Había mucha carga simbólica anoche en el Centenario de Chaco, más allá del contexto veraniego en que iba a desarrollarse el superclásico. Es que fue anunciado como un partido «histórico» dada la peculiar situación de River de encontrarse jugando en el Nacional B. Y dentro de la cancha los jugadores demostraron que no era un partido más, lo que fue caldeando el clima con el correr de los minutos, en especial luego de la ventaja xeneize.
Bastará observar los primeros 5 minutos del partido para sacarle una radiografía a los dos equipos. En ese breve lapso se vio lo mejor de River: presión, precisión para tocar y profundidad. Pero las fallas en la definición las pagó carísimo el equipo de Matías Almeyda porque, en la primera ocasión que Boca cruzó la mitad de la cancha, triangularon Somoza, Ledesma y Mouche quien (en offside) desbordó por la derecha y colocó un centro perfecto para el cabezazo de Nicolás Blandi. Lo hizo tan simple Boca que hasta pareció fácil el gol que abrió el marcador. Y allí comenzó otro partido.
En el inconsciente desempeño de roles sociales, Boca se puso en el lugar donde mejor se siente, el de jugar con la desesperación rival (crecieron Ledesma, Roncaglia y Schiavi), mientras que River casi se olvidó de lo que había podido mostrar y el apuro le jugó en contra (Arano y Ramiro Funes Mori tuvieron una noche complicada). Encima Alejandro Domínguez -que había sido golpeado varias veces- se quiso vengar de Ledesma y lo hizo caer ganándose la amarilla, que se transformó en roja tras una aireada protesta.
El partido, a medida que ganaba en clima se caía en ocasiones de gol. Boca esperaba y tocaba con prudencia mientras River era una pila de nervios que no acertaba tres pases seguidos.
En el complemento ingresaron David Trezeguet y César González en los millonarios quienes no lograron enhebrar una sola jugada de peligro en 45 minutos en los que Boca se defendió de manera muy firme. A los 22 llegó la doble amarilla para Roncaglia quien dejó a su equipo también con 10 hombres pero fue tal la diferencia entre ambos equipos en esta etapa que en vez de envalentonar al rival, la expulsión le permitió a Boca definir el partido. Toque desde el medio y cambio de ritmo de Colazo para mandar el centro a los pies de Blandi, quien tampoco perdonó.
Con el 2 a 0 se selló el encuentro, aunque Boca pudo haber estirado más la diferencia, ya con algunos juveniles en cancha. Para River la noche le trajo los peores recuerdos del 2011 cuando era un equipo lleno de impotencia y pagaba carísimo los errores. El domingo habrá revancha en Mendoza.

