcanzar las mayorías que exige la aprobación de algunas leyes que el Ejecutivo porteño necesita.
Como ejemplo se tiene las arduas negociaciones con los demás bloques que debió realizar el PRO para aprobar el traspaso del subterráneo, en la que debió aceptar algunas concesiones que jamás hubiera consentido si hubiera contado con un bloque de al menos 29 o 30 diputados.
En octubre del año que viene, el PRO pone en juego nueve diputados, por lo que , para llegar al bloque deseado, el que le permita al oficialismo conseguir las leyes que necesita, debería obtener 14 o 15 legisladores. Este sería un objetivo más que difícil de alcanzar.
La actual composición del bloque PRO obliga al oficialismo a encarar intensas y complicadas rondas de negociación que a menudo culminan con parches legales, como fue el caso de la creación de la Policía Metropolitana, cuando debieron camuflar la figura de Jorge “Fino” Palacios, porque la oposición se negaba a aceptar algunas pautas en el accionar de los agentes si el ex federal formaba parte de la fuerza.
Finalmente, recién cuando se aprobó la ley el macrismo pudo mostrar la cara de su nuevo jefe, el mismo que hasta ese momento sus diputados habían negado mucho más de tres veces.
Los conflictos posteriores que atrajo la presencia de Palacios son parte de una historia ya conocida.
Para el Pro no le será fácil en 2013, en parte debido a la magnitud de los rivales que deberá enfrentar, en parte porque, según un alto funcionario macrista, “si no pudimos meter 31 legisladores con Macri encabezando las listas, menos vamos a poder hacerlo el año que viene”.
Quizás éste referente recordaba las primarias de 2011, cuando la “lista corta” que encabezó Federico Pinedo, sin Macri como candidato a presidente, sólo obtuvo el 13 por ciento de los votos, ocupando en el segundo lugar en la compulsa para diputados nacionales por la Ciudad.
Otro problema adicional que se le presenta al macrismo es que los tiempos electorales aprietan. Esto significa que la decisión sobre el desdoblamiento debería estar ya tomada, a lo sumo, hacia fines de febrero. Esto ocurre porque en las cercanías del jefe de Gobierno evalúan que deben mediar tres o cuatro meses entre los comicios distritales y las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
Como la convocatoria debe producirse 90 días antes de los comicios y las primarias se realizarían en agosto, la cuenta resulta en que febrero es el límite para convocarlas.
También pesa sobre la decisión del macrismo las figuras que deberán enfrentar en los comicios locales del año próximo. Pino Solanas, Elisa Carrió -si sobrevive a su compulsión autodestructiva-, Roberto Lavagna y Vilma Ripoll serán algunos de sus rivales más poderosos, a los que podría agregarse algún candidato fuerte del kirchnerismo, hasta ahora no definido.
Entre las posibilidades que barajan los que tallan fuerte en la confección de las opciones electorales del PRO sobrevuela la idea de ofrecerle a Gabriela Michetti que encabece la lista de senadores. Horacio Rodríguez Larreta, que siempre va detrás de la ex vicejefa de Gobierno en las encuestas -pero que maneja la estructura partidaria- debería conformarse con el premio consuelo de ser la cabeza de la lista de diputados nacionales, aunque hizo saber en repetidas ocasiones que su intención era la de ser candidato a Senador nacional.
Más allá de las especulaciones, si el PRO lograra su objetivo de incrementar su caudal legislativo, Macri transitaría sus dos últimos años como jefe de Gobierno con cierta tranquilidad, pero si perdiera en la Capital Federal, su único baluarte real, sería el fin de su carrera política.



