“Lo instalaron al mes del incendio y se entendía, pero que siga estando… Estaría bien en una inundación, en un puesto sanitario, pero no en el corazón de Buenos Aires, más cuando ya hace cinco meses que se atiende ahí”, afirma la médica psiquiatra Elena Florín.
“Pensá que el paciente espera en la sala, que es una carpa de plástico y cuando lo llaman entra a un cubículo irrespirable”, grafica la profesional, que integra la agrupación Tribuna de Salud, una organización que nuclea a médicos autoconvocados en defensa de la salud pública.
Florín relata el periplo y señala que, si el paciente “tiene algo más grave, va a otro pabellón con tres camas y algo que llaman shock room (una sala de reanimación), que de shock room no tiene nada”.
Actualmente en ese espacio sólo hay tres camas para atender la demanda de todo un conglomerado barrial, con cabecera en Flores, que soporta las odiseas del sistema en pos de ser atendido por los profesionales.
“Es completamente falso que funciona igual que antes de prenderse fuego. Por más que lo diga la directora en su página web, el Álvarez está hoy entre un 20 y un 40 por ciento de su capacidad operativa”, asegura la médica. La “tienda de campaña”, está a la vista .
Según Florín “Si entra una persona con un trauma, suponga que está sangrando, se trata de mandarlo a otro hospital”, lo que demuestra que que “con el recurso humano ya no alcanza”.
Como si lo de la precariedad del l container no fuese suficiente, especialidades como hemoterapia, kinesiología y oftalmología no tienen un lugar físico individual.
Las mismas se atienden en un único consultorio por el que van rotando los profesionales. Esta escasez también se evidencia en las camas de cirugías generales disponibles, que se redujeron en un 50 por ciento.
Según el personal, si una persona consigue un turno hoy en el Álvarez, será operado, con suerte, en noviembre.
Para la Dra. Florín, la idea de achicamiento de la salud pública está presente en la política macrista: “Llama la atención que a metros de los hospitales, los consultorios comunitarios surjan por todos lados. El paciente se desalienta de tanta espera y termina cayendo ahí, donde hay un costo, aunque bajo, porque lo que se les paga a los profesionales es ínfimo”.
Florín lleva años de recorrida por los hospitales públicos y si bien reconoce que la gestión Macri no encontró los hospitales en las mejores condiciones, apunta también contra la visión del Pro sobre un tema tan sensible como la salud pública: “Subejecutan siempre el presupuesto y nadie les dice nada, tienen una visión privatista”, afirma.
También reserva un párrafo para los “figurantones”: “opositores que aparecen sólo cuando viene un medio o a visitar el lugar, pero que no hacen nada para solucionar el problema. Si son oposición y no pueden hacer nada, es poco entendible su rol”, dice.
Además del Álvarez, desde la Interhospitalaria denuncian la muerte de un bebé en la Maternidad Sardá por falta de personal, cierre de pabellones en el Muñiz, abandono casi total del Borda y que los profesionales de la salud mental trabajan casi gratis, ya que los rentados nunca alcanzarían a cumplir con la demanda de la Ciudad.
“Los gremios están inactivos; la oposición, inmóvil; los pacientes cada vez se quejan menos porque no tienen más capacidad de asombro”, enumera Florín, por si hicieran falta más explicaciones.



