Alicia Montoya, vecina del barrio e integrante de la asamblea popular que después conformó un centro cultural y fundó una cooperativa de cartoneros, expresó “la historia de los cartoneros de la Cooperativa El Álamo tiene mucho que ver con las plazas de nuestro barrio. En ellas se cobijaban cuando los gobiernos los invisibilizaban; en algunas se desarrollaron las primeras asambleas para organizarse. En las plazas del barrio se reunieron los vecinos que les dieron su apoyo, que les abrieron su corazón y sus casas cuando todo era oscuro y el hambre entraba sin golpear la puerta. Un día la plaza quedó atrás porque la lucha dio frutos y hoy el trabajo se organiza en un centro social y en una pequeña planta de recuperación de materiales reciclables. En el barrio por supuesto, como debe ser. Pero los cartoneros son obstinados, y saben que no hay que abandonar las plazas. Saben que son muchos los que todavía ranchean en ellas cuando las piernas dicen basta de tanto caminar, cuando el sol aprieta o cuando el frío reclama un mate caliente. Saben además, que esta lucha no se ganó solos. Que antes que ellos hubo otros que en este barrio sembraron sed de justicia. Los obreros de la Grafa, por ejemplo, cuyos principales luchadores fueron desaparecidos y asesinados a manos de la última dictadura militar. Y junto a los obreros de Grafa, en estas calles que recorren diariamente con sus carros, hubo otros hombres y mujeres que dejaron su vida soñando un país donde nadie quedara excluido”.Los motivos del nombre Nunca Más “se deben a que la memoria no es solo recuerdo. Es por sobre todas las cosas acción. Y para que nadie se olvide, para que nadie deje de reclamar justicia, junto a unos ‘locos vecinos’ de este barrio, la Asamblea Popular de Villa Pueyrredón y su centro cultural, se propusieron que la placita de la estación tuviera un nombre que increpara a la memoria del pueblo: Nunca más un pibe con hambre, un hombre sin trabajo, una familia sin techo, un niño trabajando, un país con esclavos o excluidos”, añadió Montoya, de profesión maestra primaria de escuela pública y militante social, señaló Montoya.
Los cartoneros de la cooperativa El Álamo y los vecinos que integran un centro cultural estuvieron casi una década para lograr que una plaza dejara de llamarse como el dictador militar Eduardo Lonardi. La plaza es protegida por los vecinos y cartoneros que impulsaron la ley 3.682 que legalizó el nombre que ellos hace años usaban para el espacio verde.



