Ciudad

Por César Justo

¿Macri manipuló la opinión pública?

La interrupción de las medidas de fuerza por parte de los metro delegados; ¿fueron decididas sólo en virtud de un principio de acuerdo en algunos de los reclamos, o pesó la manipulación de la opinión pública?

Finalmente, para alivio de todos, un principio de acuerdo en cuanto a las posturas estancadas de pretensiones de condiciones laborales de trabajadores del subte y el ofrecimiento de la parte patronal, logró que se pospusiera luego de una oportunidad nueva de diálogo, el paro que ininterrumpidamente tuvo al sistema de Subtes y Premetro parado por diez jornadas seguidas.

El acuerdo alcanzado tras la reunión entre los metrodelegados, la Unión Tranviarios Automotor (UTA), la empresa Metrovías y la Subsecretaría de Trabajo de la Ciudad «consta de mejoras en las condiciones de trabajo, modificaciones en el régimen de licencias y un reordenamiento en los niveles salariales», según indica un comunicado difundido por los gremialistas.

Sin embargo, dicho por propios -“nos demonizaron”- y sobrevolando el raro clima que se generó ante la actitud de muchos usuarios en torno a un paro, que si bien ocasionaba molestias concretas a decenas de miles de usuarios, nunca dejó de ser el resultado de un ejercicio del derecho de los trabajadores del subte.

¿Incidió solamente el piso de acuerdo alcanzado y un gesto de solidaridad de los metro delegados, o fue la lectura más fría del equilibrio de fuerzas existentes para continuar con una medida que empezaba a ser antipopular?

Si se sigue por esta vía, sin duda cobra sentido la incidencia del discurso del Jefe de Gobierno porteño, que el fin de semana acusó a la dirigencia sindical de trabajar para el kirchnerismo, cuando en realidad, los sindicalistas -más allá de cuestiones formales- tuvieron el tino de poner distancias al existente conflicto entre la Ciudad y el Gobierno Nacional.

Aca, es interesante rescatar una nota del fin de semana difundida por la agencia Telam, la cual da cuenta de la falacia esgrimida por Mauricio Macri -probable preámbulo de la decisión de los metrodelegados ante un presunto desgaste en la opinión pública de sus acciones- al exponer la verdadera extracción política, alejada del sector del gobierno, de los activistas del paro.

 

 

“Un grupo plural, cercano a los ideales de la izquierda”. 

 

Con tal título, la agencia en la pluma de Javier Pérez, desarrolla una nota de fondo de investigación en donde muestra la composición del grupo líder de las medidas de fuerzas, y su lejanía con las políticas del gobierno nacional, que se reproduce abajo.

“Los dirigentes sindicales del subte, llamados metrodelgados, comenzaron a influir en la vida gremial de las seis líneas de subterraneos hace quince años, y en estos tiempos han expuesto su pensamiento político vinculado a los partidos de izquierda.

A lo largo de vida sindical han protagonizado varios conflictos y se han enfrentado con todas las gestiones del gobierno nacional que administró el Subte hasta ahora, cuando el Congreso Nacional decidió traspasar su conducción a la Ciudad de Buenos Aires.

Por ese motivo sorprendió las declaraciones efectuadas el viernes por Mauricio Macri cuando expresó que los metrodelegados «son un invento del kirchnerismo», ya que esos trabajadores siempre han rechazado otorgarle a su pelea gremial alguna vinculación algún partido político.

De todo modos, es innegable que cualquier lucha gremial es política, si entendemos como política al conjunto de medidas que tienen que llevar adelante para lograr sus objetivos.

Además, si se revisa la historia de los metrodelegados, que nacieron como expresión que rechazaba la política privatizadora de Carlos Menem, se puede hacer varios análisis, pero nunca decir que «son un invento del kirchenerismo», ya que en varias ocasiones se enfrentaron con funcionarios K.

En ese sentido, los metrodelegados fueron criticados por la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando hicieron un paro en rechazo a que deban realizar la carga de la tarjeta SUBE, con el argumento que les provocaba tendinitis.

De hecho, la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro existe como organización sindical desde 2008, pero tuvo sus origenes hace 20 años, cuando el cuerpo de delegados del subte, qye respondía al Movimiento al Socialismo (MAS), resistió a la privatización del servicio, anunciada por el Presidente Carlos Menem en 1990 y que se concretó en 1993.

La relación con la UTA, el «gremio madre» del subte siempre fue tensa. Durante los noventa se ablandó por la resistencia común al menemismo, pero una vez terminado ese período la tensión volvió.

En el proceso de privatización, los delegados protagonizaron una lucha de dos años que terminó con mas de dos mil trabajadores fuera de la empresa y derivó prácticamente en una desarticulación de la organización gremial.

Tras el otorgamiento de la concesión del subte a Metrovías, aquella vieja guardia de dirigentes vinculados al MAS vio que la derrota estaba consumada y ya no había mucho más que hacer.

Sin embargo, habían plantado la semilla de lo que sería una nueva generación de sindicalistas de base que le darían varios dolores de cabeza a más de un gobierno.

Ricardo Dini, ex militante del MAS y delegado en la línea «A» hasta 1993, recuerda que «cuando tuvimos que irnos del subte, después de la privatización, pensábamos que la reorganización de los compañeros iba a llegar algún día, pero que iban a pasar muchos años».

Este dirigente reconoce que se equivocó, porque apenas unos años después de la llegada de Metrovías, un grupo de delegados jóvenes, también vinculados a los partidos de la izquierda trotskista, se hacía cargo del reclamo por la restitución de la jornada de seis horas de trabajo.

Roberto Pianelli, uno de los metrodelegados, tenía veintiocho años cuando entró a trabajar al subte.

Un compañero del MAS le había dado una mano para poder entrar a la empresa, que por aquellos años todavía era estatal.

Pianelli era un dirigente importante de la juventud del MAS y todo el mundo lo conocía como «el gordo Beto», en obvia alusión a sus características físicas.

Cuando el viejo MAS se dividió por las diferencias internas de sus dirigentes, Pianelli probó durante un tiempo con el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), pero al ver que se trataba de una experiencia que no solo pretendía persistir en los errores del viejo MAS, sino que además iba a perfeccionarlos, se fue del MST y se concentró en la reorganización del cuerpo de delegados del subte.

Aunque desde hace algunos años tiene la postura de que los sindicatos tienen que ser autónomos de los partidos y del Estado, «Beto» nunca dejó de tener diálogo con sus compañeros orgánicos de la izquierda, y no solo se llevaba bien con el MST, sino también con las otras corrientes, como el PTS y el Partido Obrero, dado que muchos de sus compañeros de trabajo militaban en estos partidos.

La gran mayoría de los referentes más importantes de los trabajadores del subte pertenecen o pertenecieron hasta no hace mucho a algún partido de la izquierda argentina: Néstor Segovia estuvo en el Partido Obrero, donde todavía milita Carlos Pérez.

Claudio Dellacarbonara es militante del PTS y la boletera Virginia Bouvet, tercera en la línea sucesoria debajo de Pianelli y Segovia, es uno de los mejores cuadros políticos que tienen los metrodelegados: se define como anarquista“.