Ciudad

Demuelen la ex bodega Giol para construir una parte del polo científico en Palermo

Los trabajos de demolición del edificio donde funcionaba la ex bodega la Superiora, al lado de Giol, en el barrio porteño de Palermo, se iniciaron hoy, luego del desalojo ordenado que se realizó ayer de unas 37 familias, para construir en esos terrenos una parte del polo científico, financiado por el gobierno nacional.

 

Las tareas comenzaron pasadas las 9 en el predio ubicado en Godoy Cruz, entre Costa Rica y Soler, y se extenderán durante toda la jornada y el fin de semana, según estimaron los encargados de la obra.

 

En el predio se encontraban trabajando unos 35 operarios, personal de las empresas de servicios de agua y gas, y una máquina para recoger los escombros.

 

Poco después de comenzar las tareas se desplomaron de golpe, por acción de la excavadora, unos 50 metros del muro del frente, que se extiende en total a lo largo de dos cuadras, en un perímetro que se encontraba vallado y con presencia policial.

 

En el terreno, que es propiedad del ONABE, el organismo nacional que administra los bienes del Estado, se llevará a cabo la segunda etapa de la construcción del polo científico a cargo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación.

 

El predio tiene poco más de 50 metros de ancho, ya que detrás están las vías del ferrocarril, y dentro de él se podían ver precarias construcciones donde vivían las personas que desocuparon el lugar ayer.

 

Anoche, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, anunció la demolición del predio, al tiempo que destacó que se trató de «un desalojo ordenado».

 

«Esto fue muy importante, no fue un desalojo compulsivo, se pudo lograr una salida acordada con todos los ocupantes buscando distintas soluciones», dijo la ministra.

 

Detalló que a algunos de los ocupantes del predio, que tenían lotes o un lugar donde construir, les ofrecieron materiales, y a otros se les buscó un lugar donde ubicarlos en forma temporaria.

 

Garré sostuvo que el caso de la ex Bodegas Giol «es un ejemplo, junto al club Albariño y la villa 31 de que hay que resolver estas cosas por medio de los acuerdos y la conversación, y que hay que hacer el máximo de los esfuerzos para que las cosas se hagan menos duras y se busquen soluciones».

 

Una pareja que hasta ayer vivía en forma muy precaria en una de las viviendas del lugar, se había acercado esta mañana para dar de comer a su perra que debieron dejar allí.

 

«En el hotel donde nos mandaron, la pieza es muy chiquita y no podemos llevar a la perra», dijo el hombre de 51, cartonero, tras añadir con voz entrecortada:»¡me duele tanto dejar a Cuqui!», por la perra que después de 11 años el desalojo los separaba.